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lunes, 18 de septiembre de 2017

Irlanda en el corazón

“Tardamos dos días en realizar el trayecto de dos horas de una costa a otra de Irlanda, pues nos detuvimos prácticamente en todos los bares del camino.” Mi isla. Brendan Behan.

Los bretones, que son tan celtas como los irlandeses, tienen una expresión que viene a decir que “solo llueve sobre los imbéciles”, y no encuentro paraguas mejor que esa frase para emprender un viaje a Irlanda.

De los trece días de nuestra ruta por la isla, nos llovió en once, pero equipados por el dicho celta, y un buen impermeable, no dejamos que eso menguara en lo más mínimo la maravillosa impresión que la isla grabó en nuestros corazones.


Durante esos lluviosos días del mes de septiembre recorrimos cerca de 3000 kilómetros en coche, caminamos 160, y atravesamos centenares de rotondas. De los 32 condados que tiene la isla visitamos 17, justo los 17 condados costeros, disfrutamos de la cerveza, y no solo de la negra, nos sorprendimos de las mil y una maneras que tienen los irlandeses de cocinar la patata y, a veces, de servirlas todas juntas en el mismo plato, nos extasiamos ante paisajes más que increíbles y, sobre todo, agradecimos el calor, el cariño y la hospitalidad de la gente de Irlanda.


Lo que viene a continuación es el relato de nuestros días en la vieja Erín, una experiencia que esperamos sirva a todo aquel que tenga intención de emprender similar viaje.

Y para empezar el recorrido nada mejor que hacerlo con la maravillosa voz de la tristemente fallecida Dolores O’Riordan en el tema Dreams, del álbum Else is Doing it, So Why Can’t We que sirvió de debut de The Cranberries justo ahora hace 25 años. Las imágenes pertenecen a una versión especial del anuncio que Turismo de Irlanda realizó en 1996. Dirigido por Sharon Maguire, que más tarde se haría famosa por el Diario de Bridget Jones, es un excelente aperitivo de lo que nos vamos a encontrar en nuestro viaje por la isla.


domingo, 17 de septiembre de 2017

Belfast, donde las paredes gritan

“La vida en Belfast se organizaba entre la luz y la oscuridad, la visibilidad y la invisibilidad, el silencio y el ruido, la información y el secretismo, lo privado mezclándose con lo público en un círculo que acababa por agotarte.” El gran salto. Jonathan Lee.

Llegamos puntualmente al aeropuerto de Dublín cuando pasan unos minutos de las doce del mediodía. Los trámites del coche de alquiler no nos llevan demasiado tiempo y, al poco, estamos ya en la M1 camino de Belfast.

Hemos decido hacer la vuelta a la isla en sentido anti-horario, y vamos a empezar por la capital de Irlanda del Norte, por Belfast. Desde Dublín apenas nos separan dos horas de nuestro destino. Por la autopista la frontera es imperceptible, te das cuenta de que la has cruzado cuando las millas sustituyen a los kilómetros en la señales e indicadores, pero apenas nada más.

Nos alojamos en The Gregory, un coqueto Bed & Brekfast, que se aproxima bastante a lo que ha de ser un humilde hotel-boutique con encanto. Está situado en Belfast South, en una zona tranquila del animoso Queen's Quarter, un barrio mixto de clase media, media alta.

Como tendremos ocasión de verificar en más de una ocasión, a partir de una temprana hora de la tarde, los barrios de las ciudades irlandesas parecen trasladar toda la vida y animación hacia el centro de la ciudad permaneciendo en un exasperante letargo. Así que si queremos palpar algo de vida debemos ponernos en marcha rápidamente.

Queremos hacer un recorrido que nos lleve a visitar los murales del West Belfast, tanto de la zona católica como de la protestante y acercarnos después al centro de la ciudad.

Apenas a 20 metros del The Gregory se encuentra Melrose St donde tomamos el autobús 9a que nos lleva a Wellington Place, distante apenas quince minutos caminando de Falls Road, la calle principal de la zona católica del West Belfast.
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Entramos por Divis St y en pocos minutos llegamos a la zona conocida como International Wall, en la esquina de Northumberland St. Allí empieza una serie de grandes murales dedicados a los momentos claves de la historia de Irlanda, como el levantamiento de Pascua o la huelga de hambre del 81. En la zona de Northumberland St. los murales toman una temática internacional, dedicados a Cuba, Palestina, Timor oriental o los voluntarios irlandeses en las Brigadas Internacionales.

La tradición de los murales en Irlanda del Norte tiene su origen en las pancartas que los miembros de la Orden de Orange lucían en el Twelfth, las marchas que, en conmemoración de la batalla del Boyne, desde 1795 vienen realizando cada 12 de julio.


Los artesanos competían por tener las pancartas más llamativas recreando escenas bíblicas, recordatorios del poder imperial británico y, sobre todo, homenajes al rey Billy, como popularmente es conocido Guillermo de Orange, el vencedor de la batalla del Boyne.

A principios del siglo XX decidieron transferir esos motivos a las paredes laterales de las casas donde podían lucir todo el año y no un solo día. El rey Billy continuó siendo el motivo principal, pero se añadieron otros como la batalla del Somme o el Titanic. Cada área protestante competía por tener los murales más artísticos y algunos fueron repintados cada julio durante más de 50 años.

Desde la división de la isla, Irlanda del Norte fue administrada con un régimen de partido único unionista en el que el espacio público, salvaguardado por una policía partidista, se consideraba propiedad de la comunidad protestante y por ese motivo, los republicanos no podían expresarse políticamente en las paredes.
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Todo cambió a partir de las huelgas de hambre de 1981, cuando jóvenes republicanos salieron a las calles para demostrar su apoyo, también en las paredes, a los militantes del IRA. A partir de aquí las zonas republicanas de Irlanda del Norte se han ido poblando de murales de los más variados temas. Así, en 1997, el 150 aniversario del peor año de la Hambruna, una docena de murales ocuparon las paredes de Falls Road. La historia irlandesa ha sido siempre tema recurrente, ya sea la rebelión de 1798 o el levantamiento de Pascua, por supuesto las paredes han sido también lugar de homenaje a los militantes del IRA muertos y, cómo no, también han servido de reclamo electoral del Sinn Féin.

Precisamente, seguimos caminando por Falls Road para llegarnos hasta la sede del Sinn Féin, sita en la esquina con Sevastopol St donde un gran mural homenajea a Bobby Sands, el símbolo e icono de la huelga de hambre que, en el verano de 1981, llevó a la muerte a diez militantes del IRA. El mural es obra de Danny Devenny antiguo militante del IRA que fue compañero de celda de Bobby Sands. Y, a pesar de que aprendió a dibujar en la cárcel, hoy es uno de los muralistas más reconocidos.

Falls Road es una calle larga, cerca de tres quilómetros y medio, por eso no la podemos recorrer entera, tenemos poco tiempo y queremos ver otras cosas. Damos media vuelta para volver a Northumberland St por donde nos dirigiremos a Shankill Rd, la zona protestante.

Pero si tú tienes tiempo y eres barcelonista, no dejes de acercarte a la esquina de Whiterock Rd donde un mural homenajea a Patrick O'Connell, el futbolista que más ha hecho por el F.C, Barcelona en toda su historia, más que Messi y más que Cruyff, pues probablemente salvó al club de su desaparición.

El mural lo presenta vestido con los colores del Belfast Celtic, junto a Leo Messi, y también en su faceta de manager del FC Barcelona, a donde llegó en la temporada 1934-35 después de haber hecho campeón de liga al Betis. En Sevilla fue bautizado como Don Patricio y así se le conoció en el futbol español. O'Connell fue quien dirigió al Barça en la gira americana que el club realizó durante la guerra civil y que permitió recaudar el dinero que aseguró la subsistencia del club durante la posguerra. Sin esa gira, en la que O'Connell, después del fusilamiento por las tropas franquistas del presidente del club Josep Suñol, asumió de hecho la dirección del club, el FC Barcelona probablemente hubiera desaparecido.

Nosotros, en el camino de regreso a Northumberland St, tenemos ocasión de contemplar el edificio de la antigua Biblioteca Carnegie, vecina a la sede del Sinn Féin y tal vez el único edificio singular de la zona, pasamos también por el Garden of Remembrance, un monumento republicano que recuerda a los miembros del IRA, ex miembros, militantes del Sinn Fein y civiles del área de Falls muertos en lo que eufemísticamente denominan los irlandés los "Troubles", o problemas, que es así como conocen al conflicto que empezó en 1969 y que durante 30 años se cobró la vida de más de 3.500 personas.

Paseando por unas calles limpias y unas viviendas humildes, pero dignas y cuidadas, se hace difícil imaginar cómo era la vida aquí, uno de los escenarios principales del conflicto, durante los peores años del mismo. En este video, fechado en septiembre de 1969, podemos hacernos una idea aproximada, pues recoge imágenes de la vida cotidiana en las dos calles principales de la zona, la católica Falls Road y la protestante Shankill Road además de las adyacentes Crocus y Bombay Street.



Accedemos a Shankill Road cruzando una de las puertas abiertas de la “línea de paz” que es como se conocen los muros levantados por el ejército británico para separar los barrios católicos y protestantes y minimizar así la violencia sectaria. Cuando se van a cumplir 20 años del Acuerdo de Viernes Santo que puso fin a la violencia, todavía hay más de 30 líneas de paz de este tipo recorriendo las zonas conflictivas del North y West Belfast y pocas previsiones de que dejen de existir.
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Nada más cruzar el muro, uno se da cuenta de que entra en una realidad distinta. A la izquierda, la iglesia pentecostal New Life City Church te da la bienvenida frente a un conjunto de murales en honor y recuerdo de diferentes unidades de las fuerzas armadas británicas, unos metros más allá, el cartel de “en venta” en la cerrada parroquia de St Luke's, perteneciente a la iglesia de Irlanda, es un simbólico preámbulo de la visible decadencia de la zona.

Mientras que la visión de la zona católica sugiere una comunidad unida, tranquila y con esperanza en el futuro, la zona protestante evidencia el cambio social y de mentalidad que han traído los acuerdos de paz. Murales militaristas, agresivos y amenazadores, solares donde se amontona la basura y sensación de abandono.

Mientras que los católicos eran víctimas de la discriminación, tanto en el acceso a la vivienda como al empleo y veían limitado su derecho a voto, los protestantes se sabían dueños de buenos empleos que se heredaban de padres a hijos y con vivienda garantizada. Los católicos se vieron impelidos a espabilarse fiándolo todo a la propia iniciativa y la educación. Con los acuerdos de paz, los protestantes han visto finalizar sus privilegios y se sienten amenazados por los católicos, una comunidad más pujante. Además hay que añadir la profunda división y falta de líderes de la comunidad unionista, lo que contribuye a su desmoralización.
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En Shankill Road, y sobre todo en la zona adyacente de Shankill Parade donde se concentran la mayoría de murales, se suceden los homenajes a militantes de las organizaciones lealistas, todos con sus uniformes paramilitares y profusión de armas. Las organizaciones lealistas han evolucionado hacia la delincuencia y se encuentran enfrentadas entre sí y estos murales sirven para marcar territorio. Y mientras en el lado republicano se presenta a Bobby Sands como un poeta y escritor, benévolamente sonriente, los militantes que se honran en la zona unionista son Stephen 'Top Gun' McKeag, uno de los asesinos más notorios de la UDA, responsable de al menos 12 asesinatos antes de morir por una sobredosis de drogas en el año 2000, y William Bucky M Cullough, otro notorio terrorista de la UDA.
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Dejamos la zona protestante por Peters Hill y nos encaminamos al centro de Belfast. Bajando por Royal Ave y Donegall Pl se nos aparece otro mundo, calles animadas y pobladas de gente, comercios llenos, es la otra cara de Belfast. Llegamos al City Hall, el imponente edificio del Ayuntamiento de Belfast abierto en 1906, ocho años después de que la reina Victoria otorgara a Belfast la categoría de ciudad. Los jardines que rodean el Ayuntamiento albergan una gran cantidad de monumentos conmemorativos entre los que destaca el Titanic Memorial con sus cinco placas de bronce en las que están inscritas las 1.512 víctimas del naufragio. Como curiosidad hay dos personas que tienen un asterisco en su nombre grabado, se supone que viajaban con nombre falso y aún hoy se desconoce su nombre real.
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Desde el City Hall nos acercamos al río Lagan para ver el Big Fish, la escultura de John Kindness que representa al Salmón del Conocimiento, una criatura de la mitología irlandesa, y que a pesar de su juventud, fue inaugurada en 1.999, se ha convertido ya en un símbolo de Belfast. Hay que fijarse en los azulejos que revisten la figura pues cada uno de ellos recrea una historia de la ciudad. Antes de llegar al Big Fish nos topamos con la torre Albert Memorial Clock, la torre de Pisa particular de los habitantes de Belfast. Sus cimientos de madera sobre un terreno pantanoso le han dado una inclinación perceptible a la vista, de unos 30 cm.

Desde aquí es fácil llegarse al Titanic Belfast, una de las más renombradas atracciones de la ciudad, pero es tarde y preferimos seguir tomando el pulso a la ciudad y nos encaminamos en dirección contraria, hacia The Crown. Posiblemente el pub más bonito de Irlanda, definido como una joya de la extravagancia victoriana, llama poderosamente la atención. Construido en 1826 por un católico y republicano convencido, Patrick Flanagan, la leyenda cuenta que le cedió a su mujer, protestante y unionista, el derecho a escoger el nombre y ésta eligió The Crown, en homenaje a la monarquía británica. Flanagan se vengó colocando el mosaico de la corona en el suelo de la entrada, haciendo así que todos los clientes la tengan que pisar al entrar.

Junto a The Crown se encuentra el precioso edificio victoriano de la Gran Opera House, que no podemos disfrutar con detalle por encontrarse en restauración, y también el hotel Europa, probablemente el hotel que más atentados terroristas ha sufrido en toda la historia.

Es hora de cenar y nos acercamos a Dublin Rd para disfrutar de una deliciosa cena hindú en el Archana, buena comida y precio ajustado. Al salir tenemos delante la parada del autobús 9a que nos conduce de nuevo a The Gregory, que ya es hora de descansar en nuestro primer día en Irlanda.

Dice Javier Reverte en su imprescindible Canta Irlanda que “Cantar y beber en Irlanda son actos de carácter místico”, por eso no encontramos mejor manera de despedirnos de Belfast que al son de Belfast Child de Simple Minds.


sábado, 16 de septiembre de 2017

De Belfast a Derry por la Causeway Coastal Route

"El Ulster. Era una recompensa de Dios." Rebeldes de Irlanda. Edward Rutherfurd.

Después de dar cuenta del primer Full Irish breakfast de los muchos que vendrán en los próximos días, nos dirigimos hacia la Causeway Coastal Route, la carretera que, por la costa, une Belfast y Derry, y que según National Geographic es una de las mejores rutas para disfrutar en coche. Hoy, y a pesar de que el tiempo no acompaña, nos hemos propuesto comprobarlo.
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La Causeway Coastal Route coincide en su mayor parte con la A2, carretera que tomamos al poco de salir de Belfast. En medio de una lluvia intermitente nos acercamos a Carrickfergus, la primera parada de nuestra ruta. Distante tan solo doce kilómetros de Belfast, Carrickfergus es conocida por su famoso castillo normando, el más antiguo de Irlanda y una de las estructuras medievales mejor conservadas del país. Aunque se puede visitar, cuesta tres libras la entrada, nosotros optamos por pasear por el exterior y disfrutar de su imponente enclavamiento.

Volviendo la mirada al pueblo cuesta imaginarlo como uno de los escenarios más importantes de la Loyalist feud, los conflictos armados ligados a la delincuencia y el tráfico de drogas que, especialmente desde la firma de los acuerdos de Viernes Santo, y protagonizados por los paramilitares protestantes, asuelan a la comunidad unionista en diferentes lugares de Irlanda del Norte.

Nosotros volvemos al coche y retomamos la carretera en dirección a Glenarm, pasando primero por Larne, lo que muchos consideran el inicio de la Causeway Coastal Route. Glenarm está a 41 kilómetros de Carrickfergus por una carretera preciosa que bordea continuamente la costa.

Estamos ya en los Glens, una zona del condado de Antrim especialmente bella y muy conocida por los cientos de hadas que pueblan sus bosques y que han dado lugar a hermosas historias como la de Johnnie y el Funeral de Hadas. Para conocer todo lo relacionado con las hadas hay que visitar la indispensable página de The Fairy Investigation Society.

Seguimos por la carretera y se van sucediendo los paisajes hermosos y los pueblos pintorescos. Cushendall, con su curiosa Torre del Toque de Queda, construida en 1809 como una prisión, y la colina de las hadas de Tiveragh; Cushendun y sus hermosas casitas. Desde Cushendun tomamos la Torr Road para dirigirnos a Torr Head en el que es uno de los tramos más espectaculares de la carretera.
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La intención es acercarnos hasta la cima del promontorio que está más allá de las ruinas de la antigua casa de aduanas y llegarnos hasta la torre que vigila el Sruth na Maoile (Estrecho de Moyle) pero el tiempo ha empeorado notablemente y pensamos que no vale la pena mojarse pues desde lo alto de la carretera justo antes del desvío hacia Torr Head podemos gozar de unas vistas similares. A pesar del mal tiempo son visibles las costas de Escocia, que distan tan solo 24 kilómetros desde donde estamos.

Seguimos por la Torr Road hacia Ballycastle que tiene una magnífica vista de la isla de Raithlin, donde, en 1898, George Kemp, un técnico del equipo de Marconi realizó la primera trasmisión de telégrafo sin hilos, precisamente entre Raithlin y Ballycastle.

El siguiente punto de la ruta es el Carrick-a-Rede, el famoso puente colgante de pescadores que se ha convertido en toda una atracción turística. Como mi vértigo no me va a permitir disfrutar lo más mínimo decidimos seguir hacia Ballintoy, un pequeño pueblo pesquero que nos adentra ya en el universo de Game of Thrones.

Todo el condado de Antrim es escenario natural de la serie, de hecho a lo largo de la mañana ya hemos tenido ocasión de pasar por algún que otro lugar de rodaje como Larrybane, junto al Carrick-a-Rede y que sirvió como campamento de Renly Baratheon; Murlough Bay, junto a Torr Head y donde Theon Greyjoy monta en el caballo con su hermana Yara; Cushendun, en cuyas cuevas Melisandre dió a luz al bebé sombra y Ballintoy, donde nos encontramos ahora y que presta su imagen a las Islas de Hierro cuando Theon Greyjoy regresa y cuando se encuentra por primera vez con su hermana Yara.
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Desde Ballintoy nos desviamos a la izquierda camino de una de las imágenes icónicas de Irlanda del Norte, The Dark Hedges. Distante apenas ocho kilómetros de Ballintoy, esta inquietante avenida de hayas se ha convertido en un lugar de peregrinación y no solo de los amantes de Game of Thrones que lo identificamos como el Camino del Rey, por donde nuestro personaje preferido, Ayra Stark, escapa del Desembarco del Rey disfrazada como un muchacho.

Por fortuna, hace rato que ha parado de llover, así que dejamos el coche al inicio del paseo y lo recorremos a pie confirmando lo que suponíamos, ninguna foto hace justicia a la inquietante belleza del lugar. Nosotros visitamos Dark Hedges de día, pero si vais al atardecer tened mucho cuidado con la espectral habitante del hayedo, una Dama Gris que aparece entre los árboles, recorriendo silenciosamente el camino y desapareciendo al pasar la última haya.

De regreso al coche nos encaminamos a otro de los puntos culminantes de la ruta de hoy, la Calzada del Gigante, aunque antes tenemos tiempo de parar para admirar la bahía de White Park, con las vacas paseando por la arena de la playa y, un poco más adelante, las ruinas del castillo de Dusenverick.
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Nada te prepara para lo que viene a continuación, podrás haber visto centenares de fotografías, pero la realidad de la Calzada del Gigante supera cualquier expectativa. Dejamos el coche en el parking y entramos a través de un centro de visitantes perfectamente integrado en la morfología del paisaje. Para ahorrarnos unas libras hemos sacado las entradas por internet, así que solo tenemos que canjearlas y recoger la audio guía que nos acompañará durante la visita.

Desde lo alto de la colina, donde está situado el centro de visitantes, la vista resulta espectacular. De los cuatro senderos que es posible recorrer en la calzada, el azul, el amarillo, el verde, y el rojo, hemos decidido combinar los dos primeros para ver lo más posible en el poco tiempo que tenemos y sin cansarnos en exceso.

Desde el Centro de visitantes bajamos por el tramo asfaltado que recorre el minibús que salva la pendiente y facilita el acceso a todos, vamos viendo las espectaculares e hipnóticas vistas de las aguas del Atlántico golpeando la costa, mientras que a nuestra derecha nos escolta la imponente pared del acantilado.

Desde el primer mirador tenemos una buena vista de Humphrey el camello, la formación rocosa que simula un camello durmiendo y ya abajo nos entretenemos un buen rato paseando sobre las características rocas hexagonales. Cruzamos por la brecha entre las piedras que se abre más allá de la parada del minibús y seguimos por un sendero de tierra que nos lleva hasta Shepherd's Steps donde tomamos el camino amarillo para, bordeando el acantilado, disfrutar de las vistas del conjunto de la calzada y en particular de la chimeneas. Poco antes de llegar a Hamilton's Seat daremos la vuelta para regresar por el mismo camino.
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Es obvio que la formación de la calzada se debe a un fenómeno geológico, el enfriamiento rápido de columnas de lava en una caldera volcánica ocurrido hace sesenta millones de años, pero ciertamente es mucho más bonito atribuirlo a Fionn mac Cumhaill, el mítico guerrero gigante celta que la construyó para facilitar el paso hacia Escocia y poder enfrentarse a Bennandoner, otro mítico guerrero gigante celta que vivía frente a él. Es conocida la leyenda que narra el engaño de Oonagh, la mujer de Fionn que disfrazó de bebe a éste, demasiado cansado como para combatir después del descomunal esfuerzo empleado para construir la calzada, para así asustar y hacer huir a Bennandoner quien razonando que si el tamaño del bebé ya era descomunal, el del padre sería increíble, motivo por el cual huyó, preso del miedo, a Escocia .

No es esta la única historia curiosa relacionada con el gigante y su calzada. En mayo de 1876, John Dyer, un estafador americano, encargó a Guiseppe Sala, un escultor de obras monumentales, la figura de un yacente gigante de piedra. Sala realizó una figura de cerca de cuatro metros de alto que Dyer escondió en una granja cerca de la Calzada del Gigante después de haberlo metido en un ataúd creado al efecto. Después de anunciar que tenía información acerca de la ubicación de la tumba de Fionn y de organizar alguna expedición fallida como maniobra de despiste, anunció finalmente que había encontrado los restos del gigante. Se creó tanta expectación acerca del hallazgo que Dyer hizo una pequeña fortuna exhibiéndolo por toda Irlanda e Inglaterra y cobrando seis peniques por ello. Un desacuerdo con un socio dio con el gigante en la consigna de equipajes de Broad Street, en Londres, donde permaneció hasta 1935. Finalmente, el falso gigante Fionn sirvió para rellenar el cráter de una bomba durante la segunda guerra mundial.

Hemos dedicado a la calzada poco más de dos horas y aún queda un buen trecho de camino, más si queremos aprovechar el tiempo en Derry, así que nos ponemos en marcha camino de Bushmills, famoso en toda Irlanda por su destilería de whisky, la Old Bushmills considerada la más antigua del mundo. La destilería se puede visitar, previo pago, y el pueblo bien merece una visita, pero vamos mal de tiempo y decidimos pasar de largo.
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Después de Bushmills, la carretera regresa a la costa y aprovechamos para parar frente al castillo de Dunluce. La vista es impresionante, en la cima de un acantilado parece dominar el mar. En el acantilado sobre el que está construido el castillo se encuentra la cueva de la sirena que, a a lo largo de los siglos, ha alimentado multitud de leyendas locales. Aunque bàsicamente en ruinas, el castillo se puede visitar. Nosotros seguimos ruta acercándonos a Portstewart y Coleraine, famosa por el crimen que dio origen a la serie de televisión The Secret.

Nuestro destino es Downhill donde vamos a visitar el Templo de Mussenden y la fantasmal Dowhill Desmene. Dejamos el coche en el parking, que es gratuito, y por un sendero nos acercamos a la fantasmal estructura de la casa. Está en medio de una altiplanicie enorme como un extraño esqueleto. Estamos prácticamente solos, en la lejanía se vislumbran algunas personas más que están recorriendo la finca.
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En su tiempo, la casa tuvo que ser imponente. Construida entre 1775-1785, fue un encargo de Frederick Augustus Hervey, obispo de Derry y el cuarto conde de Bristol. A su muerte, la casa pasó a la familia Bruce hasta que un incendio destruyó el edificio en 1851. Reconstruido más tarde, alojó a hombres y mujeres de la RAF durante la segunda guerra mundial. Tras ello la casa cayó en desuso hasta alcanzar su actual estado ruinoso.

Caminando más allá de la casa se llega hasta la línea de la costa y el Templo de Mussenden. Se cuenta que el obispo Hervey, que era un apasionado de los viajes y compulsivo coleccionista de arte, tras un viaje a Roma se empecinó en comprar el Templo de las Vestales para desmantelarlo y reconstruirlo en Downhill. Ante la negativa del Vaticano, propietario del templo, ordenó construir su propio Templo de las Vestales, el que conocemos como Templo de Mussenden. Su solitaria figura da a esta zona de la costa una panorámica muy especial. Desde el templo se tiene una magnífica vista de la playa de Downhill, 11 kilómetros de una fina arena que hace las delicias de los amantes del surf y de Juego de Tronos, no en vano aquí se rodaron las escenas de Melisandre prendiendo fuego a los antiguos dioses mientras Stannis saca la espada flamígera.

Ahora ya definitivamente emprendemos marcha hacia la que es nuestra meta, Derry, de la que todavía nos separa una hora de camino. Lo hacemos bajo una lluvia torrencial, con la voz de Zolene, la cantante de Larne y su tema The Antrim Coast Road, que precisamente rinde homenaje al trayecto que hemos hecho hoy.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Derry, la ciudad compendio de la historia trágica del Ulster

“Un miércoles temprano por la mañana tomé el camino a Derry / A lo largo de Glenshane y Foreglen y los fríos bosques de Hillhead: / Un viento húmedo en los setos y una nube oscura en la montaña / Y banderas como escarcha negra de luto que los trece hombres habían muerto. / El Roe lloró en Dungiven y el Foyle clamó al cielo, / La vieja herida de Burntollet se abrió y nuevamente el Bogside sangró; / En Shipquay Gate temblé y por Lone Moor pregunté /Donde podría encontrar los ataúdes donde los trece hombres yacían muertos.” El camino a Derry. Seamus Heaney.

Por fin llegamos a Derry, no nos cuesta demasiado encontrar nuestro alojamiento, el Rose Park House, un agradable Bed & Brekfast en la zona de Rosemount, en el distrito de Creggan, una zona 100% católica.

Mary, la hija de Thomas, el propietario, nos acomoda y nos da instrucciones precisas para acercarnos al Bogside, el primer lugar que nos interesa de Derry, así que, al poco de llegar, nos ponemos en camino.

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Derry compendia todos los males que tan duramente han maltratado esta hermosa tierra: la segregación, la violencia, la represión… al contrario de Belfast y la zona nororiental del Ulster, donde los católicos son minoría, en Derry y la zona noroccidental, son mayoría, por eso, la divisa fundacional del unionismo, “un estado protestante para el pueblo protestante”, se ha impuesto durante muchos años en esta zona con especial violencia y cinismo.


En 1945 el Reino Unido estableció el sufragio universal, una persona un voto, derogando así los privilegios que hasta entonces tenían los gobiernos locales para establecer límites al voto. Esto fue así para Escocia, Inglaterra y Gales, pero no para Irlanda de Norte, que continuó pudiendo usar esos privilegios y que, en 1946, estableció su propia legislación para restringir todavía más el derecho a voto de la comunidad católica.


En Irlanda del Norte únicamente podían votar los que pagaban impuestos y sus esposas, y los directores de sociedades de responsabilidad limitada podían disponer de hasta seis votos. Como la manera más fácil de pagar impuestos era acceder a la propiedad de una vivienda, a los católicos se les negaba esa posibilidad como manera de negarles también el voto.


Pero con esos métodos todavía no era suficiente para mantener el poder protestante y por eso se llevaron a cabo políticas de gerrymandering para, mediante la remodelación arbitraria de los distritos electorales, concentrar todo el voto católico en unos pocos distritos, mientras que el voto protestante se dividía en numerosos distritos de mucha menor población. Así, en el Derry de la década de los sesenta, mientras los católicos necesitaban 20.000 votos para elegir ocho concejales en el Ayuntamiento, los protestantes, con 10.000 votos, disponían de doce.

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Como la situación de segregación política de la población católica del Ulster era muy similar a la de la población negra del sur de los Estados Unidos en la misma época, a imagen y semejanza del movimiento por los derechos civiles americano, se creó la NICRA (Northern Ireland Civil Rights Association) que organizó marchas pacíficas de protesta por toda Irlanda del Norte, duramente reprimidas por la RUC (Royal Ulster Constabulary), la policía del Ulster y por la Policía Especial del Ulster (Ulster Special Constabulary), una sanguinaria fuerza paramilitar conocida como los B-Specials


Las demandas de la NICRA eran muy simples: una persona un voto, fin del gerrymandering, fin de la discriminación en el acceso a la vivienda, disolución de los B-Specials y retirada de la Ley de Orden Público que pretendía declarar ilegales las manifestaciones en defensa de los derechos civiles. 


La represión sobre las marchas pacíficas por los derechos civiles fue salvaje, especialmente dura fue la que padeció la que, organizada por un grupo de estudiantes de la Universidad Queen’s de Belfast, partió el 1 de enero de 1969 en dirección a Derry. Formada por unos cien alumnos, la marcha, que ya había sido atacada por grupos de unionistas provistos de palos y piedras en diferentes lugares del camino, fue emboscada en el puente de Burntollet, a unos ocho kilómetros de Derry, por unas doscientas personas armadas con palos y porras. Muchos de ellos fueron después identificados por la prensa como miembros de los B-Specials. Después de evacuar al casi centenar de heridos, la marcha, que para aquel entonces ya contaba con unos tres mil componentes, prosiguió hasta Derry donde la policía los rechazó hasta el Bogside. 

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La mañana siguiente, el 5 de enero, los habitantes del Bogside construyeron barricadas informando a la policía que no permitirían su entrada en el barrio. Nacía así el Free Derry. Ese mismo día, John "Caker" Casey, un activista del barrio, realizaba la pintada que se ha hecho mundialmente famosa: "You are now entering Free Derry". El Free Derry, como una zona libre y auto organizada, se mantuvo más o menos hasta 1972.


Nosotros nos encontramos ya delante de la pintada, en el Free Derry Corner, nos ha llevado poco más de 10 minutos desde Rose Park House, todo está tranquilo, ordenado y limpio y cuesta pensar que nos encontramos en la zona 0 del conflicto de Irlanda del Norte, lo que los irlandeses eufemísticamente denominan los "Troubles", problemas o disturbios.


Justo donde nos encontramos tuvo lugar, en agosto de 1969, la Batalla del Bogside, los tres días de duros enfrentamientos entre los vecinos del Bogside y la policía del Ulster que, incapaces estos últimos de hacer frente a los hechos, provocó el despliegue del ejército británico para restaurar el orden por primera vez en Irlanda del Norte.

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Este fue también el escenario del conocido como Domingo sangriento, el Bloody Sunday, cuando el domingo, 30 de enero de 1972, una marcha de quince mil personas organizada por la NICRA contra los “internamientos”, el encarcelamiento sin juicio, por parte del Ejército Británico contra cualquier ciudadano que consideraran sospechoso de pertenecer al IRA, fue tiroteada con fuego real por soldados del Primer Batallón de Paracaidistas matando a 13 personas, la mayoría jóvenes y adolescentes, e hiriendo de muerte a otro ciudadano que moriría meses después. A pesar de que la marcha era pacífica y todos iban desarmados intentaron hacer pasar a las víctimas como terroristas colocándoles, en algún caso, bombas caseras en los cuerpos.


Nos encontramos ante el monumento que conmemora el suceso y que está a pocos metros del Free Derry Corner. Está lleno de flores frescas y conmueve ver la edad de los muertos, seis con tan solo 17 años, uno de 19, uno de 20 y otro de 22.

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Junto al Free Derry Corner se encuentra un curioso monumento a los huelguistas de hambre de 1981, decimos curioso porque tiene forma de H en alusión a los bloques H de la prisión de Long Kesh donde tuvo lugar la huelga. También hay un monumento a los voluntarios de la brigada Derry del IRA.


Desde el Free Derry Corner caminamos por Rossville St. para ver algunos de los 12 murales que forman la People Gallery, obra de The Bogside Artists. A pesar de que toda la zona ha sido objeto de una profunda remodelación y nada tiene ya que ver con el Bogside de los años sesenta, los murales que recrean la historia del barrio y el conflicto retrotraen inevitablemente a la época.


Tom Kelly, su hermano William Kelly (fallecido en enero de 2017) y Kevin Hasson son The Bogside Artists, los artistas del Bogside que, en 1993, con materiales donados por los residentes, pintaron varios murales en las paredes de los edificios de la calle Rossville con la idea de documentar la historia. postit
Son especialmente llamativos el de la Operación Motorman, que muestra a un soldado británico derribando una puerta con un mazo y que hace referencia al operativo militar de 20.000 soldados y tanques-excavadoras que puso fin, en 1972, al Free Derry, ocupando el Bogside y destruyendo las barricadas; el dedicado al Domingo sangriento, con un grupo de hombres, encabezados por el padre Daly con su pañuelo blanco, llevando el cuerpo de Jackie Duddy, la primera víctima; y, cómo no, The Petrol Bomber, la imagen emblemática de la Batalla del Bogside, con un Paddy Coyle de 13 años con máscara de gas y sosteniendo un cóctel molotov.


Por Fahan St. dejamos atrás el Bogside y entramos en la ciudad amurallada por Butcher St. Las murallas evocan un Derry cuando era poco más que una fortaleza protestante y en 1689 sufrió el asedio de un ejército católico jacobita. El grito de guerra durante el asedio, "no surrender!", está muy presente en toda la iconografía protestante de la ciudad y define su estado de ánimo.


El centro de la ciudad amurallada es the Diamond, una gran plaza que desde su altura preside el conjunto del recinto. Por Shipquay St. nos acercamos al Guildhall, el neogótico edificio del Ayuntamiento con sus espectaculares vitrales iluminados.


El edificio municipal está frente al Puente de la Paz, una pasarela de diseño ultramoderno, inaugurada en 2011, que cruza el río Foyle, conectando la ciudad vieja, de mayoría católica, con el distrito protestante de Waterside, en la orilla opuesta. Son poco más de las siete de la tarde y la ciudad está prácticamente muerta. 


Cuando regresamos a la ciudad vieja se desata el diluvio universal, apenas tenemos tiempo de refugiarnos cuando localizamos una parada de taxis, tomamos uno que por tres libras nos deja en Rose Park House.


Sin duda Derry merecía más tiempo que el que le hemos dedicado, pero ésta será una sensación que nos acompañará durante gran parte del viaje. Especialmente nos hubiera gustado poder visitar el Museum of Free Derry, pero tendrá que ser en otra ocasión.


Como no podía ser de otra manera, nos despedimos de la ciudad con los acordes de Sunday Bloody Sunday, de U2, la canción que el grupo irlandés dedicó al suceso.

Por la ruta del Atlántico Salvaje

"En aquellos meses había hecho una larga caminata por Donegal y Galway, tomándole el pulso a la geografía de su patria cautiva, observando como un enamorado la austeridad de sus campos desérticos, su costa bravía, y charlando con sus pescadores, seres intemporales, fatalistas, indoblegables, y sus campesinos frugales y lacónicos." El Sueño Del Celta. Mario Vargas Llosa.

Después de dar buena cuenta de un potente Full Irish breakfast, que nos mantendrá activos durante unas cuantas horas, salimos de Derry camino del Parque Nacional de Glenveagh. Al contrario de Belfast, donde resultó un poco más complicada, la salida de Derry es sencilla y casi sin darnos cuenta, en apenas 10 minutos, ya hemos cruzado la inexistente frontera con la República de Irlanda.

Pronto hay algo que nos llama poderosamente la atención, los colores verde y amarillo lo inundan todo, en forma de bandera, como pancartas o grandes lienzos colgando de los edificios, en forma de banderines en los coches, todo a nuestro paso es una sinfonía de verde y amarillo, los colores de Donegal. No sabemos muy bien por qué pero más tarde tendremos ocasión de averiguarlo, estamos en los quince días finales de la All-Ireland Football Championship, el campeonato anual más importante de futbol gaélico en el que compiten las selecciones de cada condado. Toda Irlanda vive para el acontecimiento y en nuestro recorrido por la isla tendremos ocasión de ver como cada condado compite, no solo en el campo, sino en la forma más colorida y llamativa de animar a su equipo.

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Nosotros, después de una hora de camino, nos encontramos atravesando los montes Derryveagh por unos increíbles paisajes de largas praderas y suaves montañas, donde el ocre del otoño ya le está ganado terreno al característico verde del paisaje. Casi sin darnos cuenta, llegamos al centro de visitantes del Parque Nacional de Glenveagh, el primero de los varios que tendremos ocasión de visitar durante nuestro recorrido.


Después de calzarnos las imprescindibles botas de montaña y equiparnos convenientemente para el chirimiri que de forma intermitente nos acompaña, tomamos el autobús que, por tres euros, nos deja en el Castillo de Glenveagh, justo en el centro del parque y lugar donde empieza el sendero que queremos recorrer.


Nuestra idea original era recorrer el sendero que conduce a un observatorio desde donde es posible admirar la majestuosidad del valle de Glenveagh y el lago Beagh, pero la lluvia no ha dejado el terreno en muy buenas condiciones y la subida se vuelve resbaladiza y a ratos peligrosa, por lo que decidimos recorrer el lago Beagh por el camino que discurre paralelo a él, el sendero llamado Lough Inshagh Walk. Son casi siete kilómetros, pero no tenemos intención de recorrerlo en su integridad, aunque sí nos acercaremos al final del lago.

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Caminando por la paz y tranquilidad de la ribera del lago, uno casi se olvida de la historia trágica que esconden estos páramos. El Parque Nacional de Glenveagh se asienta sobre lo que una vez fueron las tierras de John George Adair, conocido como "Black Jack", protagonista de los desalojos de Derryveagh, uno de los episodios más crueles de la crónica de opresión de los terratenientes ricos sobre los arrendatarios pobres en Irlanda.


Adair, un rico terrateniente que había hecho parte de su fortuna en Estados Unidos, empezó, en 1858, a comprar tierras en la zona de Gartan, Glenveagh y Derryveagh y durante los años siguientes continuó aumentando la propiedad, a la par que empezaba la construcción del castillo.


Su intención era crear una gran reserva de caza para su uso y disfrute, pero la presencia de arrendatarios lo hacía imposible. Como no podía echarlos mientras pagaran el alquiler, aprovechó que, en 1861, un administrador de tierras a su servicio apareció muerto en sus tierras y como no resultó posible identificar un culpable, invocó una vieja ley normanda que permitía culpar a toda una comunidad cuando no se podía acusar a nadie en concreto. 

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En abril de 1861, un pequeño ejército de más de 200 policías, a los que se sumaron matones contratados exprofeso, empezaron a desalojar, casa por casa, a las 47 familias de arrendatarios de Glenveagh para proceder a continuación a derruir sus hogares. Se trataba de más de 240 personas, muchas de ellas mujeres y niños, que pasaron a convertirse en indigentes por los caminos de Donegal y muchos de ellos se vieron obligados a emigrar a Australia en penosas condiciones.


Este episodio permanece todavía hoy en la memoria negra de Donegal, fue tan impactante la infamia de Adair que, cuando murió de disentería en 1885, el Derry Journal publicó su obituario de la siguiente manera: "Se acostumbra a hablar bien de los muertos, por eso no vamos a hablar de John George Adair".


Afortunadamente, hoy todas las tierras y el castillo son de propiedad pública y los podemos disfrutar. Nosotros, tras dejar atrás al viejo aserradero y la cabaña de los pescadores, llegamos frente a la cascada de Astellen, una impresionante caída de 115 metros que prácticamente marca el final de lago. Es el momento de regresar, lo hacemos por el mismo camino disfrutando de una perspectiva diferente.


Ya es casi mediodía y de regreso al centro de visitantes aprovechamos para comer alguna cosa, nos queda carretera y no sabemos cuándo podremos hacerlo. Retomamos la ruta por la R251, disfrutando del paisaje y paramos en el observatorio del lago Dunlewey. El paisaje es espectacular, en frente tenemos la Poisoned Glen y el lago Dunlewey, a la derecha se alza el Errigal, la montaña más alta de Donegal y abajo tenemos la iglesia abandonada de Dunlewey. 

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Precisamente a ella nos dirigimos, a pocos minutos del observatorio, a la izquierda está el desvío que lleva hasta la iglesia. La vieja iglesia, aún en su forma de esqueleto, impresiona. Jane Smith Russell la hizo construir en 1848 como lugar de reposo de su marido que está enterrado en una cripta bajo el suelo de la iglesia. Durante un tiempo dio servicio a los vecinos de la hacienda próxima pero con el declive de la misma entró en desuso. En 1955 se retiró el techo como medida de seguridad. En el cementerio adyacente está enterrado el marido de un matrimonio mixto, protestante él, católica ella. Como ella, que murió más tarde, no quería estar enterrada en suelo "hereje" yace en el cementerio de la Iglesia del Sagrado Corazón, en otro lado del valle. La lápida de su tumba se alinea de forma diferente al resto para que pueda mirar de frente a la de su esposo y así hacerse compañía. Una curiosa historia en un país hecho de historias.

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Nos ponemos en marcha de nuevo y una hora después llegamos a Ardara, la capital irlandesa de los jersey de punto y del tweed. Paramos a pasear y a tomar un café y chocolate bien calentitos y aunque hay numerosas tiendas los precios de las piezas de ropa son intocables.


De nuevo en el coche, nos dirigimos a la cascada de Assarancagh distante unos veinte minutos de Ardara. El camino a la cascada bordea la bahía de Loughros Beg, poblada de granjas de ostras que, con la marea baja, resultan de una extraña belleza. La cascada es uno de los lugares favoritos de los fotógrafos de boda, así que no es de extrañar encontrar alguna novia en el lugar.


Más allá de la cascada, se puede acceder a la playa de Maghera y a las cuevas del mismo nombre, un conjunto de más 20 cuevas que se encuentran debajo de la montaña Slievetooey y que se pueden visitar, algunas, durante la marea baja.


Desde la cascada de Assarancagh también se puede acceder a Glegesh Pass por un sendero señalizado de unos diez kilómetros. Nosotros preferimos regresar en coche para, por la R230, llegarnos a Glegesh Pass, la cañada de los Cisnes, sin duda una de las rutas más bonitas de este viaje. La carretera serpentea entre las montañas de Ghleann Gheis y Mulmosog por un paisaje increíble, se ha de tener una especial precaución para no arrollar a ninguna oveja de las muchas que nos encontraremos por el camino. Las vistas desde el mirador que corona el puerto son excepcionales.


De bajada continuamos por la R230 hasta que en Carrik nos desviamos ya en dirección a Slieve League. Nada más llegar te encuentras un aparcamiento junto a una tienda de artesanía, pero el verdadero observatorio de la Slieve League está a quilómetro y medio de aquí. Mucha gente deja el coche en este primer aparcamiento y lo hace caminando, pero es posible llegar en coche, tan solo hay que levantar la barrera para cruzar y tener presente volverla a bajar, su función no es impedir el paso de personas o vehículos, sino de las muchas ovejas que pastan tranquilamente entre los peñascos.

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Slieve League, en gaélico Sliabh Liag, significa montaña gris. Nos encontramos ante unos magníficos acantilados que se alzan 600 metros por encima del mar, casi tres veces la altura de los famosos acantilados de Moher en el condado de Clare, que visitaremos unos días después.


Una vez en el aparcamiento de la parte superior se puede caminar hasta el punto más alto de los acantilados por el llamado Camino de los Peregrinos. Sin embargo, más allá de los primeros metros, el sendero se vuelve difícil y peligroso. Nosotros preferimos disfrutar con calma del paisaje, agradeciendo la magnífica tarde que no regala el sol. 


El buen tiempo nos permite ver perfectamente la isla Rathlin O'Birne, frente a los acantilados, con su faro en el extremo, un faro construido en 1856 y que en 1974 pasó a ser un faro nuclear pues era la energía atómica lo que lo hacía funcionar, afortunadamente los tiempos cambian y hoy es un faro alimentado por energía solar.


Desde lo alto también resulta perfectamente visible una torre napoleónica, que durante un tiempo poblaron las costas de Donegal, construidas por los ingleses como elemento de defensa durante las guerras napoleónicas. 


Decenas de ovejas nos acompañan durante el camino por los acantilados formando una estampa casi irreal, mirando la mar embravecida, tomamos consciencia de lo que es realmente el Atlántico salvaje.

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De nuevo en el coche, emprendemos camino a Bundoran, donde vamos a hacer noche. Bundoran es la última ciudad de Donegal antes de entrar en el condado de Leitrim. Se trata de la típica ciudad costera, con un agradable paseo marítimo. Después de aparcar el coche y dejar el equipaje en el Fitzgeralds Hotel, salimos a recorrerla y cenar algo. Todo el buen tiempo que hemos disfrutado en el Slieve League, aquí se ha tornado en temporal, la furia de la olas nos hace evidente por qué Bundoran es un paraíso para los surfistas. Así que, después de una agradable cena y de un par de cervezas en uno de los pubs de la calle Main St., el temporal nos obliga a retirarnos al hotel.


Decimos adiós a Donegal con la canción de 1992 Las Vegas in the Hills of Donegal, un auténtico clásico del irish country, una canción irónica que habla del proyecto de convertir el condado de Donegal en una nueva meca del juego, como las Vegas, y que se ha convertido en una especie de himno oficioso del condado. La escuchamos en la versión de Goats Don't Shave.