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lunes, 25 de julio de 2016

Cruzando un puente lleno de historias y misterios

"Tenía ganas de hacer el amor con Praga; sólo con los ojos, de la misma manera que cuando miramos a una mujer, enamorados, desde el cabello hasta los pies. En aquel caso, desde el Castillo hasta el campanario de San Procopio de Zizkov, difuminado en la niebla blanca." Toda La Belleza Del Mundo. Jaroslav Seifert.

Con toda la belleza acumulada todavía fresca en la retina, se hace muy difícil empezar. Praga impacta, y mucho. La han llamado Praga la dorada, Roma del Norte, Corazón de Europa y sea cual sea el sobrenombre, seguro que ninguno le hará justicia.

Cuando algo se hace difícil, lo mejor es empezar por el principio. Aterrizamos en el aeropuerto Vaclav Havel pocos minutos después de las 10 de la mañana de un caluroso lunes de finales de junio.

Sin ninguna corona checa en el bolsillo, el primer reto es conseguir llegar a la ciudad de una forma sencilla y barata. Fácil, muy fácil, sobre todo si cuentas con la inestimable ayuda de Janek, un simpático joven checo que en su canal de youtube va publicando pequeños vídeos, ninguno de más de cinco minutos, con guías y consejos para hacer mucho más fácil tu visita a Praga.

Siguiendo su consejo, nos dirigimos a la salida D frente a la cual se encuentra la parada del autobús 112 que nos llevará al centro de la ciudad. En la misma parada hay tres máquinas para sacar el billete, dos pequeñas y una grande. Es la grande la que permite pagar con tarjeta de crédito. Seleccionamos el inglés (a no ser que sepamos checo) y compramos el billete de cuatro zonas y 90 minutos que nos costará 32 coronas checas, poco más de un euro.

En unos 15-20 minutos llegaremos a Nádrazi Veleslavín donde bajaremos (nosotros y mucha otra gente con maletas) para tomar la línea A del metro en dirección Depo Hostivar –por supuesto con el mismo billete- hasta Mustek, que es la parada del centro de Praga y también la más próxima a nuestro hotel.

Poco más de 30 minutos después de dejar el aeropuerto nos encontramos ya a la puerta de nuestro hotel. Se trata del Jungmann, un pequeño establecimiento –tan solo 12 habitaciones- perfectamente situado en la encrucijada entre la ciudad vieja y la ciudad nueva, justo al inicio de la plaza Wenceslao.

El hotel tiene excelentes críticas tanto en Booking como en Tripadvisor, y la verdad, son merecidas, no defrauda. Una ubicación excelente, una habitación limpia, cómoda, espaciosa y silenciosa, un personal atento y colaborador y un desayuno estupendo, lo hacen altamente recomendable.

Una vez descargado el equipaje en la habitación, nos dirigimos a cambiar moneda. Vamos a la oficina de cambio EXCHANGE, situada en el cruce de las calles Kaprova y Maiselova.

Es la recomendación tanto de Janek como la mayoritaria del Foro de los Viajeros. Vamos con el cupón de promoción que nos garantiza un mejor cambio.

Ya con el dinero en el bolsillo, nos disponemos a iniciar en serio nuestra visita a Praga.

De camino a la oficina de cambio hemos tenido ocasión de ver la plaza de la ciudad vieja y el famoso reloj astronómico, pero ya los disfrutaremos con calma más adelante. Ahora nos dirigimos al puente de Carlos con la idea de pasear por Malá Strana.

El hambre aprieta, es hora de comer y nos decidimos por Lokal, una tradicional cervecería / local de comidas checo. La comida buena, la cerveza mejor, el precio excelente y, la primera de las sorpresas, el servicio impecable.

Hemos de confesar que íbamos un tanto expectantes y con prejuicios sobre la fama de los camareros y camareras checas, pero, la verdad, nuestra experiencia en este y en todos los lugares donde fuimos fue perfecta. Rápidos, atentos y correctos, no sé qué más se puede pedir.

En Lokal, un escalope de cerdo rebozado (smažený vepřový řízek) acompañado de puré de patatas (Brambor Kase), un gulasch con su guarnición de pan, dos cervezas de medio litro (un tercio de lager, un tercio de negra y un tercio de espuma), nos costó 484 coronas en total.

En los restaurantes checos el servicio no está incluido y es lo normal dejar un 10% sobre el precio para el servicio. La costumbre es decir que lo añadan a la cuenta. Como no sabemos checo, es muy útil llevar algo para escribir y apuntar el total que queremos que cobren en la misma cuenta o en una libretita aparte.
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Con el estómago reconfortado nos dirigimos al Museo Franz Kafka, apenas a unos minutos de donde nos encontramos. No tenemos intención de entrar, es un museo recomendable para seguidores del escritor, pero no es nuestro caso, lo que queremos ver es la fuente de David Černý que se encuentra en su exterior. Un curioso montaje de dos personas orinando sobre el mapa de la República Checa. No es ni la única ni la más extravagante de las obras de Černý que tendremos ocasión de conocer durante nuestra estancia en Praga.

Saliendo del museo aprovechamos para ver una de las curiosidades de la ciudad, la calle más estrecha de Praga, apenas unas escaleras que unen la calle U Luzickeho semiare con el río. Como no caben dos personas han tenido que poner semáforos para regular la circulación por las escaleras. La calle desemboca en la terraza del restaurante Certovka.

Ahora nos acercamos al puente que cruzamos por debajo para dirigirnos al Muro de John Lennon, un atronador bombardeo de colores.
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John Lennon nunca estuvo en Praga, pero desde su muerte ha sido una presencia constante en la ciudad. Pocas horas después de conocerse su asesinato, este pequeño espacio de Malá Strana apareció pintado con su imagen, alrededor de la cual empezaron a proliferar textos reivindicativos, frases de sus canciones y consignas políticas de rechazo al régimen. Las autoridades pintaron varias veces el muro de blanco y llegaron a instalar cámaras de seguridad, pero siempre volvía a aparecer completamente pintado. Al final se rindieron, teniendo que aceptar estos pocos metros cuadrados como un espacio de libertad de expresión dentro de un régimen que consideraba la música de los Beatles como subversiva.

Dejando atrás el Muro de John Lennon recorrimos de nuevo el puente para llegar a la calle Karlova y llegarnos al Klementinum.


En el lugar que ocupa hoy el puente de Carlos se encontraba un antiguo puente de piedra conocido como el Puente de Judit que fue destruido por una inundación en 1342. El rey Carlos IV decidió construir un nuevo puente, la primera piedra del cual se colocó el año 1357, el día 9 de julio, a las 5 horas y 31 minutos, o lo que es lo mismo 1-3-5-7-9-5-3-1, una sucesión nada casual en un rey en extremo aficionado a todo lo sobrenatural.

El hecho de que todas las cifras del nacimiento del puente sean impares es porque se consideraban mucho más favorables, el día elegido tampoco es casual, el 9 de julio de 1357 se produjo una extraordinaria conjunción del Sol con Saturno algo que decidió al rey.

Carlos IV no solamente era amante de lo sobrenatural, también era en extremo místico y muchos detalles del puente lo son en función de su devoción y para nada fruto del azar.

Así, el día del solsticio de verano desde la torre de la Ciudad Vieja se puede ver como el sol se pone exactamente sobre el lugar donde reposa San Vito en la catedral que lleva su nombre. Un espectáculo único en la Europa medieval que atraía a cientos de personas.

No es este el único fenómeno que tiene que ver con la luz y el sol. El mismo día del solsticio de verano, al mediodía, la sombra del pedestal del león de la esfera de la torre de la Ciudad Vieja toca ligeramente el extremo derecho del águila de San Wenceslao lo que se conoce como el "beso de la sombra”.
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El puente y las torres continúan guardando muchos misterios, algunos de los cuales se descubren con el tiempo. En 1978, con ocasión de una obras menores aparecieron debajo del techo de la torre dos frases en latín escritas sin espacios entre las palabras Signate, signate, mere me tangis et angis y Roma, tibi subito motibus ibit amor, ambas frase son palíndromos, se leen indistintamente de derecha a izquierda y viceversa. A pesar de no tener sentido se dice que en ellas se oculta una fórmula de poder, lo que se conoce como la Trampa mágica, un conjuro para proteger a la torre, al puente y a la ciudad. Inscripciones de este tipo eran comunes en edificios religiosos de diferentes partes de la Europa medieval.

Con tanto misterio no podía faltar un fantasma que recorriera el puente, se trata de la mujer del maestro de obras. La leyenda cuenta que lo que los hombres construían durante el día, el diablo lo destruía por la noche. Harto de ello, el maestro de obras pactó con el demonio que, a cambio de dejarle construir el puente, el diablo se llevaría el alma de la primera persona que cruzara el puente. El maestro de obras trató de engañar al diablo pero éste fue más listo y consiguió que la primera persona que cruzara el puente fuese la esposa del maestro.

Desde aquel día el fantasma de la mujer del maestro de obras recorría a medianoche el puente en forma de Dama Blanca, figura muy querida en las leyendas checas, hasta que un día un campesino se apiadó de las quejas del fantasma y le dijo: "¡Que Dios te ayude, almita, y que te dé la paz eterna!" con lo que consiguió que el fantasma encontrará definitivamente la paz.


Paz no es precisamente lo que se tiene al cruzar el puente junto a cientos de personas, pero no hay otra. Somos muchos los que queremos disfrutar de la ciudad.

Una vez pasado el puente tomamos la calle Karlova para llegarnos al Klementinum. A pesar de ser uno de los lugares más abigarrados de Praga, con un poco de paciencia podemos disfrutar de los lugares que esconde, así en el número 2 encontramos el Palacio Colloredo-Mansfeld, con un portal muy bonito. En el número 4, el Museo Johannes Kepler, en la casa donde vivió el astrónomo. En el número 3, el Hotel U Zlaté Studny, un edificio histórico del siglo XVI con la fachada decorada con santos de Bohemia. En el número 18, la Casa de la Serpiente Dorada, donde en 1713 se instaló el primer café de la ciudad. Y finalmente, en la fachada del número 22, está la figura modernista de la princesa Libussa, legendaria fundadora de Praga.

domingo, 24 de julio de 2016

La belleza está en el interior

"Te escribo para decirte que tal vez dentro de poco nos volvamos a ver. Si finalmente se produce nuestro encuentro, no será en otro sitio que en la Praga de las Cien Torres, tan querida por mí desde la infancia." Lord Mord. Milos Urban.

Praga es una ciudad sumamente hermosa por fuera, pero por dentro es todavía mejor si cabe. Hay visitas obligadas y el Klementinum es una de ellas. Desafortunadamente, para aquellos que nos gusta disfrutar de las cosas con calma, la visita solo puede ser en grupo. Sale una cada hora en punto y dura unos 50 minutos.

Actualmente el Klementinum es la sede de la Biblioteca Nacional, pero en tiempos albergó un seminario jesuita, una gran Universidad y hasta la sede de la Inquisición. Fue un importante centro de poder de los jesuitas y está estrechamente ligado a la historia y a la cultura de Praga.


Mientras se espera que empiece la hora de la visita, un buen entretenimiento consiste en localizar los 15 relojes de sol que están distribuidos por los cinco patios del Klementinum. Nosotros aprovechamos para dejarnos llevar por lo que parece un reclamo para turistas teniendo en cuenta la proliferación de paraditas que hay por toda la ciudad: degustar un trdlo.


El trdlo es una masa de harina de forma cilíndrica y hueca en su interior, aromatizada con canela, que se asa en las brasas. Se puede comer sin otro aditamento o bien con un relleno de fruta o de helado. Será un reclamo turístico, pero la verdad es que está bueno y después de las caminatas interminables, el calor, el madrugón y el largo viaje, se agradece infinitamente el chute de azúcar.


Tres son los lugares imprescindibles a visitar, la Capilla de los Espejos, la Torre Astronómica y la Biblioteca Barroca. Para nuestra desgracia, la Capilla no era accesible el día de nuestra visita y nos tuvimos que conformar con las otras dos.


postitEs muy difícil describir la sensación que experimentas cuando se abren las luces y aparece ante ti la Biblioteca. Un ohhh profundo sale de las gargantas de todos los reunidos ante un espectáculo de tanta belleza. Si bien todo son inconvenientes, no se puede fotografiar, no se puede entrar y se ha de ver desde un extremo y con poco tiempo, no por ellos deja de impresionar. Es un lugar único y excepcional: las estanterías, los libros, los globos terráqueos, los frescos de Jan Hiebl… todo forma un conjunto único y perfecto.

La Torre Astronómica tiene unos 70 metros pero la subida se hace por etapas y con tranquilidad, está al alcance de cualquiera. Una vez arriba, la vista sobre el castillo y la Ciudad Vieja merece mucho la pena.


postitA la salida del Klementinum giramos por la calle Husova para acercarnos a otra de las curiosas obras de David Černý, la del Colgado. Sigmund Freud sujetándose para no caer al vacío. La escultura, en palabras del autor, “representa las necesidades del hombre de decidir conscientemente entre vivir o rendirse”. 


De camino a la plaza de la ciudad vieja pasamos por la plaza Malé (Malé Namesti), un precioso rincón que ha perdido todo su encanto al estar completamente ocupado por las terrazas de los bares que la pueblan. Se hace difícil encontrar el pozo y la rejilla que lo protege y que teóricamente presiden el centro la plaza, pero aún y así merece la pena verlo.


Llegados a la plaza de la ciudad vieja nos encaminamos al ayuntamiento. Son dos las cosas que queremos visitar, el subterráneo y la torre. Para el subterráneo no tenemos tiempo, se ha acabado el horario de visitas (quedará pendiente para otro día), afortunadamente todavía podemos subir a la torre.


A la torre se accede por el edificio del ayuntamiento en la entrada donde está la oficina de información turística. Allá podemos tomar un ascensor que nos llevará al tercer piso donde comprar le entrada a la torre y tomar otro ascensor que nos llevará al mirador de la parte superior. Una vez allá las vistas sobre la plaza y sus diferentes edificios son magníficas. Empezamos ya a identificar y familiarizarnos con algunos de los edificios que imprimen un carácter único a la ciudad. Observamos la silueta de la Torre Astronómica, que acabábamos de visitar, la magnífica iglesia de Tyn, la Torre de la Pólvora, el imponente complejo del castillo con la catedral de San Vito emergiendo majestuosa de entre sus muros, el Teatro Nacional…


De regreso a la plaza es hora de ver el reloj astronómico en funcionamiento.


postitEl Staromestský Orloj, el reloj astronómico de Praga, construido en el siglo XV, es probablemente uno de los objetos más misteriosos diseñados por el hombre. Es el único sobre la tierra que mide la hora babilónica, importante para la magia y la alquimia. También mide otros dos tipos de hora, el cuadrante astronómico, con forma de astrolabio, indica la hora solar y las posiciones del sol, la luna y Venus, y la esfera con números romanos indica la hora de la Europa central.


Parte de su leyenda radica también en el empeño que pusieron los nazis en querer destruirlo en los que fueron los últimos días de la segunda guerra mundial. Nazis y esoterismo es una suma que siempre da como resultado una enigmática leyenda, pero en este caso la realidad siempre es mucho más prosaica. En los subterráneos del ayuntamiento estaba instalado un hospital de campaña y un centro de dirección de la resistencia checa que sublevó Praga en los últimos días de la II Guerra Mundial, de ahí los bombardeos sobre el ayuntamiento que prácticamente destruyeron el reloj.


A pesar de ser uno de los mecanismos más extraños y complejos de la tierra, los secretos de su funcionamiento no están escritos. El conocimiento de sus engranajes se transmite de generación en generación. De maestro relojero a maestro relojero. Otakar Zámecník, el encargado actual, necesitó cinco años para estudiar todas las piezas y convertirse en 1994 en el decimosexto relojero. Su antecesor, Josef Valasek, fue el encargado de repararlo al acabar la guerra mundial.


A cada hora en punto comienza el mecanismo de las figuras: La muerte tira de una cuerda, las dos ventanas se abren y comienza el paseo de los doce apóstoles encabezados por San Pedro que lleva una llave dorada y terminando por San Pablo que lleva una espada y un libro. Junto a la muerte, tres estatuas que simbolizan los pecados medievales: la vanidad (un hombre con un espejo), la avaricia (un judío con una bolsa de dinero) y la lujuria (un turco con una mandolina) niegan con la cabeza, mientras la muerte asiente, reafirmando que nadie se libra de ella. Cuando todo ha terminado, canta un gallo y suenan las campanas.


La verdad, se tarda más tiempo en explicarlo que en verlo, pero no deja de ser un espectáculo curioso. Al finalizar, incluso la gente aplaude. A tener en cuenta que debido al gran número de personas que se concentran cada hora para verlo, es también el lugar donde más carteristas se reúnen para trabajar, hay que tener mucho cuidado con las pertenencias.


Sabemos que invariablemente regresaremos en más de una ocasión a la plaza pero no por ello dejamos de dar un sencillo paseo para admirar todo lo que nos ofrece.

postitA la derecha de la entrada al Ayuntamiento está la casa U Minuty, decorada con unos impresionantes esgrafiados, y morada del omnipresente Kafka durante su infancia.

Medio escondida detrás de las casas que rodean la plaza está la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn, con sus espectaculares torres. Queremos visitarla, pero hoy es lunes y cierra todos los lunes, tendremos que volver otro día.


Es prácticamente imposible hacer un recorrido por todos los edificios que rodean la plaza y que merecen verse con detenimiento: el Palacio Golz-Kinsky, la Casa de la campana de piedra, la Iglesia de San Nicolás de la Ciudad Vieja, la Casa del unicornio blanco, la Casa Storch, la Casa del carnero de piedra… los mejor es dejarse llevar y disfrutarlos poco a poco.


Por la calle Celetná nos acercamos a la Torre de la Pólvora. Hay numerosas cosas a observar en la calle Celetná y para mí, sobre todo, la Casa de la Virgen Negra, uno de los pocos edificios cubistas del mundo. Unos metros más allá, se alza la Casa Municipal, la obra cumbre del modernismo checo. Habrá tiempo de hacer una visita con más detenimiento, ahora prácticamente solo estamos paseando de regreso al hotel para descansar un poco antes de salir a cenar.


Por suerte para nosotros, a 50 metros del hotel está U Pinkasu, la primera cervecería que sirvió Pilsner Urquell. Cenamos un filete de carne de cerdo ahumada (uzená krkovice), un solomillo en salsa de crema (Svíčková) y dos cervezas de medio litro por 478 coronas.


A lado de U Pinkasu está la única farola cubista del mundo. Obra del arquitecto Emil Zajícek es una curiosidad ineludible. Vale la pena verla tanto de día como de noche.

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Al salir nos acercamos dando un paseo por el río hasta la Casa Danzante, la obra de Frank Gehry y V. Milunic inspirada en Ginger Rogers y Fred Astaire, que se ha convertido en un moderno icono de Praga. No tiene término medio, o la aborreces o te encanta. A nosotros nos encantó.


Pasamos también delante del edificio del Banco Checo General de Reaseguros y que actualmente es la sede del Instituto Goethe, con una impresionante fachada modernista.


De regreso al hotel pusimos fin a lo que fue nuestra primera y densa jornada en Praga.

sábado, 23 de julio de 2016

El Castillo que todo lo ha visto y todo lo ve

"Cogí un par de colgadores para poner los trajes, y después estuve contemplando Praga, sus tejados, el Castillo reluciente, y cuando vi el castillo de los reyes de Bohemia, empezaron a saltarme las lágrimas." Yo serví al rey de Inglaterra. Brohumil Hrabal.






Después de un sueño reparador y un reconfortante desayuno, tomamos la línea A del metro en Mustek, dirección Nemonice Motol, y bajamos en la estación de Malostranska donde tomamos el tranvía 22 para bajar en Pražský hrad. Nos encontramos ya frente a una de las entradas al recinto del castillo.

Por 250 coronas compramos la entrada del circuito B, la que nos permitirá visitar la Catedral de San Vito, el antiguo Palacio Real, la Basílica de San Jorge y el Callejón del Oro. En el momento de abonar la entrada, nos informan que, con motivo de una ceremonia litúrgica, la catedral no será accesible hasta la 1 del mediodía, demasiado tarde para nuestros planes, así que aprovechando que la entrada es válida para dos días decidimos visitar el resto del castillo y regresar mañana a primera hora para la visita de la Catedral.
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Poco después de nuestra llegada comienza una de las ceremonias de cambio de guardia en el patio que hay entre la fachada del antiguo Palacio Real y la magnífica Catedral de San Vito, que domina todo el recinto y nos parece absolutamente espléndida. El cambio de guardia más espectacular del día es el de las 12 del mediodía, frente a la puerta principal del castillo, pero el que se despliega ante nosotros –son la 10 de la mañana- no está nada mal.

Por mucho que los uniformes de la guardia sean los que encargó el presidente y autor de teatro Vaclav Havel al diseñador de vestuario de la película Amadeus, no dejan de ser bastante vulgares. Son mucho más interesantes los del trío que va a caballo y que corresponden al antiguo imperio austro-húngaro.

Dejamos los desfiles y las fanfarrias y entramos en el antiguo Palacio Real donde está una de las joyas del recinto del Castillo, la bóveda gótica del Salón Vladislav.
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Fue la sala no religiosa más grande de la Praga medieval. Se utilizaba para bailes y festejos, mercado e incluso torneos de caballeros. Actualmente es el lugar donde prestan juramento los presidentes de la República checa.

Desde el salón se puede salir a la terraza exterior con unas magníficas vistas sobre Malá Strana. Por una esquina se accede también al ala Ludwig, importante porque fue aquí donde se produjo la Defenestración de Praga en 1618, cuando los gobernadores católicos fueron arrojados por la ventana por los protestantes dando así inicio a la Guerra de los Treinta Años.

Afortunadamente para ellos, los arrojados por la ventana sobrevivieron al caer sobre un montón de estiércol, aunque prefiero no imaginarme en qué estado quedaron.

Continuamos nuestra visita al castillo por la románica Basílica de San Jorge, que pese al colorido de su fachada tiene un interior sumamente austero. Es el edificio religioso más antiguo del castillo.

A continuación nos dirigimos al Callejón del Oro, una pequeña calle flanqueada por diminutas viviendas de estilo manierista que fueron construidas para alojar a los guardias del emperador Rodolfo II y sus familias. Más tarde se instalaron un buen número de orfebres que fueron quienes le dieron el nombre por el que lo conocemos hoy.
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Es recomendable entrar en todas las casitas que se pueda, pero hay que fijarse especialmente en tres.

En la número 22 vivía Ottilie, hermana de Kafka, quien se alojó aquí durante un año, en 1916, para que su hermana lo cuidara de la tuberculosis que padecía.

El número 14 fue la residencia de Matylda Průšová, más conocida como Madame de Thebes, la más famosa de las videntes de Praga. Fue torturada y ejecutada por la Gestapo por predecir la muerte de Hitler y la derrota de Alemania. En la reproducción de su casa se puede ver el salón donde leía las cartas.

Finalmente, en el número 12 vivió Josef Kazda, un historiador y amante del cine que durante la ocupación nazi escondió en su casa cientos de rollos de películas checas impidiendo así su destrucción. Las paredes de su casa están decoradas por carteles de cine y, como no podía ser de otra manera, los rollos se amontonan por toda la casa.
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Hace un día espléndido y eso, para visitar el Callejón del Oro, es una mala noticia. Si la niebla hubiese hecho acto de presencia tal vez, y solo tal vez, hubiéramos podido ver la casa del callejón que, según la leyenda, solo se aparece los días de niebla y únicamente pueden ver las personas nacidas en domingo. Esa aparición tiene lugar en lo que se conoce como "El muro de la última farola" y es una preciosa leyenda que aparece en la novela de Gustav Meyrink, El Golem. Un personaje que volveremos a evocar en la visita al barrio judío.

Salimos del callejón y nos dirigimos al Palacio Lobkowicz, no para visitar su colección de pintura, sino para disfrutar paseando por su magníficos jardines que son una terraza excepcional sobre la ciudad.

Por las escaleras del interior del Palacio Lobkowicz regresamos a los patios del Castillo y nos dirigimos ya a la salida de la puerta principal para encaminarnos a la iglesia de Nuestra Señora de Loreto y al Monasterio de Strahov.

viernes, 22 de julio de 2016

Dejamos el monte Petřín a la búsqueda de los fantasmas de Praga

"Hacia el alba, soñó que se había ocultado en una de las naves de la biblioteca del Clementinum. Un bibliotecario de gafas negras le preguntó: «¿Qué busca?». Hladík le replicó: «Busco a Dios». El bibliotecario le dijo: «Dios está en una de las letras de una de las páginas de uno de los cuatrocientos mil tomos del Clementinum." Ficciones. El milagro secreto. Jorge Luis Borges

Desde la puerta principal es fácil llegar siguiendo las indicaciones de los rótulos de información turística, el Loreto está a unos 15 minutos. Mientras caminamos nos encontramos con toda una formación de la Guardia que se encamina marcialmente hacia el castillo, todo un regalo inesperado.

En el Loreto se expone una réplica de la casa donde se supone tuvo lugar la anunciación de la Virgen María. Es una de las diferentes réplicas que existen por Europa. No nos interesa tanto el interior como ver la fachada y la torre del carillón, desafortunadamente está en obras y los andamios esconden la mayor parte de la fachada. Aún así, podemos admirar la torre que emerge majestuosa entre las obras. Decidimos seguir hacia el Monasterio de Strahov.

Al mediodía, cierra para las visitas, así que aprovechamos para comer en una de las terrazas de la cervecería del monasterio. La comida es magnífica, probablemente de la mejor que comimos en Praga y la cerveza también excepcional. No se trata de la omnipresente Pilsner Urquell, sino de la San Norberto, la cerveza que desde el siglo XIII se sigue produciendo en el monasterio. Comimos un codillo excelente, aromado y especiado, el mejor gulasch de todo el viaje y por supuesto tres maravillosas cervezas.

Con nuevas fuerzas vamos a conocer la maravilla que esconde el monasterio, su famosa biblioteca barroca. La visita es individual y, a diferencia del Klementinum, sí que se pueden hacer fotografías, pero se ha de pagar un suplemento con la entrada.
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La biblioteca está dividida en dos salas, la filosófica y la teológica y en el pasillo que las separa se expone el “gabinete de curiosidades”, con diferentes colecciones naturalistas del siglo XIX.

Resulta difícil explicar la belleza que atesora la biblioteca, es un lugar mágico donde el tiempo se ha detenido, donde todo está como ha de estar y lo único fuera de tiempo y de lugar somos nosotros mismos. La sala teológica recuerda a la del Klementinum, con un techo barroco realmente espectacular. La filosófica es una sala más sobria, pero igualmente impactante e interesante.

Tras la biblioteca aprovechamos para visitar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y la galería de pinturas que alberga el monasterio.

Nos hubiera gustado saludar también al fantasma del monje decapitado que, a caballo y sosteniendo su propia cabeza, pasea por el jardín del monasterio, pero no hubo oportunidad. La leyenda cuenta que el monje era un ávido jugador de cartas que se negó a asistir a un moribundo hasta acabar una partida. Al finalizarla partió a caballo para prestar la asistencia, pero se cayó, rompiéndose la cabeza, y desde entonces vaga por el monasterio víctima de una maldición.
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Salimos del monasterio por la parte trasera, justo en el punto opuesto por donde hemos entrado, y nos encontramos ya en la parte menos urbanizada de la colina de Petřín, un camino muy agradable y concurrido que nos acerca a la Torre de Petřín, sin duda la atracción más visitada de la montaña. Es como la hermana pequeña de la Torre de Eiffel, en la que se inspiró, y se acabó de construir dos años después de la de París. Mide tan solo 64 metros pero al estar situada en la colina se eleva unos 200 metros sobre la ciudad, ofreciendo unas vistas magníficas. Al mirador se puede acceder tanto a pie como en ascensor. Nosotros optamos por utilizarlo para subir y aprovechar las escaleras para bajar.

Desde la torre iniciamos el regreso a la ciudad. La colina de Petřín es un maravilloso parque urbano perfectamente integrado en la ciudad. El descenso es un agradable paseo y el tramo final se hace por las escaleras que corren paralelas al funicular que sube a la cima.
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Una vez abajo, llegamos a la calle Újezd. Caminamos unos 200 metros a la derecha y nos encontramos el Monumento a las Víctimas del Comunismo, obra del escultor checo Olbram Zoubek y de los arquitectos Jan Kerel y Zdeněk Holzel, inaugurado en el año 2002.

Según cifras de la Confederación de Antiguos Presos Políticos, entre los años 1948 y 1989, el régimen persiguió y encarceló a unas 250.000 personas. Las siete figuras de bronce que bajan desnudas la escalera, con sus cuerpos dañados, simbolizan el sufrimiento de todas ellas.

Un tanto conmovidos, regresamos por la calle Újezd hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, el santuario barroco más antiguo de Praga y donde se custodia la imagen del pequeño niño Jesús de Praga. Hay un gran número de creyentes, pues es un lugar de peregrinación para los católicos de todo el mundo.
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Al salir de la iglesia nos encaminamos hasta Kampa, donde disfrutamos de un tranquilo paseo por el parque y nos acercamos hasta el museo. En el exterior se encuentran tres de los bebés negros y gigantes de Černý, que con un código de barras en el lugar de la cara, gatean junto al Museo de Kampa. Otros de sus hermanos suben por la torre de Žižkov. Las obras de David Černý nunca dejan indiferente.

Poco a poco se ha ido haciendo la hora de cenar y nos encaminamos a un restaurante cercano al hotel, se trata del Mustek Restaurant. Acaba siendo la “turistada” del viaje, comimos cordero asado con salsa de vino tinto y puré de patatas con espinacas y ternera con salsa de pimienta y puré de patatas con cebolla junto con dos cervezas por 930 coronas, prácticamente el doble de lo que nos ha costado habitualmente, por una comida correcta pero no excepcional.

Acabamos el día haciendo algo que nos gusta mucho: salir a fotografiar la noche y de paso ver si tenemos la suerte de encontrarnos con alguno de los vecinos más extraños de la ciudad, sus fantasmas.

Praga es una ciudad amante del misterio y las leyendas y a lo largo de los siglos ha ido poblando las diferentes calles de la ciudad con sus propios relatos de fantasmas.
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Así, por la calle Karlova ronda el barbero loco con su navaja de afeitar en mano tratando de convencer a algún incauto. Por la calle Liliová nos podemos encontrar con el templario sin cabeza cabalgando un poderoso caballo que lanza rayos por el hocico. Por la calle Martinská vaga el alcalde que perdió su sello oficial y después, por castigo, también su cabeza. Delante del Karolinum pasea por la noche un esqueleto de dos metros de altura que pide limosna.

En el Teatro Nacional está el fantasma del techador Anton que, por descuido, causó el incendio que destruyó el Teatro. Ahora, como castigo, anda buscando los puros y cigarrillos mal apagados. En la puerta de la iglesia Santa Úrsula, en la calle Národní, podemos encontrarnos con el fantasma del organista ciego que aparece cuando faltan diez minutos para la medianoche, aporreando la puerta e insistiendo en que le dejen tocar.

Estos son algunos de los más extraños habitantes de Praga que, con sus leyendas, enriquecen la historia de la ciudad. Salir a buscarlos es una buena excusa para pasear por una ciudad distinta, la nocturna, la ciudad tranquila que también merece la pena conocer.

jueves, 21 de julio de 2016

De la Catedral a la Sinagoga

"Por la puerta abierta de par en par de la catedral de San Vito entraba un aire frío, impregnado de los perfumes de las flores marchitas. Aquellas fragancias se habrían quedado allí después de una gran festividad eclesiástica." Toda La Belleza Del Mundo. Jaroslav Seifert.

Queremos llegar pronto a la catedral para ahorrarnos las aglomeraciones de visitantes, retomamos el mismo camino que ayer pero, de forma absurda, nos distraemos y nos pasamos de parada en el tranvía. Bajamos en Brusnice, pero no hay problema, el castillo está perfectamente indicado. En poco más de 10 minutos de agradable paseo estamos ya en la puerta principal y de ahí directos a la catedral.

La Catedral de San Vito, Wenceslao y Adalberto es un edificio impresionante. Es el lugar donde yacen los santos y reyes checos por lo que se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la nación.

La catedral estuvo siempre consagrada a San Vito hasta que en 1989 se le añadieron también San Wenceslao y San Adalberto.

Lo de San Wenceslao y San Adalberto lo entiendo, son santos de Bohemia, pero no entiendo y me gustaría saber qué pinta un santo siciliano como San Vito en Praga. Misterios de la religión.

Con todo, San Vito es uno de los santos más populares de la Edad Media. Es uno de los 14 “santos auxiliadores”, que deben su nombre a que son especialmente útiles frente a determinadas enfermedades.

La primera piedra de la catedral fue colocada en 1344 y no se terminó oficialmente hasta 1929. En total, 585 años que hacen que a su lado, las obras de la Sagrada Familia parezcan el colmo de la rapidez. Como siempre en Praga nada que tenga que ver con los números es casual, se decidió acabarla en 1929 para que coincidiera con los mil años del martirio de San Wenceslao.
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El interior es absolutamente impresionante y al ser de los primeros en entrar, conseguimos disfrutarlo con una cierta tranquilidad. Nos llaman especialmente la atención los vitrales, de un colorido y una belleza impresionantes. Son relativamente recientes, la mayoría se instalaron entre 1929 y 1940, pero también hay algunos de 1960.

Son obra de grandes artistas modernistas bohemios, como Frantisek Kysela, Karel Svolinsky y Max Svabinsky. Y, sobre todo, destaca el vitral del gran maestro modernista Alfons Mucha.
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A nosotros nos llamaron mucho la atención los vitrales que se encuentran en la capilla de San Wenceslao, obra del matrimonio de artistas Stanislav Libensky y Jaroslava Brychtová. Instalados en 1960, se apartan de la concepción medieval y demuestran que lo “moderno” también puede ser hermoso en un contexto tan alejado en el tiempo. Es destacable también la tumba de San Juan Nepomuceno, totalmente en plata, construida en 1736.

Una de las curiosidades de la Catedral radica en sus campanas, especialmente en la llamada Segismundo, de 17 toneladas de peso, la mayor de la catedral y de toda Chequia. Según la leyenda, la campana avisa a la nación checa de las grandes catástrofes. Por eso cuando en el año 2012 tuvieron lugar las grandes inundaciones que arrasaron la república, causaron la muerte de 17 personas y daños por más de cien mil millones de coronas, no fueron pocos los que se acordaron de que tan solo dos meses antes, en junio, se había roto el badajo de la campana. El badajo, de 400 kilos de peso, ya ha sido fundido de nuevo y repuesto.

La campana toca solamente en las grandes ocasiones. Tañó durante la huelga general de 1989 que dio inicio a la Revolución de terciopelo, cuando Václav Havel fue elegido presidente de la República y, por supuesto, en las visitas del Papa y del Dalai Lama.
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También hay otras campanas, como la Wenceslao, la Juan Bautista y la José. Y por supuesto, campaneros, 40 voluntarios que repican las campanas como hobby, los hay de las más diversas profesiones: un panadero, un médico, un contable, una bibliotecaria, una traductora y un informático.

Como no puede ser de otra manera en Praga, la catedral cuenta con su propio fantasma, el organista de la catedral, un judío converso que regresó al judaísmo por amor teniendo que renunciar a su plaza de músico de la catedral, y que falleció junto a su amada antes de casarse. Fueron enterrados juntos en el viejo cementerio judío.

Los desdichados amantes no descansan en paz, el novio se levanta cada noche y junto a un esqueleto, que es el fantasma de su novia, suben al Castillo y en la catedral el organista toca hasta el amanecer y el esqueleto mueve los fuelles del órgano.

Dejamos atrás la catedral, su belleza y sus fantasmas, y por las escaleras que hay a continuación de la calle Jiřská, bajamos hasta Malostranská para pasear tranquilamente hasta la iglesia de San Nicolás.
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La plaza donde está situada la iglesia ofrece una perspectiva muy bonita del recinto del castillo. En medio de la plaza hay una columna que conmemora el final de la epidemia de peste de principios del siglo XVIII.

La Iglesia es una obra maestra del barroco, los frescos de la cúpula, que tiene más de 50 metros de altura, son impresionantes, también lo son el púlpito y el órgano que, como tantos otros en Praga, fue tocado por Mozart.

El divertimento de la visita consiste en localizar en los frescos del techo al monje chafardero. La leyenda popular explica que, contra el deseo del pintor que no quería que nadie viera su obra hasta que estuviera terminada, se dedicaba a espiar detrás de una columna. El pintor, como castigo y para su vergüenza, lo inmortalizó así en el techo. No resulta difícil encontrarlo y es bastante curioso.

Al salir de la iglesia, nos dirigimos a la calle Karmelitská para visitar los jardines Vrtba.
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Estos curiosos jardines barrocos son un auténtico remanso de paz, tranquilidad y silencio. Un precioso momento para relajarse y descansar de la intensidad con que llevamos la visita a Praga.

Los jardines fueron construidos a principios del siglo XVIII, como un añadido al Palacio del conde Vrtba, y están llenos de elementos mitológicos. Paseando nos encontraremos sin dificultad con Hércules, Baco, Apolo, Juno, Marte o Minerva.

Desde la parte superior podemos gozar de una magnífica vista del barrio de Malá Strana y la iglesia de San Nicolás que acabamos de visitar.

Llega la hora de dirigirnos a otra de las maravillas de Praga y que por sí sola ya justifica la visita, Josefov, el barrio judío.

miércoles, 20 de julio de 2016

En Josefov de la mano de Yehuda Löw ben Becalel

"El edificio del Ayuntamiento judío se alzaba en una esquina, allí donde la Belelesgasse se ensanchaba y desembocaba en la Calle del Rabino, frente a la legendaria sinagoga Vieja-Nueva. Me detuve a admirar la visión de las piedras milagrosas que provenían de las ruinas del Gran Templo de Jerusalén, según algunos." El quinto siervo. Kenneth Wishnia.

Cruzamos una vez más el puente de Carlos y giramos a la izquierda por la calle Křižovnická. En unos minutos llegamos hasta el Centro de Información y Reservas, donde compramos la entrada conjunta para las sinagogas y el cementerio.

Los primeros judíos llegaron a Praga en el siglo X y se establecieron junto al castillo. Tras el gran incendio de 1142 se trasladaron a la ciudad vieja, formando lo que durante siglos se conoció como el barrio judío.
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La comunidad judía de Praga fue muy importante y gozó de un gran prestigio en toda Europa. Fueron los primeros en utilizar la estrella de David como símbolo y su estandarte, la estrella con un sombrero sueco en el centro, fue concedido por el emperador Fernando III en agradecimiento al esfuerzo de la comunidad judía en la defensa de la ciudad sitiada por tropas suecas en 1648, al final de la Guerra de los Treinta Años.

Poco tiene que ver el barrio actual con lo que fue en su pasado. A finales del siglo XVIII fue abolido el gueto lo que permitió a los judíos instalarse en cualquier lugar de la ciudad, algo que tenían prohibido hasta entonces. Con la marcha de los habitantes más pudientes llegaron al barrio los más humildes de otras partes de la ciudad, convirtiéndose en un barrio de casas ruinosas, oscuras tabernas, degradados prostíbulos y vertederos.

Pese a despertar el interés y la fascinación de artistas y bohemios, las autoridades decidieron reurbanizarlo a finales del siglo XIX. De aquel laberinto de calles miserables se salvaron seis sinagogas, el antiguo ayuntamiento judío y el cementerio. Hoy en día constituyen el conjunto de monumentos judíos más importante de Europa.

El 15 de marzo de 1939 las tropas de la Alemania nazi ocuparon el territorio checo y decidieron convertir el conjunto de monumentos judíos en un museo antropológico que diera testimonio de lo que ellos esperaban fuera la raza exterminada. Así, y de una forma increíble, se salvó de la destrucción.
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Empezamos nuestra visita por la Sinagoga Klausen que contiene una gran colección de textos hebraicos y una exposición permanente sobre las tradiciones y costumbres judías. Desde algunas de las ventanas se ve el cementerio judío que está a su lado.

Continuamos por la Sala Ceremonial, un edificio parecido a un pequeño castillo, que se encuentra a su lado. Este edificio fue la sede Jevrá Kadishá, la hermandad fúnebre.

La Jevrá Kadishá era una sociedad caritativa que tenía a su cuidado a las viudas, los huérfanos y las novias sin dote. Se dedicaba también al cuidado de los enfermos y acompañaba a los moribundos en el momento de su muerte, lo que se consideraba el gesto más noble, pues no se podía esperar la retribución del difunto. Ser miembro de la Jevrá Kadishá era un gran honor y no podía serlo cualquiera.

La hermandad también se cuidaba de preparar a los difuntos para el entierro, siguiendo las numerosas costumbres funerarias judías.
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Vamos caminando por U starého hřbitova y llegamos a la Sinagoga Vieja-Nueva, uno de los edificios judíos más antiguo de Europa. No se conoce la fecha exacta de su construcción, pero sí se sabe que fue durante el reinado de Premysl Otakar II, que gobernó entre 1253 y 1278.

A lo largo de los años, la sinagoga ha soportado numerosas catástrofes, incendios sobre todo, saliendo siempre indemne. Se dice que a la sinagoga la protegen fuerzas sobrenaturales.

La leyenda cuenta que la sinagoga es una puerta donde se pueden encontrar Dios y los hombres, por eso los ángeles la protegen y en caso de incendio se transforman en palomas blancas que con sus alas impiden que la sinagoga se incendie.

No es la única leyenda relacionada con la sinagoga. También se cuenta que una noche al año se reúnen los difuntos para repasar la lista de aquellas personas que morirán al año siguiente. Pero con todo, la leyenda más famosa relacionada con la sinagoga es la del Golem.

El Golem es una de las criaturas más conocidas de la mitología hebrea y también uno de los muchos emblemas del merchandising de Praga. Se pueden encontrar figuras del Golem, gorras del Golem, postales del Golem, llaveros del Golem y hasta peluches para niños con la forma del Golem. La palabra Golem figura ya en la Biblia, en el Viejo Testamento, donde significa "germen, embrión".

Dice la leyenda que en la segunda mitad del siglo XVI el rabino Yehuda Löw ben Becalel, hizo un una figura con forma humana, utilizando barro del río Moldava, a la que dibujó en la frente la palabra hebrea Emite (verdad). A continuación le puso una pequeña tira de pergamino con una inscripción mágica en hebreo que contenía el nombre de Yahveh, momento en el cual la figura cobró vida.
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Desde entonces, el Golem se dedicó a ayudar a los judíos en sus tareas diarias y a protegerlos de persecuciones.

El Golem tenía que dormir cada shabat (el día sagrado). Pero un sábado la hija del rabino se puso enferma y Yehuda Löw olvidó retirar de la boca de su criatura la tira de papel. Un descuido fatídico.

El Golem enloqueció y sin atender a órdenes escapó arrasándolo todo a su paso, destrozando casas y matando personas. La comunidad le pidió al rabino que acabara con el monstruo y éste, acercándose a él, le borró una letra de la frente, en lugar de Emite (verdad), la palabra que quedó fue Met (muerte). Aprovechó también para retirarle la tira de la boca momento en el cual el monstruo se desplomó pasando a ser de nuevo una figura de barro.

El rabino lo subió a la planta alta de la sinagoga, donde tras una puerta cerrada con la prohibición expresa de ser abierta, pasó a convertirse en polvo. Y desde entonces ahí ha permanecido. O tal vez no.

Se cuenta que el Golem despierta una noche cada 33 años y que nunca murió del todo, que sigue ahí para proteger a los judíos de Praga.

Una leyenda que hasta los propios nazis creyeron. En 1942, dos altos cargos de las SS subieron a inspeccionar la habitación donde, según la tradición, reposan los restos del Golem. Consta la hora en la que entraron. Se les vio subir. Nunca más, sin embargo, se les volvió a ver.

Las autoridades alemanas fueron avisadas. Por lo que pudiera pasar -o al menos, para no alimentar rumores -Heydrich, máxima autoridad nazi, decidió sellar la parte superior de la Sinagoga.

Nunca se supo si allí se escondían miembros de la resistencia anti-nazi o el monstruo de arcilla. La buhardilla continua cerrada y nadie ha vuelto a entrar.
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Al lado de la Sinagoga Vieja-Nueva se encuentra el antiguo ayuntamiento judío con su torre con dos relojes, el inferior con caracteres hebraicos y que funciona en sentido contrario al nuestro.

Tomamos la calle Široká y nos dirigimos a la Sinagoga Española la que para nosotros resulta la más espectacular de las seis. Pero antes de entrar tenemos tiempo de disfrutar de la peculiar escultura de Kafka que Jaroslav Rona hizo como homenaje en 2003. Representa al escritor sentado en brazos de una chaqueta vacía, intrigante temática que encontramos en su primera narración, Descripción de una lucha.
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Ya en el interior de la sinagoga experimentamos una reacción similar a las que hemos tenido al contemplar las bibliotecas barrocas, es tan espectacular que te apabulla. El interior está decorado con motivos mozárabes que recuerdan mucho a la Alhambra de Granada, de ahí su nombre de Sinagoga Española, es imposible encontrar un espacio vacío, todo, absolutamente todo, está decorado. En su interior hay una exposición sobre la historia de los judíos en Bohemia y Moravia.

Se ha hecho la hora de comer y frente a la sinagogas tenemos uno de los restaurantes que nos apetecía visitar, el V Kolkovne.

Nos dejamos llevar por el entusiasmo y pedimos un plato que contiene una muestra de la cocina checa. Ante nosotros aparece un cuarto de pato, una paletilla de cerdo, unas lonchas de carne ahumada, una salchicha gigante, chucrut, pan, tocino y bolas de patata. Es pantagruélico, tendríamos que haber pedido un solo plato para compartir, como vemos que hacen unos vecinos de mesa, pero ya puestos le damos buena cuenta. Acompañamos la comida de tres de nuestras cervezas de medio litro favoritas, la mezcla a partes iguales que hacen de cerveza lager y cerveza negra y que finalmente averiguamos que se llama Rezané. Necesitamos dos cafés para alojar definitivamente la comida. Todo nos cuesta 1051 coronas, no es barato, pero sí para lo que hemos comido, hay platos mucho más baratos y tienen también un menú diario. Tanto la comida como el servicio, excelentes.
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Con nuevas energías retomamos el camino y nos dirigimos a la Sinagoga Maisel. Como parte del Museo Judío atesora numerosos libros antiguos, objetos decorativos y joyas. Fue construida a finales del siglo XVI como sinagoga privada del alcalde de la ciudad Mordecai Maisel.

De la sinagoga Maisel nos encaminamos a uno de los lugares más estremecedores de la visita, la Sinagoga Pinkas, que se ha convertido en un monumento en homenaje a las víctimas checas del holocausto, unas 80.000, cuyos nombres cubren todas la paredes. Es una visión desgarradora, un lugar y un momento muy intensos.

Desde la propia sinagoga se accede al lugar más emblemático de Josefov, el viejo cementerio judío de Praga.

martes, 19 de julio de 2016

Del viejo cementerio a los Rolling Stones

""En ello, me topé con un libro que contenía unos bellos grabados del cementerio judío de Praga. Ya abandonado, había casi doce mil lápidas en un espacio de lo más angosto, pero las sepulturas debían de ser muchas más porque en el transcurso de algunos siglos, habían sido superpuestos muchos estratos de tierra." El Cementerio De Praga. Umberto Eco.

Se cree que el cementerio fue fundado en el siglo XV, dado que la lápida más antigua que se conoce es la del poeta Avigdor Kara que murió en 1439.

Son unas 12.000 las lápidas que se amontonan de forma abigarrada en este estrecho espacio, pero los cuerpos que yacen se estiman en unos 100.000. El gueto no podía crecer, y por lo tanto el cementerio tampoco, así que los cuerpos se tenían que apilar unos encima de otros, separados por 60 centímetros de tierra según marca la tradición judía. En algunos sectores del cementerio hay doce capas de enterramientos.

Como no podía ser de otra manera, la tumba más famosa pertenece al rabino Yehuda Löw ben Becalel, sí, por supuesto, el mismo del Golem.
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Se dice que el rabino tiene un poder mágico y que en una ocasión movió la lápida de su tumba para poder dar cabida a su nieto Samuel que quería estar enterrado con él. Por eso los visitantes escriben sus deseos en pequeños papelitos que depositan en su tumba, con la esperanza de verlos cumplidos.

Una de las leyendas más famosas del cementerio también tiene que ver con el rabino Löw. Se cuenta que los niños muertos a causa de la peste y enterrados en el cementerio se levantaban de sus tumbas para interpretar cada noche una macabra danza de la muerte.

La comunidad estaba espantada pero el rabino le pidió al más valiente de sus discípulos que se acercara por la noche y arrancará a uno de los muertos su camisa. Así lo hizo y cuando el niño muerto fue llorando a buscar su camisa, el rabino pudo preguntar el por qué de la danza. Así se enteró que uno de los niños había sido asesinado por su madre y hasta que ésta no fuera castigada no tendrían la paz. La justicia fue inexorable, enterraron viva a la madre asesina y atravesaron su corazón con una estaca. Los niños muertos descansaron en paz.

Finalizada nuestra visita al barrio judío, nos encaminamos a la plaza vieja para dar cuenta de una de las visitas que teníamos pendiente, la de los subterráneos del Ayuntamiento.
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Es una visita que solamente se puede hacer guiada, cuando llegamos solo quedan disponibles una en checo y otra en italiano. Obviamente elegimos esta última.

Solo hace dos días que Italia nos ha eliminado de la Eurocopa, así que nos resignamos a ser objeto de bromas y chanzas por parte de alguno de los grupos de italianos que pueblan la ciudad y que suponemos encontraremos en la visita, cuando para nuestra sorpresa descubrimos que somos los únicos dispuestos a hacer la visita.

La guía del Ayuntamiento se horroriza al descubrir que somos españoles, puesto que no sabe ni una palabra de español, pero la tranquilizamos diciéndole que no hay ningún problema en que haga la visita en italiano, entonces nos horrorizamos nosotros cuando nos comenta que ella tampoco sabe mucho italiano, que tan solo ha memorizado un texto para poder guiar la visita. Afortunadamente, no es del todo cierto, algo sí que sabe y, en todo caso, lo suficiente para podernos comunicar con relativa facilidad.
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Con todo aclarado, empezamos nuestra visita “privada” a los sótanos del ayuntamiento. Lo primero que vemos son los sótanos románicos que se extienden por debajo de la plaza y que sirvieron de prisión durante la Edad Media. A continuación vamos a los sótanos góticos, que una vez fueron la planta baja y el acceso al ayuntamiento y que ahora se encuentran 4 metros por debajo de la calle. Este lugar también fue utilizado como cárcel municipal. La visita acaba en una habitación de la planta baja, justo debajo de la torre, donde se encuentra una cruz de madera quemada hecha con los restos del Ayuntamiento bombardeado en los días finales de la II Guerra Mundial, y que sirve de homenaje a los resistentes que murieron defendiendo el hospital de campaña y el centro de mando que estaban instalados en los sótanos del ayuntamiento.

Nos encaminamos ahora al Teatro de los Estados para ver “Il Commendatore,” la escultura de Anna Chromy que homenajea a la ópera Don Giovanni de Mozart que se estrenó en Praga. Una obra realmente inquietante.
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Anna Chromy es una de las pocas discípulas de Salvador Dalí. Ella misma explica que junto con otros estudiantes de arte fue recibida por Dalí en una suite del hotel Meurice de París. Cuando le mostró su trabajo, Dalí exclamó: “Estos dibujos me indican claramente que usted no es una mujer, porque todo el mundo sabe que las mujeres no tienen fantasía. Es la primera vez que veo a una mujer pintar como un hombre.” Genio y figura machista.

Después de la comida con la que nos hemos homenajeado, es obvio que no vamos a cenar, así que después de descansar un rato en el hotel, atravesamos el puente de Carlos para dirigirnos a Kampa y pasear tranquilamente por el parque, bordear el río y esperar el anochecer.

Después de un relajado paseo, llegamos al Puente de las Legiones, llamado así en homenaje a los voluntarios checos y eslovacos que lucharon contra los Habsburgo, junto a los aliados en la primera guerra mundial, pese que su país pertenecía al imperio Austro-Húngaro. Eran nacionalistas y lo hicieron como una forma de conseguir la anhelada independencia.

El puente comunica la Ciudad Pequeña (en la ribera de Kampa) con la Ciudad Nueva. Observamos con calma el imponente edificio del Teatro Nacional frente al que se ubica el Café Slavia, de estilo funcionalista, que es donde se reunían, los artistas e intelectuales durante la dictadura. Havel era uno de los clientes asiduos.
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Giramos a la izquierda en dirección al puente de Carlos en busca de una buena perspectiva para fotografiar el Castillo iluminado. Algo que tendremos que agradecer a los Rolling Stones.

Poco tiempo después de la Revolución de Terciopelo, Praga se abrió al mundo y fueron numerosos los artistas que quisieron actuar en ella. Los Rolling hicieron un concierto en la ciudad y entablaron amistad con el presidente Havel, un gran fan del grupo.

Impresionados por la belleza del castillo le preguntaron por qué no se podía disfrutar de él por la noche, con una iluminación adecuada. A lo que el presidente les respondió que con un país que estaba saliendo de la dictadura, con todos los problemas que tenían, era un gasto que no podía priorizar. Ni cortos ni perezosos, decidieron sufragar el gasto de su bolsillo y la iluminación que disfrutamos hoy todavía es la que ellos pagaron.

Con las fotos del castillo y el puente calentitas, nos retiramos al hotel a descansar. Por hoy ya ha sido suficiente.

lunes, 18 de julio de 2016

Un café cubista

"Voy andando por Praga pensando en todo esto, voy con paso veloz, mi cuerpo levemente doblado, la cabeza un poco inclinada, ondeando como si ráfagas de viento me arrastrasen a uno y otro lado de la acera. Llevo las manos cruzadas a la espalda, y mi zancada es larga. Me alcanza una ansiedad indefinida que va acompañada de un abismo mortal y del sereno tedio de los últimos meses, aunque es un vacío muy optimista. Después de todo, no puedo olvidar que voy hacia el Café Kubista.” Exploradores del abismo. Enrique Vila-Matas.

Hoy es nuestro último día en Praga, las horas que nos quedan las queremos dedicar a visitar diferentes lugares que, por una razón u otra, han quedado pendientes. Iremos a la Casa Municipal, a la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn, la Plaza Wenceslao, la Estación Central y el Museo del Comunismo.

Salimos del hotel y desde la Plaza Vieja tomamos la calle Celetná para dirigirnos a la Casa Municipal.
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La calle Celetná tiene un regusto especial para todos los amantes de Borges, no por casualidad y en una poco velada referencia a Kafka, el genio argentino situó aquí, en un apartamento indefinido, la vivienda de Jaromir Hladik, el ficticio y desdichado escritor protagonista de "El milagro secreto".

Pero más allá de la literatura, la calle Celetná, tiene muchos encantos reales. Es pronto y está tranquila, una buena oportunidad para fijarnos un poco en el conjunto de edificios singulares que la salpican toda entera.

La casa Sixt, en el número 2, fue donde vivió Kafka desde 1888 hasta 1889, cuando tenía cinco años. Luego, la familia se trasladó al número 3, a la Casa de los Tres Reyes, donde pasó sus años de infancia y adolescencia.

En el número 12 se encuentra el barroco Palacio Hrzán. Hay que obviar el “atrapa turistas” Museo de la Tortura de los bajos para elevar la vista y disfrutar de su espectacular fachada. Justo a continuación, en el número 14, está la tienda de recuerdos de la Univerzita Karlova, camisetas y sudaderas originales, pero un poco caras.
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Justo enfrente, en el número 11, está la Casa del León checo con su curiosa fachada barroca con características neo-rococó. Continuando por la izquierda, nos encontramos con otro edificio barroco, el Palacio Millesimo, en el número 13, con su espectacular relieve en la entrada.

De vuelta a la derecha, en el número 22, está la Casa del Buitre, que hoy aloja el restaurante U Supa, pero que en tiempos fue una afamada fábrica de cerveza.

Un poco más adelante, en el número 17, la Casa Manhart ofrece una espectacular mezcla de estilos. Originalmente gótica, fue reconstruida en forma renacentista y, finalmente, una nueva reconstrucción la convirtió en barroca. Siempre ha estado relacionada con el teatro, ya en el siglo XVIII era famosa por sus funciones de teatro, sus conciertos y otras actividades artísticas. Hoy aloja al Instituto de Teatro y la sala de representaciones Divadlo v Celetná, que ofrece funciones de teatro independiente a cargo de compañías locales.

En el número 21, está la Casa del águila roja, también conocida como la Casa del ciervo en el caldero. Ahora hay una tienda de recuerdos, pero en sus tiempos había una cafetería frecuentada por escritores, entre los que destacaba Karel Hynek Mácha, considerado el iniciador de la poesía checa moderna.
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Si seguimos adelante, en el número 34, nos encontramos con la impresionante Casa de la Virgen Negra, tiempo habrá para hablar de ella, cuando en unos minutos vengamos a disfrutar de su terraza en el Grand Café Orient.

Regresamos a la izquierda para ver el impresionante V Templu, en el número 27, cuya fachada neoclásica esconde el lugar donde tenían su sede los Caballeros Templarios y que, tras su disolución en 1312, continuaron conservando para mantener reuniones secretas en su sótano.

En el número 29, donde hoy está el Hotel Barceló, encontramos la casa del ángel de oro, que en tiempos fue uno de los hoteles más lujosos de Praga, donde se alojaban mandatarios y, por supuesto, Wolfgang Amadeus Mozart.

Enfrente, en el número 36, está el espectacular edificio de la antigua Casa de la Moneda de la Ciudad Vieja, un lugar que puede pasar desapercibido si en lugar de por la acera tomas el camino de la porticada. Fue casa de la moneda y capitanía militar de la guarnición de Praga, actualmente alberga el Tribunal de Distrito de Praga 1 y el Tribunal de Distrito de Praga 7. Son especialmente llamativas las monumentales esculturas de su fachada, dos mineros que recuerdan su función de casa de moneda y dos militares evocan sus tiempos de cuartel.

Finalmente, y ya a punto de llegar a la Torre de la Pólvora, nos encontramos, en el número 31, con el palacio Pachtovský, un gran edificio neoclásico de mediados del siglo XVIII que hoy es edificio administrativo del Ministerio de Justicia.

Tras alcanzar la Torre de la Pólvora nos dirigimos a la Casa Municipal, el más espectacular edificio modernista de Praga. Queremos verlo por dentro, y eso solamente es posible con una visita guiada. Compramos las entradas y como todavía falta cerca de una hora para que de inicio la ruta, nos acercamos al Grand Café Orient.
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El café ocupa dos de las plantas de la Casa de la Virgen Negra, el espectacular edificio cubista que el arquitecto Josef Gočár proyectó en 1911. Además del café, el edificio alberga una exposición permanente dedicada al cubismo checo. Podemos encontrar bronces, mobiliario, carteles y cerámicas de grandes artistas.

El cubismo checo es un movimiento artístico único en el mundo. En 1910, un grupo de arquitectos y artistas de vanguardia decidieron aplicar los conceptos de la pintura cubista de Picasso y Braque a la arquitectura y el diseño, dando lugar así a creaciones tan espectaculares y curiosas como este edificio o la farola de al lado del restaurante U Pikasu.

El café está perfectamente integrado en el ambiente, todo el mobiliario fue diseñado por el propio Goçár y tanto la monumental barra, como las lámparas, los espejos y cortinas, encajan en el estilo cubista.

Hace buen tiempo y salimos a la terraza que da a Ovocný trh a disfrutar de unos pastelitos típicos checos, un zumo y un café (nuestro segundo desayuno de hoy). Tomando el sol, dejamos pasar tranquilamente el tiempo y cuando se acerca la hora nos encaminamos de nuevo a la Casa Municipal.

domingo, 17 de julio de 2016

Una Casa Municipal que no tiene nada de Ayuntamiento

"Fundé una escuela de música donde, con la ayuda de otros profesores, daba clases de piano y de música de cámara, concentrándome preferentemente en la música checa: Smetana y Dvořák, por supuesto, pero también Janáček." La mujer silenciosa. Monika Zgustova.

A principios del siglo pasado, las tres comunidades de Praga -checos, alemanes y judíos- rivalizaban, sobre todo los dos primeros, para dotarse de más y mejores instituciones que elevaran su prestigio por encima de los demás.

Así, a la construcción de la Ópera Alemana de Praga (actualmente Ópera Estatal de Praga), los checos respondieron con la decisión de construir la Casa Municipal, que aunque su nombre nos sugiera un ayuntamiento, fue construida como un centro cultural de la comunidad checa.


postitAl concurso que se abrió para elegir proyecto se presentaron numerosos arquitectos, pero fue declarado nulo y finalmente fueron designados dos arquitectos antagónicos, el joven modernista Osvald Polívka y el anciano y clásico Antonín Balšánek. Un explosivo cóctel que, a pesar de la mutua antipatía y desdén que sentían el uno por el otro y que les llevó a no dirigirse la palabra durante los siete años que duró la obra, entre 1905 y 1912, y solamente comunicarse por escrito, milagrosamente acabó bien.

En su momento fue lo más de lo más. Los dos ascensores que vemos nada más entrar fueron los primeros que se instalaron en Praga. Actualmente continúan funcionando, aunque no es de extrañar, tienen un uso muy limitado. Uno nada más lo puede utilizar el presidente de la República y el otro es de uso exclusivo del alcalde de Praga.

No eran estos los únicos adelantos de la época, había maquinas de hielo para las bebidas, cafeteras italianas, lavandería al vapor y calefacción central que todavía sigue funcionando.
postitDespués de recrearnos con la Apoteosis de Praga, el gran mosaico semicircular de la fachada, entramos para encontrarnos con la que será nuestra guía y las seis personas con que vamos a compartir la visita.

Subimos las escaleras y se abre para nosotros la Sala Smetana, el mayor espacio de toda la Casa Municipal, una gran sala de conciertos con un aforo de 1.200 personas. Destaca el gran órgano modernista, uno de los más grandes del país.

El nombre de la sala de conciertos es un homenaje de Praga al creador de la música checa moderna Bedrich Smetana. Cada 12 de mayo se inaugura la Primavera de Praga con la interpretación en la sala de su sinfonía “Mi Patria”. Curiosamente, a pesar de ser un destacado militante nacionalista, no habló checo hasta los 25 años.
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A continuación continuamos la visita por los diferentes salones que rodean la Sala. El primero es la Confitería, que ya no se utiliza para el propósito para el que fue diseñado. Son impresionantes las paredes de estuco pero lo que más llama la atención es el mueble de la cafetera.

Viene después el Salón Moravo-Eslovaco, decorado con temas de arte popular y un peculiar acuario.

El siguiente en el recorrido es el Salón Božena Němcová, llamado así en honor a la escritora checa. Tiene una fuente cerámica de agua con una estatuilla de la escritora. Pasamos al Salón oriental, llamado así por la decoración de inspiración islámica, muy de moda en aquel momento.
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Llegamos ya a uno de los grandes salones, el de Grégr, con un precioso balcón que sirve para instalar la orquesta durante las sesiones de baile. El techo es espectacular, František Ženíšek pintó el tríptico Vida, Poesía y Muerte y en la pared, enfrente de las ventanas, el tríptico Canción de Amor, de Guerra y Funeral. La sala lleva el nombre de Julio Grégr, un influyente periodista nacionalista de la época.

El Salón Palacký, decorado con imágenes de leyendas populares, da paso a otra de las maravillas del recorrido, el Salón del Alcalde, el único espacio redondo obra absoluta de Alfons Mucha. No cobró nada por el trabajo pero puso la condición de poder trabajar con absoluta libertad. Todo el interior es homogéneo pues Mucha no solo hizo las pinturas del techo sino que se responsabilizó del diseño de todo, vidrieras, cortinas, muebles. El tema central es una exaltación a la cultura y la nación checas a través de sus virtudes, personificadas en diferentes personajes históricos.
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El salón de Riegerův, obra de Max Švabinský, representa a los más importantes músicos, artistas, escritores e intelectuales de la época. La Sala de Sladkovský representa una excepción a las otras salas grandes, ya que es la única sin decoración pintada, lo que fija la atención en los diferentes detalles de la decoración, lámparas y cortinas.

La visita acaba en el Bar Americano, el primer bar donde las mujeres podían ir solas, sin ser acompañadas por un hombre u otra mujer.
Ha sido una hora intensa de inmersión en un estilo y una época apasionantes.

Dejamos la Casa Municipal y enfilamos el camino de la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn, Todo lo que es espectacularidad por fuera se convierte en decepción por dentro. No es la visita que esperábamos.

La vecina Iglesia de san Nicolás compensa la decepción, unos bellísimos frescos y una espectacular lámpara de cristal de Bohemia, nos devuelven el buen sabor de boca.

Es hora de comer y decidimos despedirnos de la comida checa en Lokal, el lugar donde mejor nos han servido el řezané, esa maravillosa mezcla de cerveza negra y cerveza rubia. Dos contundentes platos de la cocina checa, un entrante de salchichas, dos postres y las cervezas por 550 coronas.
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Después de comer nos dirigimos a la plaza de Wenceslao, con una primera visita a la Galería Lucerna, que ocupa parte de los bajos del Palác Lucerna uno de los edificios más grandes de Praga, construido por el abuelo de Vaclav Havel entre los años 1907 y 1920. Nuestro objetivo es contemplar otra de las esculturas de David Černý, El Caballo.

La estatua es una reproducción exacta de la que se encuentra en la plaza, pero con el caballo boca abajo, atado por las patas, muerto y con la lengua fuera. Llamativa e impresionante, ninguna estatua de Černý deja indiferente.

La visita a la galería merece la pena no solo por la estatua. Llama poderosamente la atención el Kino Lucerna, el más antiguo cine de la ciudad, funcionando sin interrupción desde 1907. La lástima es no poder entrar para disfrutar de su interior modernista.
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La Cafetería Lucerna es otro de los lugares interesantes de la galería. Una decoración modernista y unas vistas perfectas sobre la estatua y los pasillos, son los atractivos de la vista.

Finalmente, en otra galería situada al otro lado de la calle, podemos contemplar la gran vidriera publicitaria de Radio Tesla, la compañía que produjo casi todos los productos electrónicos en el país hasta 1989.

Salimos de nuevo a la Plaza de Wenceslao, epicentro de las grandes manifestaciones de la Revolución de Terciopelo, cuando miles y miles de checos se manifestaban agitando sus llaveros para exigir la apertura del simbólico candado que los tenía encerrados y que, con su movilización, pusieron fin al régimen comunista.
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No se puede pasear por la plaza sin dirigir la mirada al Gran Hotel Europa y su vecino, el pequeño Hotel Meran, dos nuevas joyas del modernismo en las calles de Praga. Son numerosos los edificios de la plaza que merecen interés, pero lo tendremos que dejar para otra ocasión.

El Museo Nacional, en cuya acera se encuentra el monumento conmemorativo a la muerte de Jan Palach, el estudiante que, en 1969, se inmoló en protesta contra la invasión soviética de Checoeslovaquia de 1968, está completamente cubierto por una lona debido a obras de restauración, así que lo dejamos a nuestra espalda y giramos a la izquierda camino de la Estación central de ferrocarriles.
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Una vez dentro de la estación hay que seguir las indicaciones de Historická budova nádrazí para acceder a otra de las maravillas que mantiene semi escondida la ciudad de Praga, la modernista estación de ferrocarriles, con su cafetería, instalada en la antigua sala de ventanillas, como observatorio privilegiado de toda esta maravilla.

Desde la estación nos dirigimos al Museo del Comunismo, una visita imprescindible para todos los amantes de la historia. Una visión ordenada de toda la época comunista en Checoslovaquia, con todos los plafones informativos escritos en diferentes idiomas, incluido el castellano, y con numerosos recuerdos de la época.

Se acerca la hora de nuestra partida. Y aunque ahora necesitaremos procesar todo lo que hemos visto y vivido en estos intensos 4 días, seguro que la conclusión será que querremos volver. Volver para recorrer con calma las calles y admirar una vez más los maravillosos edificios de esta magnética ciudad y para visitar lo que hemos descartado por falta de tiempo (el Museo Mucha, la torre de telecomunicaciones, la Iglesia de San Cirilo y San Metodio…)
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Un último apunte. Hemos estado en Praga y no hemos asistido a ninguna representación de teatro negro, ni a ninguno de los numerosos conciertos que cada día puedes encontrar en diversas iglesias o edificios culturales de la ciudad. En el primero de los casos, no somos entusiastas de esta forma de representación. Además, habíamos leído críticas muy contradictorias, por lo cual decidimos simple y llanamente pasar, por muy típico y tradicional que sea. En cuanto a los conciertos, seguro que los hay de muy buenos y seguro también que los diferentes entornos donde se desarrollan son maravillosos y contribuyen a crear un clima único. Íbamos decididos a asistir a uno, pero una vez allí, se nos fueron las ganas, están todos enfocados de cara al turista (hasta te regatean el precio!!!).

Ahora sí, finalizamos nuestra estancia en Praga, como no podría ser de otra manera, con una cerveza en una terraza de la plaza Jungmann. Con el sabor de la espuma aún en la boca (pronto será ya únicamente recuerdo), nos dirigimos al aeropuerto para regresar ya a casa.