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viernes, 30 de noviembre de 2012

Corea y Japón 2010: preparando el viaje

"Encontré a Lee Jung Sup en el barrio Kwang Bok Dong. Llevaba el mar sobre la cabeza." Poesía coreana actual. Kim Chun Su



Después de haber hecho el año anterior un primer viaje a Japón, nos quedamos con ganas de volver para poder hacer alguna que otra visita que, por falta de tiempo, no pudimos realizar.

Volver a visitar únicamente Japón nos parecía un exceso, así que lo decidimos combinar con unos días en Corea. Fue un acierto:Corea también nos enamoró, como ya lo había hecho con anterioridad Japón.

Preparar un viaje a Japón es de las cosas más sencillas que uno puede imaginar. En Corea las cosas también son sencillas, tan solo alguna dificultad mayor con el idioma y menor cantidad de información respecto a Japón.

Para los preparativos recurrimos al indispensable Foro de los viajeros, un instrumento que, desde hace años, se nos ha demostrado de una asombrosa utilidad cualquiera que sea el destino.

La Lonely Planet de Japón es también un instrumento altamente recomendable. Nosotros preferimos sacarle todo el jugo previamente que no tener que acarrear con ella durante todo el viaje.

La Organización de Turismo de Corea edita una magnífica Guía de Corea en español que se puede solicitar aquí. La envían por correo, completamente gratuita, y tardan entre 20 y 30 días.

Para recoger información usamos también decenas de páginas web con informaciones concretas o experiencias de viajeros. Al final añadiremos un apéndice con la relación de las mismas.

Los datos prácticos sobre la reserva de alojamientos o transportes también los incluimos en el apartado final.

En las páginas siguientes encontrareis un pequeño relato de lo que fue nuestra experiencia. No habrá nada de lo que se puede encontrar en cualquier guía, simplemente algún que otro dato práctico y nuestras propias impresiones. El único objetivo de estas páginas es que puedan servir de ayuda a alguien que esté preparando su viaje, de la misma manera que muchas páginas nos sirvieron de ayuda a nosotros. Si a alguien le es de alguna utilidad ya nos daremos por satisfechos.

Para facilitar las cosas, en los lugares que visitemos, iremos poniendo el enlace con la página correspondiente de  la Organización de Turismo de Corea que facilita, en castellano, detalladas explicaciones e información.

Por lo que respecta a Japón hay que tener muy claro que se trata de un segundo viaje. Por eso no repetimos estancia en Kyoto y en Tokio no aparecen visitas tradicionales como Asakusa u Odaiba, que ya habíamos visto en nuestra primera estancia. Por el contrario, sí que visitamos barrios que no son tan habituales, como Shimokitazawa, Kawagoe o Shibamata.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El itinerario


Con toda la información sobre la mesa procedimos a definir el itinerario, que finalmente resultó el siguiente:

Seul (A), Gyengju (B), Busan (C), Fukuoka (D), Osaka (E), Hiroshima (F), Miyajima (G), Kanazawa (H), Shirikawa-go (I), Takayama (J), Tokyo (K).

El recorrido tiene una pequeña incongruencia, desde Fukuoka lo lógico hubiera sido ir primero a Hiroshima-Miyajima y después a Osaka y no al revés como lo hicimos. Tiene una explicación, teníamos que estar un día determinado en Osaka para poder saludar a unos amigos japoneses que solamente disponían de ese día para poder acercarse a vernos, de no ser así no hubiéramos planteado el recorrido como lo hicimos.

Por otra parte, desde Seul aprovechamos para visitar la DMZ (Zona desmilitarizada de Corea), desde Osaka también aprovechamos para visitar Uji y desde Tokyo visitamos tanto Yokohama como Hakone.

El viaje lo realizamos entre el 25 de julio y el 12 de agosto de 2010.




miércoles, 28 de noviembre de 2012

Primeras horas en Seúl

“¿Es esto Seúl? A mi incrédula pregunta mamá respondió que no, que ahora estábamos en las afueras de Seúl y que cuando mi hermano consiguiera trabajo y ganase mucho dinero, entonces nos iríamos a vivir dignamente a Seúl.” Memorias de una niña de la guerra. Park Wan-seo



Después de un largo viaje desde Barcelona, con Finnair vía Helsinki, aterrizamos en el aeropuerto de Seúl a las 8:30 de la mañana. Primera incidencia, una de nuestras maletas no aparecía. Nunca antes nos había pasado, pero estadísticamente supongo que ya nos tocaba. Nuestra primera relación con coreanos fue con el personal de tierra de Finnair. Eficientes y amables, nos tranquilizaron y ayudaron a hacer la reclamación además de proporcionarnos un neceser para cubrir las primeras necesidades.

No estábamos dispuestos a que el percance nos fastidiara el viaje, así que después de hacer el cambio de moneda en una oficina bancaria del aeropuerto, nos dirigimos a un mostrador de la compañía de taxis que nos proporcionó uno que nos conduciría al hotel.

En el trayecto del aeropuerto hasta Seúl, recibimos una llamada de teléfono, era del personal de Finnair que nos comunicaba que habían localizado nuestra maleta. Se había quedado en Helsinki. Nos garantizaron que llegaría a Seúl en el vuelo del día siguiente y que nos la harían llegar a nuestro hotel, como efectivamente así resultó.

Reconfortados en nuestro ánimo, y tras un trayecto de una hora desde el aeropuerto de Incheon, el taxi nos dejó a las puertas de nuestro hotel, el Doulos, un pequeño y sencillo hotel perfectamente situado, a 100 metros de la estación de metro de Jongno 3-ga de la línea 1 y a una distancia similar de Cheonggyecheon, el pequeño riachuelo canalizado que cruza el centro de Seúl.

Tras dejar las maletas en hotel, nos dirigimos a Insa-dong, con el objeto de tomar un primer contacto con la ciudad, comer algo y hacer un poco de tiempo para tomar nuestra habitación y descansar un poco. Paseamos tranquilamente por los comercios de la zona y cuando fue ya la hora, nos dirigimos al hotel para descansar un poco.

La tarde la dedicamos a recorrer Cheonggyecheon, junto con numerosos coreanos que disfrutaban de la misma experiencia. Llegamos hasta Dongdaemum, donde, después de disfrutar de un improvisado concierto (¿pop-rock coreano?) al aire libre por un esforzado espontáneo, entramos en un agradable restaurante de los muchos que pueblan la zona y disfrutamos de nuestra primera cena coreana, una deliciosa carne que cocinábamos nosotros mismos en una pequeña barbacoa en la mesa, acompañada de diferentes salsas (todas ellas picantes, por supuesto) y de los deliciosos aperitivos coreanos, sin que faltara el omnipresente en toda la cocina coreana kimchi. Fue también nuestro estreno con los palillos coreanos que, a diferencia de los chinos o japoneses, no son de madera, sino metálicos, algo más pesados y más delgados. La extrema amabilidad de la camarera y sus atentas explicaciones. no fueron más que el preludio de lo que sería toda nuestra estancia en Corea. Con su simpatía y amabilidad, la gente de Corea nos robó el corazón.

Saliendo del restaurante y con el estómago reconfortado, regresamos a nuestro hotel para emprender al día siguiente el que sí sería nuestro primer día de turismo en Seúl.

Insa-Dong
Cheonggyecheon


Dongdaemum
Dongdaemum


martes, 27 de noviembre de 2012

De Gyeongbokgung a Namsangol para acabar en la Torre de Seúl

"Al principio no supe que hacer porque no me gustaba la vida de Seúl. Pareces que estás ido, me decía miles de veces, hasta que me acostumbre a Seúl. Por mucho tiempo viví lejos de aquí, pero estos paisajes del campo vivían en mi mente." La familia de Abe y otros relatos. Chon Sangguk



Tras desayunar abundantemente en el hotel nos dirigimos caminando, bajo una fina pero persistente lluvia, hasta el Palacio de Gyeongbokgung que distaba apenas unos 15 minutos del hotel.

Lo primero que llama la atención es la amplitud de los espacios. Se puede pasear con tranquilidad sin el agobio de multitudes que te acompaña en otras atracciones turísticas similares. Vamos viendo las distintas dependencias mientras se acerca la hora del acto de apertura de la puerta principal y el cambio de la guardia.

Los personajes, ataviados a la manera de la época Joseon, forman un precioso y colorista cuadro. Una de las cosas que más me ha llamado la atención de Corea es el colorido. Colorido en los templos, en los vestidos y uniformes de época, etc. La ceremonia se va desarrollando al ritmo de los tambores y sabe combinar lo espectacular con lo entrañable. Antes de visitar el Palacio es conveniente conocer el horario de las diferentes ceremonias para adecuar a ellas nuestra visita y tener en cuenta que los martes no se celebran.

Acabada nuestra visita nos dirigimos al Lotte Hotel, para ultimar la excursión que al día siguiente íbamos a realizar a la DMZ (Zona Desmilitarizada). Si bien ya habíamos reservado la excursión por correo electrónico desde antes de emprender el viaje, íbamos a pagarla y a confirmar que no habría ningún problema. El Lotte Hotel está a pocos metros de la parada Eujiro 1-ga del metro y hacía allá fuimos.

El metro en Seúl es sencillo de utilizar, cómodo y rápido. A la entrada de la estación, y en unas máquinas expendedoras que facilitan las instrucciones en inglés, pudimos comprar la tarjeta de viaje que, una vez acabado el saldo, se puede recargar en las mismas máquinas. Llama la atención encontrar armarios con máscaras antigas en los andenes del metro, y aunque pudiera parecer una consecuencia de la proximidad de Seúl a Corea del Norte, no se debe a ello, es un efecto más de la masacre del metro de Daegu. Como al emprender el viaje no lo sabíamos, no nos recorrió el escalofrío que ahora sentimos cuando pensamos en ello.

En la sexta planta del edificio que aloja el Lotte Hotel están las oficinas del ICSC (International Cultural Service Club) que organiza la vista a la DMZ. No tuvimos ningún problema con la reserva que teníamos hecha, pero sí con la excursión que teníamos contratada. Queríamos visitar Panmunjom, pero no éramos los únicos, la secretaria de estado USA, Hillary Clinton, había tenido la misma idea en el mismo día, así que, por motivos de seguridad, se habían anulado las visitas a Panmunjom y tuvimos que reacomodarnos en el tour que incluía el tercer túnel.

Resueltos los detalles de la excursión ,nos adentramos en los alrededores del Lotte Hotel, una de las zonas comerciales más animadas de Seúl. Decidimos comer en un restaurante que tenía muy buena pinta. A menos que seas mexicano, en Corea se ha de tener cierto cuidado con la comida, lo normal es que sea muy picante, y “muy” quiere decir “mucho-mucho”. A pesar de que la camarera me aseguró que el pollo con cacahuetes que había pedido no picaba, el susto me lo llevé al contemplar un plato completamente rojo donde, debajo de una capa de guindillas que cubría toda la superficie, estaban los trozos de pollo. Con todo, la comida era deliciosa.

Tras la comida, paseamos tranquilamente por el barrio, entramos en algunas tiendas, y tomamos de nuevo el metro en la parada de Euljiro 1-ga donde cogimos la línea 2 en dirección a Euljiro 3-ga/Bangbae. Bajamos en Euljiro 3-ga y transbordamos a la línea 3 en dirección a Ogeum, bajando en la parada de Chungmuro. Puede sonar muy complicado pero en realidad apenas tardamos 10 minutos.

A pocos metros de la parada de Chungmuro se encuentra la Aldea Tradicional Coreana Namsangol, una fiel reconstrucción de una aldea, con numerosas casas tradicionales, donde se puede ver el trabajo de los artesanos. Los fines de semana se realizan ceremonias de boda al estilo tradicional. En un extremo de la aldea, en el centro de un bonito parque, hay una pequeña instalación que conmemora el sexto centenario de Seúl, con un recordatorio de las ciudades hermanadas con Seúl (entre ellas, Barcelona) y una cápsula del tiempo que fue enterrada en 1994 y será abierta 400 años más tarde. La entrada a la Aldea Tradicional Coreana Namsangol es gratuita.

Una manera fantástica de disfrutar del atardecer y también del Seúl iluminado es hacerlo desde la Torre N. Con 236 metros de altura, está construida sobre la colina de Namsan que a su vez tiene otros 243 metros de altura. Ofrece las que son, sin duda, las mejores vistas de Seúl.

Para llegar hay que bajar en la parada de metro de Myeong-dong de la línea 4. Una vez fuera del metro hay que caminar en dirección al Hotel Pacífic. Desde el hotel, a unos 10 minutos, se encuentra el teleférico de Namsan que nos conducirá hasta la base de la torre.

Después de disfrutar un buen rato de las vistas, nos dirigimos nuevamente al hotel. El día había sido largo y cansado pero lleno de gratas experiencias.

Palacio de Gyeongbokgung
Cambio de la Guardia en Gyeongbokgung


Palacio de Gyeongbokgung
Palacio de Gyeongbokgung


Palacio de Gyeongbokgung
Equipación antigas en el metro


Aldea Tradicional Coreana Namsangol
Torre N

lunes, 26 de noviembre de 2012

La visita a la Zona Desmilitarizada

"Los pájaro de Asia, en particular las grullas, hallan en la DMZ una paz excepcional. Dos aldeas tradicionales que se encontraban allí en el momento de la demarcación quedaron incluidas en la zona, una al Norte, otra al Sur. Campesinos de apariencia genuina trillan el arroz a mano y cultivan ginseng; al atardecer regresan a sus chozas, fingiendo ignorar que dos ejércitos gigantescos -por lo menos un millón de hombres por lado- pueden en cualquier momento pisotear sus frágiles jardines." El Mundo Es Mi Tribu. Guy Sorman



Nos levantamos pronto y, tras un buen desayuno, nos dirigimos en el metro hasta el aparcamiento del Lotte Hotel donde nos espera el autocar que nos ha de trasladar a la Zona Desmilitarizada.

Con los pasaportes a mano y debidamente vestidos, siguiendo las instrucciones de la visita:

"Dress code: No jeans(the color has faded and torn), no leather pants, no short pants, no tank tops or sleeveless shirts, no training pants, no military style, no T-shirts (must be collared shirts), no Shirts with profane, provocative or demeaning representations, no leggings, no skinny jeans. No shorts-for the skirts/dresses they need to be about knee length. No slippers, flip-flops, sandals."

iniciamos, a las 8:30, el trayecto que nos conduce en primer lugar a la estación de Dorasan, la última estación ferroviaria de Corea del Sur. Construida durante un período de deshielo entre las dos Coreas, cuando finalizó la construcción, las cosas habían cambiado y por ese motivo nunca ha sido utilizada. Resulta estremecedora la soledad de una estación de tren, impoluta y nueva pero vacía de pasajeros y a la espera de un tren que tal vez no llegue nunca. La indicación de “next train Pyeongyang” resulta inquietante. Una estación fantasmal a la espera de un tren fantasma.

La siguiente visita de la DMZ es al Tercer Túnel. Si ya toda visita turística a una frontera entre dos estados todavía técnicamente en guerra conlleva algo de surrealismo, sin duda el tema de los túneles se lleva la palma.

Construidos para proceder a una rápida invasión terrestre de tropas norcoreanas hacia el cercano Seúl –distante 40 kilómetros-, hasta ahora el ejército surcoreano ha descubierto 4 de estos túneles y permite la visita al llamado Tercer Túnel. Se estima que puede haber una veintena.

El tercer túnel recorre 1.700 metros bajo la DMZ, la mitad de ellos en la zona surcoreana, y está a 70 metros de profundidad. Tras un largo recorrido a pie, te subes en un pequeño monorraíl que conduce hasta la pared de hormigón que separa y sella ambos lados. Hay que agradecer que antes de la visita te proporcienen un casco,ya que si eres un poco alto, la estrechez y poca altura te deparan más de una sorpresa, así el cloc-cloc-cloc del casco de más de uno y de dos de los visitantes golpeando el techo del túnel, se convierte en la banda sonora de la visita.

Muy cercano al túnel se encuentra el observatorio de Dora. Una línea amarilla trazada en la tierra indica a partir de donde no se pueden hacer fotografías, una larga fila de binoculares permiten dirigir la vista hacia el norte en donde se puede ver a militares norcoreanos, la ciudad de Gaeseong y las montañas diamante Geumgangsan.

Comimosen un restaurante próximo al observatorio, compartiendo mesa con una familia de turistas chinos, los padres y dos hijos adolescentes. Me quedé con ganas de saber qué podía sentir una persona cuyo país había combatido en aquellas mismas tierras viéndolo desde el lado contrario, pero obviamente no había suficiente confianza, nos limitamos a hablar educadamente de las típicas banalidades de desconocidos que comparten mesa y poco más. La comida entraba en el precio de la visita y, sin ser especialmente brillante, aunque sí abundante, entraba con facilidad y gusto. Ciertamente nunca comimos mal en Corea.

Después de comer nos dirigimos al Parque de Imgingak donde pudimos pasear por el Puente de la Libertad, también conocido como Puente sin retorno. El puente, que cruza sobre el río Sachón, establece la frontera entre las dos Coreas. En 1953 y una vez firmado el armisticio, tuvo lugar una gigantesca operación de intercambio de prisioneros. De acuerdo a las reglas que se establecieron se preguntó a cada uno de ellos, tanto en un lado como en el otro, si prefería volver o prefería desertar. Una vez tomada la decisión, no había posibilidad de retractarse, no había vuelta atrás, de ahí el nombre de “Sin retorno”. Más de 13.000 soldados bajo bandera de la ONU, y más de 75.000 norcoreanos y chinos cruzaron ese puente. Cerca de 22.000 soldados chinos prefirieron no regresar y 21 norteamericanos y un británico decidieron quedarse en Corea del Norte.

El Parque de Imgingak es también lugar de recuerdo para los combatientes caídos en la guerra y a él se acercan numerosas personas de origen norcoreano, para celebrar diversas ceremonias tradicionales en el punto más cercano a su tierra de origen.

Era el último punto de la visita, regresamos al autocar que puntualmente, a las 14:30 horas, nos volvió a dejar frente al Lotte Hotel.

La tarde la dedicamos a visitar el Palacio de Deoksungung. Situado en una de las zonas más animadas de Seúl, es un auténtico remanso de paz y tranquilidad. En el momento de nuestra visita estaban realizando una filmación para televisión y pudimos contemplar con admiración el baile que a las puertas de un edificio del complejo realizaban los actores.

Todos los días, a las 15:30 horas, tiene lugar la ceremonia del cambio de guardia. Si no has podido asistir a la de Gyeongbokgung, no hay que perdérsela. El palacio está frente a la salida de la estación de metro de City Hall de las líneas 1 y 2.

Rematamos el día en el Mercado nocturno de Namdaemun, cercano a la estación de metro de Hoehyeon de la línea 4. Abierto de 11 de la noche hasta las 3 de la madrugada es un gigantesco mercado tradicional. Se puede encontrar de todo y comer muy bien en los numerosos puestos callejeros. Es una experiencia única y, además, se puede comprar cualquier cosa a muy buen precio.

Estación de Dorasan
Estación de Dorasan


Estación de Dorasan
Entrada al Tercer Túnel


Entrada al Tercer Túnel
Observatorio de Dora


Observatorio de Dora
Puente de la Libertad


Parque de Imgingak
Palacio de Deoksungung


Palacio de Deoksungung
Mercado nocturno de Namdaemun

domingo, 25 de noviembre de 2012

Descubriendo las maravillas de Gyengju

"La huelga decidida por los sindicalistas de carrozas fúnebres ha bloqueado los caminos que llevan al panteón, y toma como rehenes a los cuerpos inertes, ¿para qué? Aunque lleváramos todas las carrozas al cementerio de vehículos y las aplastáramos, jamás dejarían de celebrarse los funerales." Yo que no soy nada, lo soy todo. Choi Seung-ho



Hoy dejamos Seúl y nos dirigimos a nuestro siguiente destino, Gyeongju, la capital del antiguo Reino de Silla.

El viaje lo haremos en tren. En Corea existen tres tipos de tren, el KTX, un clásico tren de alta velocidad, el Saemaeul o tren de primera clase y el Mugunghwa o tren de segunda clase. Vamos hasta Dongdaegu en un KTX y allí transbordamos a un Saemaeul que nos conduce finalmente hasta Gyeongju. Salimos de Seúl a las 7:30 y llegamos a Gyeongju a las 10:43. Trenes cómodos, limpios, puntuales… ningún problema.

La reserva la hemos hecho y pagado meses antes en la página oficial de los ferrocarriles coreanos. Luego simplemente nos presentamos en la taquilla de la estación de Seúl, poco antes de la hora de partida, con la copia de la reserva y el pasaporte, y nos proporcionan los billetes.

Llegamos a Gyeongju en medio de una gran tormenta. Como nuestro alojamiento está cerca de la estación decidimos ir a pie. Craso error. Sobrevaloramos nuestra capacidad de orientación en el laberinto de callejuelas de la zona antigua de Gyeongju donde está nuestro Hanok. Después de múltiples preguntas, de idas y venidas y de una muestra de primera mano de la exquisita amabilidad de los coreanos, a pesar de la barrera que supone el idioma, una vecina conoce el establecimiento y nos acompaña. Muchísimas gracias.

En Gyeongju, y siguiendo la recomendación de Robert la mitad valenciana de la imprescindible La Paella de Kimchi, hemos decidido alojarnos en un Hanok, el Sa rang chae.

De la misma manera que no se puede visitar China sin dormir en una cama Kang, ni Japón sin alojarse en un Ryokan, también es imperdonable ir a Corea y no alojarse en un Hanok. Es una bonita experiencia y además es muy barato.

La reserva resultó muy sencilla, un breve intercambio de correos (en inglés, eso si), con el señor Choo, propietario del Hanok, y reserva hecha.

La estancia en el Hanok fue muy agradable. Nuestra habitación, que daba al patio central, era espaciosa y con baño individual. Tras dejar las maletas, fuimos a explorar los alrededores y en este caso hablar de alrededores quiere decir la zona más hermosa y llamativa de Gyeongju, el parque Daereungwon,con sus 23 tumbas reales, impresionantes colinas verdes que alojan en su interior los restos de los monarcas coreanos del reino de Silla. Nos limitamos a disfrutar el paseo por el exterior dejando para otro día la visita al interior de las tumbas de Cheonmachong y Hwangnamdaechong, las más antiguas y grandes y las únicas que es posible visitar.

Continuando con el paseo, nos acercamos al Observatorio de  Cheomseongdae, el observatorio astronómico más antiguo que existe en Asia. Una preciosa construcción cilíndrica de 1.400 años de antigüedad.

A continuación llegamos al Almacen de hielo de Seokbinggo, otra inteligente construcción de más de 1.500 años de antigüedad y que permitía almacenar el hielo para uso y disfrute de la monarquía y la nobleza.

Finalmente, nos acercamos al Estanque Anapji. Disfrutar del atardecer en sus jardines y maravillarse con su iluminación es una experiencia maravillosa. El Rey Munmu construyó el Estanque de Anapji en el 674 de tal forma que no se pudiera ver íntegramente desde ningún punto. De regreso a Sa rang chae, disfrutamos de la iluminación nocturna de los mismos monumentos que habíamos disfrutado durante la tarde. De noche, la omnipresencia de los túmulos dibuja un paisaje inquietante.

En este nuestro primer día, la belleza de Gyeongju colmó todas nuestras expectativas.

Parque Daereungwon
Observatorio de Cheomseongdae


Almacen de hielo de Seokbinggo
Estanque Anapji


Estanque Anapji
Sa rang chae

sábado, 24 de noviembre de 2012

Gyengju, el templo Gameunsa y la Tumba Submarina del Rey Munmu

"Si muero seré una roca. Ni el amor ni la tristeza manchan la roca, ni la mueven la alegría o el enojo: sólo se desgasta por la lluvia y el viento, por el silencio profundo de miles y millones de años latiendo en su interior; en fin, olvidándose de la vida." Imágenes del tiempo, antología. Yu Chi-Hwan

Nuestro segundo día de estancia en Gyeongju lo dedicamos a visitar dos lugares un poco distantes del centro urbano pero que bien valen cubrir la distancia, el templo Gameunsa y la Tumba Submarina del Rey Munmu.

Tras un reconfortante desayuno que nos preparamos nosotros mismos en el Sa rang chae, caminamos hacia la estación de autobuses –próxima a la estación de ferrocarril-, para iniciar nuestra pequeña excursión.

Previamente, a la hora del desayuno, disfrutamos de la primera anécdota del día. Cuando llegamos al comedor, una de las mesas ya estaba ocupada por dos chicas. Tras los saludos de rigor en nuestro inglés de andar por casa, nos sentamos en la mesa y descubrimos que todos hablamos la misma lengua. Se trataba de dos hermanas, no ya de Barcelona, sino de nuestro mismo barrio, que andaban recorriendo Corea y Japón. Compartimos experiencias durante un ratito antes de iniciar nuestro recorrido del día. No las volveríamos a ver durante el viaje, pero hemos coincidido posteriormente en numerosas ocasiones ya que frecuentamos los mismos lugares del barrio (incluido el supermercado). Sí, el tópico es cierto, el mundo es un pañuelo.

Una vez en la estación de autobuses, tomamos el 150, que se dirige a la zona de Yangnam. El viaje dura una hora, aproximadamente, y bajamos en la parada de Gameunsa. Los autobuses tienen una frecuencia de una hora.

El templo Gameunsa es tal vez la primera decepción del viaje, apenas dos pagodas de piedra de 13 metros enclavadas en la nada. Después de quince minutos caminando por la carretera llegamos al mar y en él la Tumba Submarina del Rey Munmu.

Cuenta la leyenda que, tras haber reinado durante 21 años, el rey Munmu, a punto de morir, dirigió a sus consejeros las que fueron sus últimas palabras: “Cuando muera, incinerad mi cuerpo y enterrad mis restos bajo las rocas del Mar del Este. Allí permaneceré como dragón que cuida la paz de mi reino”.

Muchos creen ver en la Tumba Submarina del Rey Munmu la forma de un dragón. Para entender mejor la leyenda hay que tener presente que, a diferencia de otras culturas, en la tradición coreana los dragones son seres buenos y benefactores y no están asociados con el fuego, sino con el agua, donde tienen su morada.
La tumba en sí, aparte del simbolismo, no tiene nada de especial, unas cuantas rocas, morada de gaviotas, que emergen del agua, pero el paseo por la playa, el mar y toda la zona resultan especialmente bellas.

De regreso a Gyeongju, después de un pequeño susto en el autobús que nos transporta, cuyo conductor se ve obligado a realizar un brusco frenazo para esquivar a un coche que se le ha cruzado inesperadamente, y que acaba con algunos de los pasajeros por el suelo, pero afortunadamente sin que nadie se dañe, y de una comida -superpicante- en un pequeño local con cuatro mesas y la cocina a la vista, nos dirigimos al Museo Nacional. Como la tarde amenaza lluvia, una visita a cubierto nos parece una buena opción. La amenaza se cumple y el museo nos resguarda de las inclemencias del tiempo. El Museo es una muestra abundante de la artesanía y de los diferentes hallazgos arqueológicos del Reino de Silla. Es una visita entretenida, pero a no ser que de verdad te gusten los tesoros arqueológicos, no merece una especial dedicación.

Regresamos al parque de Daereungwon para visitar el interior de las tumbas de Cheonmachong y Hwangnamdaechong. Si por fuera la vista de los túmulos es espectacular, el interior no lo desmerece. El respeto con que los coreanos discurren por el interior de las tumbas habla bien a las claras de lo orgullosos que están de su historia.

Al acabar la visita nos dirigimos al casco urbano de Gyeongju, para recorrerlo por última vez y cenar en uno de los numerosos restaurantes de la zona. De camino a nuestro Hanok asistimos a una representación teatral al aire libre que tiene lugar frente a un túmulo del parque. Los vestidos son espectaculares y también las risas del público, pero como nuestro desconocimiento del coreano es absoluto, no podemos disfrutar de la obra, nos limitamos a dejarnos llevar por la música y constatar de nuevo, que de día o de noche, Gyeongju es una ciudad preciosa.

Acabamos el día disfrutando de nuevo del estanque de Anapji, que iluminado por la noche ofrece una perspectiva bellísima. Es una delicia pasear de noche, disfrutando de la vista, entre sombras y penumbras, de los túmulos, de las largas alfombras de nenúfares, con la tenue iluminación de unos curiosos faroles que van cambiando de color.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Adios a Gyeongju y camino de Busan

"El hombre le dijo al monje: ¿oiga reverendo monje, cómo es que no ha muerto todavía? A lo que el monje respondió: Tan ocupado estoy en librarme de la muerte que, aunque quiera, no tengo tiempo para morirme."Cuentos coreanos de tradición oral. Im Sokche


Son nuestras últimas horas en Gyeongju y aún nos quedan dos visitas imprescindibles. Despues de hacer el check-out en nuestro Hanok y dejar las maletas que más tarde iremos a recoger nos encaminamos a la estación de autobuses donde tomamos el número 10 que pasa cada 15 minutos y nos encamina al Templo Bulguksa.

Distante unos 16 kilómetros del caso urbano de Gyeongju, enclavado en un paisaje verde y montañoso, el templo es otra otra de esas maravillas casi desconocidas que tanto abundan en Corea.

Construido según los patrones del  Pungsu-jiri-seol, la versión coreana del  Feng Shui, llama la atención el colorido presente tanto en las figuras como en los abundantes farolillos y construcciones. A diferencia de la sobriedad del budismo japonés o el exceso del budismo chino, en Corea los templos respiran más alegría y colorido.

La visita a Bulguksa merece su tiempo, disfrutar y recrearse con cada uno de los detalles. Prácticamente destruido durante la invasión japonesa de 1592, fue reconstruido parcialmente durante la ocupación japonesa de Corea (1910-1945) y completamente restaurado en 1973.

Como siempre, llama la atención la belleza evocadora de los nombres de las diferentes partes del templo: Puente de las Nubes Azules, Puente de las Nubes Blancas, Puerta de la Niebla Púrpura,  Salón Sin Palabras y, cómo no, el Salón de la Suprema Felicidad.

Desde el aparcamiento que está a la entrada del templo, sale un autobús que cada hora lleva hasta la cercana Gruta de Seokguram.

Tanto la construcción del templo de Bulguksa como de la Gruta de Seokguram, se atribuyen a Kim Daeseong, ministro principal de Silla durante el reinado del rey Seongdeok.

Según relata el Samguk Yusa, o Memorias de los Tres Reinos, la colección de leyendas, cuentos y recuentos históricos relacionados con los Tres Reinos de Corea, escrito en chino clásico a finales del siglo XIII, Kim Daeseong era la reencarnación del hijo de una mujer piadosa pero muy pobre, por ese motivo y para honrar a ambas famílias, construyó Bulguksa en memoria de sus padres y Seokguram en memoria de los padres de su vida anterior.

Existe una larga tradición de excavar estatuas de Buda en el interior de montañas, como así atestiguan los conocidos Buda de Leshan y los de las grutas de Yungang en China, o los tristemente desaparecidos budas gigantes de Bamiyán en Afganistán. El de Seokguram, a pesar de estar en una gruta artificial, comparte esa tradición.

Enclavada en uno de los picos de la montaña Tohamsan, a la gruta se accede tras subir unas muy irregulares escaleras construidas en la piedra. Más allá de las estatuas de Bonjon Bodhi-sattva y sus discípulos, la visita merece la pena por la belleza del emplazamiento en perfecta comunión con la naturaleza.

Regresamos a Gyeongju y tras recoger las maletas nos dirigimos a la estación de autobuses para tomar el que nos ha de conducir a Busan.

Carentes de una red ferroviaria tan extensa como la de Japón, los autobuses en Corea suplen esa deficiencia. Hay multitud de líneas y son rápidos, cómodos y seguros.

Los hay de tres clases, el Non-Stop Bus, que va directo de un punto a otro sin efectuar paradas; el Express, que puede o no hacer alguna parada y el Intercity, que tiene numerosas paradas hasta llegar al final.

Tomamos un Express que no efectúa ninguna parada hasta Busan y que, en menos de una hora, nos deja en nuestro destino. Una vez en la Estación central de autobuses nos dirigimos en un taxi hasta al que será nuestro alojamiento, el Nongshim, un magnífico hotel situado cerca de la parada de metro de Onchunjang.

Como hemos llegado tarde y cansados, nos limitamos a hacer el check-in en el hotel y pasear y cenar por los alrededores. Ya habrá tiempo de explorar la ciudad al día siguiente.





jueves, 22 de noviembre de 2012

Busan, una ciudad que rodea montañas

"El barco pequeño de la vida que naufraga en el mar embravecido, sin ancla ni timón navega en el mar terrible donde un fragmento de la esperanza que sueña el país de oro, aún no descubierto, se convieerte en brújula, en ruta de navegación y en viento favorable; una última parte de la ola golpea el cielo y otra última parte de la ola golpea la tierra." Su silencio. Han Yung Un



Como dice Luis de Luis@Keio experiencing Japan “Busan NO es una ciudad rodeada de montañas, es una ciudad que rodea montañas.” Resulta difícil hacerse una idea del contorno y de la imagen de la ciudad pero en cambio resulta muy fácil moverse por ella con el metro. Fácil y barato, el billete sencillo cuesta 1.100 W para un trayecto corto o 1.300 W para una viaje largo. También existe el pase válido para todo el día que cuesta 3.500 W y que realmente sale a cuenta. En todas las estaciones existen máquinas expendedoras con instrucciones en inglés.

No teníamos una idea muy clara de lo que íbamos a hacer en Busan, tan solo teníamos claro que queríamos visitar el Mercado de Pescado de Jagalchi y el templo de Beomeosa.

Así que bien de mañana nos dirigimos en metro hasta la estación de Jagalchi, de la línea 1, cuya salida 10 nos dejaría cerca del mercado.

A diferencia del famosísimo Mercado de Tsujiki en Tokio cuya actividad reside en el interior del mercado, el de Jagalchi vale la pena por los centenares de paradas de pescado, mariscos y algas que se amontonan en los alrededores del edificio principal.

Es un colorido espectáculo para la vista, pero también para el olfalto y el oído. El soniquete "¡Oiso!, ¡Boiso!, ¡Saiso!", (¡Venga!, ¡Vea!, ¡Compre!) que continuamente proclaman las vendedoras acompaña toda la visita.

Después de la experiencia del mercado, aprovechando que hay una parada del Bus Turístico y una oficina de información donde podemos comprar el billete, decidimos hacer un trayecto en el mismo. No disponemos de mucho tiempo en Busan y creemos que es una buena manera de hacernos una idea global de la ciudad. Una ciudad que se nos escapa en la complejidad de su orografía.

Hay varias rutas y nos decidimos por la de Haeundae que desde la Estación de Busan recorre el Museo de Busan, la Playa Gwangalli, Nurimaru, la Playa Haeundae, el Centum City, el Museo de Arte Moderno (Bexco), el Puente Gwangandaegyo, el Cementerio Conmemorativo de la ONU y, en un trayecto circular regresa a la Estación de Busan.

No acaba de ser una idea del todo provechosa. El tráfico de Busan es infernal y la ciudad se nos continúa escapando. Con todo, disfrutamos de las vistas de la gigantesca playa de Haeundae, repleta a rebosar con miles de sombrillas y bañistas con complejos trajes de baño o con camisetas para impedir el paso de los rayos de sol, en esa fobia tan característica de los orientales por el sol.

De regreso a la Estación de Busan nos encaminamos hacia el Barrio Chino para comer en uno de los numerosos restaurantes que pueblan el lugar. Comida china realmente muy buena. Como ha venido siendo habitual desde que llegamos a Corea, somos los únicos occidentales en el local y el resto de comensales nos observan con curiosidad poco disimulada.

Llama la atención la proliferación de rótulos escritos en caracteres cirílicos. La estrecha relación comercial y el tráfico de personas que unen Busan y la ciudad rusa de Vladivostok, hacen que la presencia de marineros y turistas rusos sea una constante, sobre todo en las zonas comerciales cercanas al puerto. Probablemente Busan es de los pocos lugares de Asia donde occidental no es sinónimo de americano, aquí cualquier occidental es calificado de ruso.

Después de la abundante comida –que por primera y única vez en todo el viaje no es picante-, nos dirigimos al centro de la ciudad vieja, las áreas de Gwangbok-dong y Nampo-dong, un animado eje comercial poblado de tiendas, cafés y un interesante mercado callejero. Visitamos también la plaza BIFF, la zona que abarca desde Nampo-dong hasta Chungmu-dong que es epicentro del famoso festival cinematográfico de Busan.

Ya en el hotel coincidimos con el equipo de béisbol que se ha enfrentado con los Gigantes de Lotte, el equipo local. Por sus caras deducimos que el resultado no debe haber sido favorable, resulta chocante ver a los jugadores vestidos todavía con sus uniformes moverse por el hotel. Busan es la capital del béisbol y el equipo local toda una institución.

Al día siguiente emprenderemos el camino hacia Japón pero reservamos la mañana para visitar el templo de Beomeosa.