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viernes, 29 de agosto de 2014

Calor, humedad, bochorno... o diga simplemente Shangai

"A él le gustaba oír cómo hablaba con el acento de Shanghái, que suena igual que los gorjeos de un pájaro: melodioso, definido, claro y complejo. Podías imaginar que su lengua era fina y te apuntaba." Jia Mai. El don.

Diecisiete horas y doce mil kilómetros después de dejar Barcelona, Shangai nos recibe como no podía ser de otra manera, con un calor asfixiante. Es el obligatorio peaje que la ciudad te hace pagar para abrirte sus puertas. Un calor húmedo, pegajoso e inevitable.

Afortunadamente ese calor todavía no se hace presente en las dependencias del aeropuerto, así que podemos afrontar las primeras obligaciones del viaje con una cierta comodidad.

Mientras esperamos que el equipaje salga por la cinta trasportadora, cambiamos una cantidad reducida de dinero -el cambio en el aeropuerto siempre es más desfavorable-, en la garita de cambio de divisas que se encuentra justo al lado de la cinta.

Y, a continuación, el primer gasto. Al lado de la oficina de cambio de divisas, la gente de China Unicom tiene montada una paradita donde podemos comprar una tarjeta SIM china que nos proporciona un número de teléfono local y acceso a una conexión de datos. No es un gasto excesivo (230 ¥) y más tarde se nos demostrará como una compra extremadamente útil.

Arrastrando nuestras maletas y siguiendo las indicaciones, nos dirigimos al Maglev (50 ¥ por persona) que en pocos minutos nos deja en la estación de metro de Longyang Road, donde comprobamos que las tarjetas de metro que adquirimos dos años antes todavía eran válidas y que además conservaban algo de saldo. No obstante, las recargamos en la misma estación y emprendimos viaje hasta East Nanjing Road, la parada más cercana a nuestro hotel, el Grand Central Hotel Shanghai.

Después de tomar posesión de la habitación y descansar un poco, nos dirigimos a la Shanghai Railway Station para recoger los billetes de todos los trayectos que en los próximos días íbamos a hacer en ferrocarril. El trámite fue muy sencillo y sin ningún problema.

De regreso al hotel cenamos en un Asijen Ramen que, para nuestra desgracia, resulta bastante peor de lo que recordábamos, y nos retiramos pronto, que mañana hay que madrugar y llevamos bastante cansancio acumulado del viaje en avión.

Las últimas e inquietantes imágenes que acompañan nuestro sueño son las del reciente terremoto de Yunnan, que parece ser el único argumento de la televisión.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Atardecer en el Bund

"Su mesa junto a la ventana ofrecía unas vistas estupendas del Bund, el dique que recorre el muelle sur de la agencia de aduana. El agua del río relucía a la luz de los neones, que no dejaban de parpadear." Cuando El Rojo Es Negro. Qiu Xiaolong


Llegamos al aeropuerto de Hongqiao en un vuelo de Shanghai Airlines en el que ha sido nuestro último vuelo interno en China. Satisfechos de como han ido todos y felices de que el equipaje haya respondido sin ningún percance.

Nos dirigimos en taxi (86 ¥) a nuestro hotel. De nuevo, una oferta de Booking nos permite darnos un capricho monumental: el Grand Central Hotel Shanghai. Una vez en la habitación constatamos la dimensión exacta de la expresión "lujo asiático". Vamos con el cansancio acumulado de tantos días de viaje y el último hotel de esta aventura resulta un magnífico reconstituyente.

Tras dejar las maletas salimos a pasear por la calle peatonal de Nanjing Road, que está prácticamente al lado del hotel, y nos encaminamos al Bund. Miles de personas acabamos constituyendo un río humano que, a modo de afluyente, desemboca en el río Huangpu.

Desde la ribera del Bund, ver el atardecer en Pudong es todo un espectáculo del que disfrutamos la multitud allá congregada. Cuando ya ha anochecido, cenamos -descubrimos un restaurante “casero” muy cercano al hotel, que nos encanta y al que volveremos en los días posteriores- y regresamos tranquilamente al hotel. En esta nuestra primera impresión, Shanghai nos ha encantado. Más adelante ya tendremos ocasión de darnos cuenta que -a nuestro parecer- no resiste la comparación con Beijing.


sábado, 15 de diciembre de 2012

El mercadillo de falsas antigüedades de Dongtai

"La fresca brisa de abril llevó hasta sus oídos una melodía procedente del gran reloj que había en lo alto del edificio de Aduanas de Shanghai. Las seis y media. Durante la Revolución Cultural sonaba otra melodía: «Oriente es rojo». El tiempo se escurría como el agua." Visado Para Shanghai. Qiu Xiaolong


Disponemos de poco tiempo y son muchas las cosas que hay que hacer. Después de desayunar en un Starbucks próximo al hotel, nos dirigimos a la Plaza del Pueblo donde aprovechamos para comprar nuestro abono del metro y coger la línea 8 para bajar en Laoximem.

Caminamos tranquilamente por la ciudad antigua hasta llegar al Dongtai Road Antique Market, un delicioso mercadillo de falsas antigüedades. Las paradas se agolpan en las pocas calles que ocupa el mercadillo y se puede encontrar de todo: desde jarrones y estatuas a supuestos uniformes de Joven Guardia Rojo y, por supuesto, Libros Rojos de Mao. Lo que más nos llamó la atención fueron unas figuritas que recrean escenas y personajes de la Revolución Cultural. Ver vender como recuerdo una escena donde se humilla o maltrata a una persona no dejaba de ser chocante.

Desde el Dongtai Road Antique Market nos dirigimos tranquilamente paseando hasta los Jardines de Yu, acompañados por un húmedo y pegajoso calor. Parece que todos los turistas de Shanghai hemos tenido la misma idea. En ningún otro lugar he visto tamaña aglomeración de personas. La entrada a los jardines cuesta 30 ¥. Se trata de un jardín clásico chino, una visita agradable pero para nada imprescindible (quizá con menos gente, la impresión sería distinta).

Junto a los Jardines de Yu se encuentra el Bazar de Yuyuan, un gigantesco mercado lleno de paradas de todo tipo de recuerdos. Y gente, mucha gente. Aquí sí que la sensación de agobio -demasiada gente, demasiado calor- se apodera de nosotros y nos impide disfrutar de lo que tenemos alrededor. Después de comer algo -rápido y frugal- en algún puesto del Bazar, tomamos el metro en Yyuan Garden, la línea 10, para ir hasta Xintiandi, donde caminando por la calle Madang nos adentramos en la Concesión francesa.

Shanghai es un nombre de resonancias míticas. Hay una ciudad, la de los años veinte y treinta, masivamente recreada en el cine y la literatura, que forma parte de la memoria inconsciente de muchos de nosotros. Pero esa ciudad hoy no existe. Apenas algún retazo capturado al vuelo. Y decepciona enfrentar la ensoñación mítica con la realidad actual.

La Concesión francesa no deja de ser como cualquier otro barrio burgués de cualquier otra gran ciudad. La magia ya sólo reside en el nombre. Después de un agradable paseo, pero sin nada especial que reseñar, tomamos el metro en South Huangpi Rd (línea 1) para llegar hasta la plaza del Pueblo y, desde allí, acercarnos hasta el Mercado de Taobao, el principal copy market de Shanghai. Nos hacemos con algunas camisetas de básquet y algún reloj de imitación y, como ya se va haciendo tarde, nos dirigimos a cenar en el restaurante que descubrimos ayer, uno de los muchos y buenos restaurantes que se agolpan en las calles adyacentes a Nanjing Road.

Dongtai Road Antique Market
Tendedero de ropa en la calle


Bazar de Yuyuan
Hutong en Shanghai


Edificio de las aduanas en el Bund
Crucero en el río Huangpu

viernes, 14 de diciembre de 2012

Día de compras, día de Seagull

"No demasiado lejos de allí, su antigua casa construida al estilo shikumen, donde vivía junto a una docena de familias obreras, iba a ser derruida para erigir en su lugar un rascacielos de oficinas. Los vecinos no tardarían en ser trasladados a Pudong, una zona que antaño había sido tierra de labranza, al este del río Huangpu." Seda roja. Qiu Xiaolong


Desde que decidimos que viajaríamos a China, tenía clara una cosa: no regresaría sin una Seagull TLR, la clásica cámara china de medio formato. Aunque es relativamente fácil de encontrar en cualquier mercadillo callejero, quería tener unas mínimas garantías, así que nos encaminamos al Centro Comercial Xin Guang, en Luban Lu, 228, frente al Hotel Ramada Plaza, parada de metro Damuqiao Rd de la línea 4.

Se trata de un gran edificio de seis plantas, con centenares de tiendecitas de fotografía. Todo tipo de materiales y cámaras, nuevas y usadas, desde antiguas cámaras analógicas de fuelle hasta material para la fotografía aérea. Todo se puede encontrar aquí. Encontré mi cámara en una tiendecita de la cuarta planta, regentada por un hombre de edad avanzada. Tras revisarla a conciencia y comprobar que no tenía moho, que todos los mecanismos funcionaban y que los objetivos no estaban dañados, negociamos el precio y salí feliz y encantado con mi cámara. Aproveché también para llevarme unos cuantos carretes, tanto de 120 como de 35 en blanco y negro y color.

La cámara debe tener unos 40 años y funciona perfectamente, hace unas fotos fantásticas. No debería sorprenderme habiendo visto el mimo y cuidado con el que el dueño de la tienda trataba a su material.

Regresamos al hotel para dejar la cámara a buen recaudo y aprovechamos para hacer unas últimas compras en el Dongtai Road Antique Market.

Ciertamente hoy es el día que habíamos destinado a las compras. Nos resistimos durante todo el viaje, para no ir incrementando el peso de nuestro equipaje, así que en Shanghai debíamos resolver los recuerdos y regalos para la familia. Con esa intención, nos encaminamos al mercadillo de Yatai Xinyang, instalado en las galerías subterráneas de la parada de metro del Museo de la Ciencia y la Tecnología de la línea 2.

No hay nada substancialmente diferente a lo que se puede encontrar en Taobao, así que con visitar uno de ellos es suficiente. Resolvimos las cuatro tonterías pendientes y nos encaminamos a la que era nuestra última noche en Shanghai.

Y el atardecer y la noche pertenecían a Pudong. Tras pasear de nuevo un rato por el Bund, atravesamos el río por un túnel panorámico, que no deja de ser un entretenimiento para niños, pero como cuando viajas es bueno dejarse llevar por la inocencia, también lo disfrutamos nosotros.

Ya en Pudong nos acercamos hasta el pie de la Torre de la Perla Oriental, pero ante lo excesivo del precio y de la cola, decidimos no subir, nos dedicamos a pasear por los alrededores para acabar en la orilla del Huangpu, mucho más amable y accesible que en la ribera del Bund, disfrutando de la maravillosa vista del Bund iluminado.

Shanghai
Shanghai


Shanghai
Shanghai


Shanghai
Shanghai. Grand Central Hotel.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Último día en Shanghai, últimas horas en China

"Durante la segunda visita a Shanghai quedé sorprendido por la multitud y el tráfico, personas y coches que competían por el derecho de paso; por sus contrastes entre el horror y la belleza, y por su energía neurótica, una suerte de frenesí peculiar de Shanghai." En el gallo de hierro. Viajes en tren por China. Paul Theroux.


Nos levantamos en el que va a ser nuestro último día de estancia en China. Afortunadamente, el avión sale tarde con lo que todavía podremos aprovechar el tiempo.

Después de dejar en la consigna del hotel nuestras maletas, desayunamos en un Costa Coffe, lo que nos sirve para constatar que se continua desayunando mejor en el Starbucks -qué curioso, en nuestra ciudad de origen ni lo pisamos y, aquí, ya llevamos unos cuantos-, y nos encaminamos a tratar de pasar relajadamente el día.

Y para disfrutar de un día relajado, qué mejor que dedicarlo a los templos.

Empezamos por el templo del Buda de Jade (parada Changping Road de la línea 7). La palabra es “efervescente”: mucha gente, mucho ruido, mucha vida.

El interior del templo es un pequeño laberinto de pasillos y estancias, pero sumamente bello. Como también lo es la estatua del Buda de Jade (no se permite hacerle fotos) que da nombre al templo.

Como curiosidad, reseñar la historia que explica la Guía de Shanghai editada por el Instituto Cervantes:

“Una historia apócrifa dice que el templo se salvó de ser incendiado durante la Revolución Cultural porque los monjes pegaron en los muros exteriores retratos de Mao. Los Guardias Rojos supuestamente no se habrían atrevido a dañar los carteles con la imagen de su caudillo.”

En una entrada independiente, el templo dispone de un restaurante vegetariano que también ofrece alimentos para llevar.

En los alrededores del templo vemos a muchísima gente practicando la mendicidad, tanta acumulación nos sorprende. En ningún lugar como en China hemos visto tan patente la desigualdad. La miseria absoluta de las aldeas campesinas del interior del país, con gente viviendo en cuevas, y la proliferación de coches y tiendas de lujo en Beijing y Shanghai.

A Deng Xiaoping se le atribuye la frase "enriquecerse es glorioso", supuestamente pronunciada en 1978. Sea cierta o no, la realidad es que la ostentación del lujo es bien visible en las calles de las grandes ciudades chinas.

China ya ha desplazado a EEUU como el segundo mercado mundial de bienes de lujo, y es de esperar que no tarde en superar al primero, Japón. A finales del año pasado en China había más de 960.000 millonarios en dólares, la mayoría de ellos jóvenes ejecutivos, y los 400 chinos más ricos poseen el 7% del producto interior bruto nacional.

El contraste entre la miseria y la opulencia puede resultar chocante a nuestros ojos, pero no lo es en un país donde la ostentación no sólo no está mal vista, sino que representa un modelo a imitar.

Olvidando la digresión, y regresando a nuestro viaje, tras la visita al Templo del Buda de Jade, y después de una ligera comida, nos encaminamos al Templo de Jing’an, en la estación de metro de Jing’an Temple, también de la línea 7.

Lo primero que llama la atención es la grandeza y altura del templo. A pesar de estar completamente incrustado en un conjunto de rascacielos y centros comerciales, el interior del templo no desmerece su nombre: Templo de la Tranquilidad y la Paz. Recorrerlo es una experiencia agradable. En la entrada, una estructura de varios metros de alto sirve para que los visitantes prueben su puntería intentando encestar monedas en su interior, buscando la buena fortuna que se presume consigue quien acierta.

El templo, que durante la Revolución Cultural se usó como fábrica de plásticos, alberga una estatua de Buda sentado de 3,8 metros de alto, que se supone es la mayor de sus características en todo el país.

Tras la visita nos dirigimos a la calle de Fumin Lu, a la que se accede después de cruzar el paso elevado de Yan’an. Queríamos conocer Madame Mao’s Dowry, una curiosa tienda que se encuentra en el 207 de Fumin Lu. Ropa, accesorios y carteles de la época de la revolución cultural. El barrio, en su conjunto, aloja diferentes cafeterías y galerías de arte. Merece un paseo.

Tomamos el metro en Changshu Road y nos encaminamos a despedirnos de Nanjing Road, la calle peatonal que había sido el epicentro de nuestra estancia en Shanghai. Disfrutamos de un nuevo baile masivo en la calle, del concierto que, desde un balcón, ofrecía un esforzado saxofonista y, después de esquivar algún que otro intermediario que se nos acercaba con el permanente sonsonete que acompaña el recorrido de Nanjing Road: “watches, watches”, nos dirigimos a la consigna del hotel para recoger las maletas y encaminarnos al aeropuerto.

Para ir al aeropuerto no podíamos perder la oportunidad de disfrutar del Maglev, el único tren de levitación magnética en funcionamiento del mundo. Para ir, tomamos el metro hasta la parada de Longyand Road (línea 2), donde tiene situada su estación el Maglev. En menos de 10 minutos recorrimos los 30 kilómetros que separan la ciudad del aeropuerto, a una velocidad ciertamente impresionante (más de 300 Km/hora)

Ya en el aeropuerto, lo único que nos quedaba por hacer era despedirnos de China, emprendiendo el camino de regreso.

Templo del Buda de Jade
Templo de Jing’an


Templo del Buda de Jade
Shanghai


Concierto de saxo desde el balcón
Nanjing Road