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viernes, 21 de diciembre de 2012

Xian, el barrio musulmán y la Mezquita

"El que cede salva la vida, el que se rebela muere. Al amanecer, los pasillos estaban cubiertos de nuevos dazibaos; lo que estaba mal ayer estaba bien hoy, todo cambiaba en función del clima político, todos se convirtieron en camaleones." El libro de un hombre solo. Gao Xingjian.


A primera hora, un coche que contratamos en el hotel nos conduce, por 380 ¥, hasta el aeropuerto de Taiyuan que dista unos 80 kilómetros de Pingyao. El trayecto nos permite constatar algo que ya habíamos podido apreciar en nuestro recorrido por Shanxi el día de Datong, el auge de la construcción. Nuevas ciudades aún en obras emergen en medio de la nada, mientras que las ciudades antiguas cambian radicalmente su fisonomía con grandes edificios que sustituyen a las antiguas construcciones. Al mismo tiempo, numerosas fábricas, diseminadas por todo el paisaje, escupiendo humo sin interrupción. Dicen que es el progreso.

A las 10:40 horas tomamos el avión de China Southern Airlines que, a las 14:05, nos deja en Xia’n, que nos recibe con un calor asfixiante. Una oferta de Booking nos permite disfrutar de lo que será uno de los lujos del viaje, alojarnos en el Sofitel Xian On Renmin Square –con desayuno incluido- al que llegamos en un cómodo trayecto en taxi (190 ¥) desde el aeropuerto.

Después de descargar el equipaje, inspeccionar la habitación y disfrutar de un relajante baño de sales y espuma, nos encaminamos hacia el barrio musulmán de Xia’n, que dista unos quince minutos del hotel. Es otro de los lugares objetivo del viaje. Empezamos nuestro recorrido en la Torre del Tambor (entrada 35 ¥) desde donde se puede disfrutar de unas vistas preciosas de la ciudad -Torre de la Campana incluida- y de un curioso concierto de percusión. A continuación, nos dirigimos a la mezquita (entrada 25 ¥), justo cuando el Muadhin da el Adhan llamando a la oración.

Decenas de fieles se apresuran para entrar en el recinto de la Mezquita. No todos son chinos, algunos tienen los inconfundibles rasgos del sudeste asiático, de Malasia o Indonesia. Es extremadamente relajante pasear por los jardines del recinto de la Mezquita.

Salimos a callejear justo cuando acaba la oración, que también ha sido el aviso del fin del ayuno, puesto que todavía estamos en Ramadán. Eso significa un auténtico estallido de vida en los callejones del barrio musulmán, se abarrotan los restaurantes, los puestos de comida o frutos secos, una sinfonía de cláxones pone la banda sonora a la visita. Un auténtico festival para los sentidos. Después de cenar –ligerito, el calor es demasiado intenso y el estómago está un poco revuelto- regresamos al hotel. Mañana nos esperan los guerreros.

Barrio musulmán de Xia’n
Mezquita de Xia’n


Barrio musulmán de Xia’n
Barrio musulmán de Xia’n


Barrio musulmán de Xia’n
Barrio musulmán de Xia’n

jueves, 20 de diciembre de 2012

De los Guerreros al baile colectivo en la calle

"Soldados muy bien armados, pertrechados con uniformes de campaña, vehículos blindados de transporte de tropas, tanques y camiones de camuflaje avanzaban rápidamente hacia Pekín en medio de la noche." El lago sin nombre. Diane Wei Liang


Nos levantamos temprano y, tras desayunar abundantemente en el hotel, nos dirigimos caminando hacia la estación de ferrocarril. Mirando frontalmente a la estación, hay que dirigirse a la derecha para tomar el autobús 306 que nos llevará hasta los guerreros. El billete nos cuesta 7 ¥, así que no puede resultar más económico: por 14 ¥ vamos y regresamos del complejo. El autobús tiene paradas intermedias, pero nuestro destino está al final, por lo tanto, aunque veamos como la mayoría de gente baja en algún punto intermedio, nosotros hemos de permanecer en el autobús hasta que "nos echen".

La entrada al complejo de los guerreros cuesta 150 ¥ y lo cierto es que los vale. Es recomendable realizar la visita en el siguiente orden: sala de carros, pabellón 3, pabellón 2 y, para terminar, el 1. De esa manera, se puede apreciar mejor todo el proceso de la excavación y finalizar con lo más espectacular, el pabellón 1.

Comemos en los puestos callejeros una sopa y unos baozis que nos reconfortan en el camino de vuelta.

De regreso a la ciudad nuestra intención era pasear por lo alto de la muralla, pero la entrada más próxima que indica la guía está cerrada, así que optamos por bordearla por el exterior y descubrimos un mundo sorprendente: en cuanto empieza a anochecer, centenares de personas hacen de los jardines exteriores de la muralla su personal centro de ocio. Pequeños karaokes improvisados al aire libre donde tomar una cerveza y disfrutar de las habilidades de los cantantes aficionados, gente de todas las edades practicando deporte en instalaciones dispuestas en los jardines, paseantes, cometas… Es lo que tiene China, a la que te apartas un poco de lo establecido siempre encuentras algo que no deja de sorprenderte.

Regresamos tranquilamente hacia el hotel buscando un lugar para cenar, en una zona comercial. Los centros comerciales ponen en la puerta los diferentes lugares de comida que alojan y en el que tenemos delante vemos que hay un Ajisen Ramen, Como ya lo conocemos, no nos lo pensamos demasiado y, por 50 ¥, cenamos opíparamente.

Al salir, frente a la puerta, asistimos a una escena increíble, cerca de un centenar de mujeres de todas las edades, bailando en grupo como forma de practicar ejercicio. Ya lo habíamos visto en Beijing, pero no con la magnitud de lo que teníamos delante de nuestros ojos aquí en Xia’n.

Guerreros de Xia’n
Paseando por Xia’n


La Muralla
Bailando en la calle