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Belfast, donde las paredes gritan
“La vida en Belfast se organizaba entre la luz y la oscuridad, la visibilidad y la invisibilidad, el silencio y el ruido, la información y el secretismo, lo privado mezclándose con lo público en un círculo que acababa por agotarte.” El gran salto. Jonathan Lee. |
Llegamos puntualmente al aeropuerto de Dublín cuando pasan unos minutos de las doce del mediodía. Los trámites del coche de alquiler no nos llevan demasiado tiempo y, al poco, estamos ya en la M1 camino de Belfast.
Hemos decido hacer la vuelta a la isla en sentido anti-horario, y vamos a empezar por la capital de Irlanda del Norte, por Belfast. Desde Dublín apenas nos separan dos horas de nuestro destino. Por la autopista la frontera es imperceptible, te das cuenta de que la has cruzado cuando las millas sustituyen a los kilómetros en la señales e indicadores, pero apenas nada más.
Nos alojamos en The Gregory, un coqueto Bed & Brekfast, que se aproxima bastante a lo que ha de ser un humilde hotel-boutique con encanto. Está situado en Belfast South, en una zona tranquila del animoso Queen's Quarter, un barrio mixto de clase media, media alta.
Como tendremos ocasión de verificar en más de una ocasión, a partir de una temprana hora de la tarde, los barrios de las ciudades irlandesas parecen trasladar toda la vida y animación hacia el centro de la ciudad permaneciendo en un exasperante letargo. Así que si queremos palpar algo de vida debemos ponernos en marcha rápidamente.
Queremos hacer un recorrido que nos lleve a visitar los murales del West Belfast, tanto de la zona católica como de la protestante y acercarnos después al centro de la ciudad.
Apenas a 20 metros del The Gregory se encuentra Melrose St donde tomamos el autobús 9a que nos lleva a Wellington Place, distante apenas quince minutos caminando de Falls Road, la calle principal de la zona católica del West Belfast.

Entramos por Divis St y en pocos minutos llegamos a la zona conocida como International Wall, en la esquina de Northumberland St. Allí empieza una serie de grandes murales dedicados a los momentos claves de la historia de Irlanda, como el levantamiento de Pascua o la huelga de hambre del 81. En la zona de Northumberland St. los murales toman una temática internacional, dedicados a Cuba, Palestina, Timor oriental o los voluntarios irlandeses en las Brigadas Internacionales.
La tradición de los murales en Irlanda del Norte tiene su origen en las pancartas que los miembros de la Orden de Orange lucían en el Twelfth, las marchas que, en conmemoración de la batalla del Boyne, desde 1795 vienen realizando cada 12 de julio.
Los artesanos competían por tener las pancartas más llamativas recreando escenas bíblicas, recordatorios del poder imperial británico y, sobre todo, homenajes al rey Billy, como popularmente es conocido Guillermo de Orange, el vencedor de la batalla del Boyne.
A principios del siglo XX decidieron transferir esos motivos a las paredes laterales de las casas donde podían lucir todo el año y no un solo día. El rey Billy continuó siendo el motivo principal, pero se añadieron otros como la batalla del Somme o el Titanic. Cada área protestante competía por tener los murales más artísticos y algunos fueron repintados cada julio durante más de 50 años.
Desde la división de la isla, Irlanda del Norte fue administrada con un régimen de partido único unionista en el que el espacio público, salvaguardado por una policía partidista, se consideraba propiedad de la comunidad protestante y por ese motivo, los republicanos no podían expresarse políticamente en las paredes.

Todo cambió a partir de las huelgas de hambre de 1981, cuando jóvenes republicanos salieron a las calles para demostrar su apoyo, también en las paredes, a los militantes del IRA. A partir de aquí las zonas republicanas de Irlanda del Norte se han ido poblando de murales de los más variados temas. Así, en 1997, el 150 aniversario del peor año de la Hambruna, una docena de murales ocuparon las paredes de Falls Road. La historia irlandesa ha sido siempre tema recurrente, ya sea la rebelión de 1798 o el levantamiento de Pascua, por supuesto las paredes han sido también lugar de homenaje a los militantes del IRA muertos y, cómo no, también han servido de reclamo electoral del Sinn Féin.
Precisamente, seguimos caminando por Falls Road para llegarnos hasta la sede del Sinn Féin, sita en la esquina con Sevastopol St donde un gran mural homenajea a Bobby Sands, el símbolo e icono de la huelga de hambre que, en el verano de 1981, llevó a la muerte a diez militantes del IRA. El mural es obra de Danny Devenny antiguo militante del IRA que fue compañero de celda de Bobby Sands. Y, a pesar de que aprendió a dibujar en la cárcel, hoy es uno de los muralistas más reconocidos.
Falls Road es una calle larga, cerca de tres quilómetros y medio, por eso no la podemos recorrer entera, tenemos poco tiempo y queremos ver otras cosas. Damos media vuelta para volver a Northumberland St por donde nos dirigiremos a Shankill Rd, la zona protestante.
Pero si tú tienes tiempo y eres barcelonista, no dejes de acercarte a la esquina de Whiterock Rd donde un mural homenajea a Patrick O'Connell, el futbolista que más ha hecho por el F.C, Barcelona en toda su historia, más que Messi y más que Cruyff, pues probablemente salvó al club de su desaparición.
El mural lo presenta vestido con los colores del Belfast Celtic, junto a Leo Messi, y también en su faceta de manager del FC Barcelona, a donde llegó en la temporada 1934-35 después de haber hecho campeón de liga al Betis. En Sevilla fue bautizado como Don Patricio y así se le conoció en el futbol español. O'Connell fue quien dirigió al Barça en la gira americana que el club realizó durante la guerra civil y que permitió recaudar el dinero que aseguró la subsistencia del club durante la posguerra. Sin esa gira, en la que O'Connell, después del fusilamiento por las tropas franquistas del presidente del club Josep Suñol, asumió de hecho la dirección del club, el FC Barcelona probablemente hubiera desaparecido.
Nosotros, en el camino de regreso a Northumberland St, tenemos ocasión de contemplar el edificio de la antigua Biblioteca Carnegie, vecina a la sede del Sinn Féin y tal vez el único edificio singular de la zona, pasamos también por el Garden of Remembrance, un monumento republicano que recuerda a los miembros del IRA, ex miembros, militantes del Sinn Fein y civiles del área de Falls muertos en lo que eufemísticamente denominan los irlandés los "Troubles", o problemas, que es así como conocen al conflicto que empezó en 1969 y que durante 30 años se cobró la vida de más de 3.500 personas.
Paseando por unas calles limpias y unas viviendas humildes, pero dignas y cuidadas, se hace difícil imaginar cómo era la vida aquí, uno de los escenarios principales del conflicto, durante los peores años del mismo. En este video, fechado en septiembre de 1969, podemos hacernos una idea aproximada, pues recoge imágenes de la vida cotidiana en las dos calles principales de la zona, la católica Falls Road y la protestante Shankill Road además de las adyacentes Crocus y Bombay Street.
Accedemos a Shankill Road cruzando una de las puertas abiertas de la “línea de paz” que es como se conocen los muros levantados por el ejército británico para separar los barrios católicos y protestantes y minimizar así la violencia sectaria. Cuando se van a cumplir 20 años del Acuerdo de Viernes Santo que puso fin a la violencia, todavía hay más de 30 líneas de paz de este tipo recorriendo las zonas conflictivas del North y West Belfast y pocas previsiones de que dejen de existir.

Nada más cruzar el muro, uno se da cuenta de que entra en una realidad distinta. A la izquierda, la iglesia pentecostal New Life City Church te da la bienvenida frente a un conjunto de murales en honor y recuerdo de diferentes unidades de las fuerzas armadas británicas, unos metros más allá, el cartel de “en venta” en la cerrada parroquia de St Luke's, perteneciente a la iglesia de Irlanda, es un simbólico preámbulo de la visible decadencia de la zona.
Mientras que la visión de la zona católica sugiere una comunidad unida, tranquila y con esperanza en el futuro, la zona protestante evidencia el cambio social y de mentalidad que han traído los acuerdos de paz. Murales militaristas, agresivos y amenazadores, solares donde se amontona la basura y sensación de abandono.
Mientras que los católicos eran víctimas de la discriminación, tanto en el acceso a la vivienda como al empleo y veían limitado su derecho a voto, los protestantes se sabían dueños de buenos empleos que se heredaban de padres a hijos y con vivienda garantizada. Los católicos se vieron impelidos a espabilarse fiándolo todo a la propia iniciativa y la educación. Con los acuerdos de paz, los protestantes han visto finalizar sus privilegios y se sienten amenazados por los católicos, una comunidad más pujante. Además hay que añadir la profunda división y falta de líderes de la comunidad unionista, lo que contribuye a su desmoralización.

En Shankill Road, y sobre todo en la zona adyacente de Shankill Parade donde se concentran la mayoría de murales, se suceden los homenajes a militantes de las organizaciones lealistas, todos con sus uniformes paramilitares y profusión de armas. Las organizaciones lealistas han evolucionado hacia la delincuencia y se encuentran enfrentadas entre sí y estos murales sirven para marcar territorio. Y mientras en el lado republicano se presenta a Bobby Sands como un poeta y escritor, benévolamente sonriente, los militantes que se honran en la zona unionista son Stephen 'Top Gun' McKeag, uno de los asesinos más notorios de la UDA, responsable de al menos 12 asesinatos antes de morir por una sobredosis de drogas en el año 2000, y William Bucky M Cullough, otro notorio terrorista de la UDA.

Dejamos la zona protestante por Peters Hill y nos encaminamos al centro de Belfast. Bajando por Royal Ave y Donegall Pl se nos aparece otro mundo, calles animadas y pobladas de gente, comercios llenos, es la otra cara de Belfast. Llegamos al City Hall, el imponente edificio del Ayuntamiento de Belfast abierto en 1906, ocho años después de que la reina Victoria otorgara a Belfast la categoría de ciudad. Los jardines que rodean el Ayuntamiento albergan una gran cantidad de monumentos conmemorativos entre los que destaca el Titanic Memorial con sus cinco placas de bronce en las que están inscritas las 1.512 víctimas del naufragio. Como curiosidad hay dos personas que tienen un asterisco en su nombre grabado, se supone que viajaban con nombre falso y aún hoy se desconoce su nombre real.

Desde el City Hall nos acercamos al río Lagan para ver el Big Fish, la escultura de John Kindness que representa al Salmón del Conocimiento, una criatura de la mitología irlandesa, y que a pesar de su juventud, fue inaugurada en 1.999, se ha convertido ya en un símbolo de Belfast. Hay que fijarse en los azulejos que revisten la figura pues cada uno de ellos recrea una historia de la ciudad. Antes de llegar al Big Fish nos topamos con la torre Albert Memorial Clock, la torre de Pisa particular de los habitantes de Belfast. Sus cimientos de madera sobre un terreno pantanoso le han dado una inclinación perceptible a la vista, de unos 30 cm.
Desde aquí es fácil llegarse al Titanic Belfast, una de las más renombradas atracciones de la ciudad, pero es tarde y preferimos seguir tomando el pulso a la ciudad y nos encaminamos en dirección contraria, hacia The Crown. Posiblemente el pub más bonito de Irlanda, definido como una joya de la extravagancia victoriana, llama poderosamente la atención. Construido en 1826 por un católico y republicano convencido, Patrick Flanagan, la leyenda cuenta que le cedió a su mujer, protestante y unionista, el derecho a escoger el nombre y ésta eligió The Crown, en homenaje a la monarquía británica. Flanagan se vengó colocando el mosaico de la corona en el suelo de la entrada, haciendo así que todos los clientes la tengan que pisar al entrar.
Junto a The Crown se encuentra el precioso edificio victoriano de la Gran Opera House, que no podemos disfrutar con detalle por encontrarse en restauración, y también el hotel Europa, probablemente el hotel que más atentados terroristas ha sufrido en toda la historia.
Es hora de cenar y nos acercamos a Dublin Rd para disfrutar de una deliciosa cena hindú en el Archana, buena comida y precio ajustado. Al salir tenemos delante la parada del autobús 9a que nos conduce de nuevo a The Gregory, que ya es hora de descansar en nuestro primer día en Irlanda.
Dice Javier Reverte en su imprescindible Canta Irlanda que “Cantar y beber en Irlanda son actos de carácter místico”, por eso no encontramos mejor manera de despedirnos de Belfast que al son de Belfast Child de Simple Minds.
Hemos decido hacer la vuelta a la isla en sentido anti-horario, y vamos a empezar por la capital de Irlanda del Norte, por Belfast. Desde Dublín apenas nos separan dos horas de nuestro destino. Por la autopista la frontera es imperceptible, te das cuenta de que la has cruzado cuando las millas sustituyen a los kilómetros en la señales e indicadores, pero apenas nada más.
Nos alojamos en The Gregory, un coqueto Bed & Brekfast, que se aproxima bastante a lo que ha de ser un humilde hotel-boutique con encanto. Está situado en Belfast South, en una zona tranquila del animoso Queen's Quarter, un barrio mixto de clase media, media alta.
Como tendremos ocasión de verificar en más de una ocasión, a partir de una temprana hora de la tarde, los barrios de las ciudades irlandesas parecen trasladar toda la vida y animación hacia el centro de la ciudad permaneciendo en un exasperante letargo. Así que si queremos palpar algo de vida debemos ponernos en marcha rápidamente.
Queremos hacer un recorrido que nos lleve a visitar los murales del West Belfast, tanto de la zona católica como de la protestante y acercarnos después al centro de la ciudad.
Apenas a 20 metros del The Gregory se encuentra Melrose St donde tomamos el autobús 9a que nos lleva a Wellington Place, distante apenas quince minutos caminando de Falls Road, la calle principal de la zona católica del West Belfast.

Entramos por Divis St y en pocos minutos llegamos a la zona conocida como International Wall, en la esquina de Northumberland St. Allí empieza una serie de grandes murales dedicados a los momentos claves de la historia de Irlanda, como el levantamiento de Pascua o la huelga de hambre del 81. En la zona de Northumberland St. los murales toman una temática internacional, dedicados a Cuba, Palestina, Timor oriental o los voluntarios irlandeses en las Brigadas Internacionales.
La tradición de los murales en Irlanda del Norte tiene su origen en las pancartas que los miembros de la Orden de Orange lucían en el Twelfth, las marchas que, en conmemoración de la batalla del Boyne, desde 1795 vienen realizando cada 12 de julio.
Los artesanos competían por tener las pancartas más llamativas recreando escenas bíblicas, recordatorios del poder imperial británico y, sobre todo, homenajes al rey Billy, como popularmente es conocido Guillermo de Orange, el vencedor de la batalla del Boyne.
A principios del siglo XX decidieron transferir esos motivos a las paredes laterales de las casas donde podían lucir todo el año y no un solo día. El rey Billy continuó siendo el motivo principal, pero se añadieron otros como la batalla del Somme o el Titanic. Cada área protestante competía por tener los murales más artísticos y algunos fueron repintados cada julio durante más de 50 años.
Desde la división de la isla, Irlanda del Norte fue administrada con un régimen de partido único unionista en el que el espacio público, salvaguardado por una policía partidista, se consideraba propiedad de la comunidad protestante y por ese motivo, los republicanos no podían expresarse políticamente en las paredes.

Todo cambió a partir de las huelgas de hambre de 1981, cuando jóvenes republicanos salieron a las calles para demostrar su apoyo, también en las paredes, a los militantes del IRA. A partir de aquí las zonas republicanas de Irlanda del Norte se han ido poblando de murales de los más variados temas. Así, en 1997, el 150 aniversario del peor año de la Hambruna, una docena de murales ocuparon las paredes de Falls Road. La historia irlandesa ha sido siempre tema recurrente, ya sea la rebelión de 1798 o el levantamiento de Pascua, por supuesto las paredes han sido también lugar de homenaje a los militantes del IRA muertos y, cómo no, también han servido de reclamo electoral del Sinn Féin.
Precisamente, seguimos caminando por Falls Road para llegarnos hasta la sede del Sinn Féin, sita en la esquina con Sevastopol St donde un gran mural homenajea a Bobby Sands, el símbolo e icono de la huelga de hambre que, en el verano de 1981, llevó a la muerte a diez militantes del IRA. El mural es obra de Danny Devenny antiguo militante del IRA que fue compañero de celda de Bobby Sands. Y, a pesar de que aprendió a dibujar en la cárcel, hoy es uno de los muralistas más reconocidos.
Falls Road es una calle larga, cerca de tres quilómetros y medio, por eso no la podemos recorrer entera, tenemos poco tiempo y queremos ver otras cosas. Damos media vuelta para volver a Northumberland St por donde nos dirigiremos a Shankill Rd, la zona protestante.
Pero si tú tienes tiempo y eres barcelonista, no dejes de acercarte a la esquina de Whiterock Rd donde un mural homenajea a Patrick O'Connell, el futbolista que más ha hecho por el F.C, Barcelona en toda su historia, más que Messi y más que Cruyff, pues probablemente salvó al club de su desaparición.
El mural lo presenta vestido con los colores del Belfast Celtic, junto a Leo Messi, y también en su faceta de manager del FC Barcelona, a donde llegó en la temporada 1934-35 después de haber hecho campeón de liga al Betis. En Sevilla fue bautizado como Don Patricio y así se le conoció en el futbol español. O'Connell fue quien dirigió al Barça en la gira americana que el club realizó durante la guerra civil y que permitió recaudar el dinero que aseguró la subsistencia del club durante la posguerra. Sin esa gira, en la que O'Connell, después del fusilamiento por las tropas franquistas del presidente del club Josep Suñol, asumió de hecho la dirección del club, el FC Barcelona probablemente hubiera desaparecido.
Nosotros, en el camino de regreso a Northumberland St, tenemos ocasión de contemplar el edificio de la antigua Biblioteca Carnegie, vecina a la sede del Sinn Féin y tal vez el único edificio singular de la zona, pasamos también por el Garden of Remembrance, un monumento republicano que recuerda a los miembros del IRA, ex miembros, militantes del Sinn Fein y civiles del área de Falls muertos en lo que eufemísticamente denominan los irlandés los "Troubles", o problemas, que es así como conocen al conflicto que empezó en 1969 y que durante 30 años se cobró la vida de más de 3.500 personas.
Paseando por unas calles limpias y unas viviendas humildes, pero dignas y cuidadas, se hace difícil imaginar cómo era la vida aquí, uno de los escenarios principales del conflicto, durante los peores años del mismo. En este video, fechado en septiembre de 1969, podemos hacernos una idea aproximada, pues recoge imágenes de la vida cotidiana en las dos calles principales de la zona, la católica Falls Road y la protestante Shankill Road además de las adyacentes Crocus y Bombay Street.
Accedemos a Shankill Road cruzando una de las puertas abiertas de la “línea de paz” que es como se conocen los muros levantados por el ejército británico para separar los barrios católicos y protestantes y minimizar así la violencia sectaria. Cuando se van a cumplir 20 años del Acuerdo de Viernes Santo que puso fin a la violencia, todavía hay más de 30 líneas de paz de este tipo recorriendo las zonas conflictivas del North y West Belfast y pocas previsiones de que dejen de existir.

Nada más cruzar el muro, uno se da cuenta de que entra en una realidad distinta. A la izquierda, la iglesia pentecostal New Life City Church te da la bienvenida frente a un conjunto de murales en honor y recuerdo de diferentes unidades de las fuerzas armadas británicas, unos metros más allá, el cartel de “en venta” en la cerrada parroquia de St Luke's, perteneciente a la iglesia de Irlanda, es un simbólico preámbulo de la visible decadencia de la zona.
Mientras que la visión de la zona católica sugiere una comunidad unida, tranquila y con esperanza en el futuro, la zona protestante evidencia el cambio social y de mentalidad que han traído los acuerdos de paz. Murales militaristas, agresivos y amenazadores, solares donde se amontona la basura y sensación de abandono.
Mientras que los católicos eran víctimas de la discriminación, tanto en el acceso a la vivienda como al empleo y veían limitado su derecho a voto, los protestantes se sabían dueños de buenos empleos que se heredaban de padres a hijos y con vivienda garantizada. Los católicos se vieron impelidos a espabilarse fiándolo todo a la propia iniciativa y la educación. Con los acuerdos de paz, los protestantes han visto finalizar sus privilegios y se sienten amenazados por los católicos, una comunidad más pujante. Además hay que añadir la profunda división y falta de líderes de la comunidad unionista, lo que contribuye a su desmoralización.

En Shankill Road, y sobre todo en la zona adyacente de Shankill Parade donde se concentran la mayoría de murales, se suceden los homenajes a militantes de las organizaciones lealistas, todos con sus uniformes paramilitares y profusión de armas. Las organizaciones lealistas han evolucionado hacia la delincuencia y se encuentran enfrentadas entre sí y estos murales sirven para marcar territorio. Y mientras en el lado republicano se presenta a Bobby Sands como un poeta y escritor, benévolamente sonriente, los militantes que se honran en la zona unionista son Stephen 'Top Gun' McKeag, uno de los asesinos más notorios de la UDA, responsable de al menos 12 asesinatos antes de morir por una sobredosis de drogas en el año 2000, y William Bucky M Cullough, otro notorio terrorista de la UDA.

Dejamos la zona protestante por Peters Hill y nos encaminamos al centro de Belfast. Bajando por Royal Ave y Donegall Pl se nos aparece otro mundo, calles animadas y pobladas de gente, comercios llenos, es la otra cara de Belfast. Llegamos al City Hall, el imponente edificio del Ayuntamiento de Belfast abierto en 1906, ocho años después de que la reina Victoria otorgara a Belfast la categoría de ciudad. Los jardines que rodean el Ayuntamiento albergan una gran cantidad de monumentos conmemorativos entre los que destaca el Titanic Memorial con sus cinco placas de bronce en las que están inscritas las 1.512 víctimas del naufragio. Como curiosidad hay dos personas que tienen un asterisco en su nombre grabado, se supone que viajaban con nombre falso y aún hoy se desconoce su nombre real.

Desde el City Hall nos acercamos al río Lagan para ver el Big Fish, la escultura de John Kindness que representa al Salmón del Conocimiento, una criatura de la mitología irlandesa, y que a pesar de su juventud, fue inaugurada en 1.999, se ha convertido ya en un símbolo de Belfast. Hay que fijarse en los azulejos que revisten la figura pues cada uno de ellos recrea una historia de la ciudad. Antes de llegar al Big Fish nos topamos con la torre Albert Memorial Clock, la torre de Pisa particular de los habitantes de Belfast. Sus cimientos de madera sobre un terreno pantanoso le han dado una inclinación perceptible a la vista, de unos 30 cm.
Desde aquí es fácil llegarse al Titanic Belfast, una de las más renombradas atracciones de la ciudad, pero es tarde y preferimos seguir tomando el pulso a la ciudad y nos encaminamos en dirección contraria, hacia The Crown. Posiblemente el pub más bonito de Irlanda, definido como una joya de la extravagancia victoriana, llama poderosamente la atención. Construido en 1826 por un católico y republicano convencido, Patrick Flanagan, la leyenda cuenta que le cedió a su mujer, protestante y unionista, el derecho a escoger el nombre y ésta eligió The Crown, en homenaje a la monarquía británica. Flanagan se vengó colocando el mosaico de la corona en el suelo de la entrada, haciendo así que todos los clientes la tengan que pisar al entrar.
Junto a The Crown se encuentra el precioso edificio victoriano de la Gran Opera House, que no podemos disfrutar con detalle por encontrarse en restauración, y también el hotel Europa, probablemente el hotel que más atentados terroristas ha sufrido en toda la historia.
Es hora de cenar y nos acercamos a Dublin Rd para disfrutar de una deliciosa cena hindú en el Archana, buena comida y precio ajustado. Al salir tenemos delante la parada del autobús 9a que nos conduce de nuevo a The Gregory, que ya es hora de descansar en nuestro primer día en Irlanda.
Dice Javier Reverte en su imprescindible Canta Irlanda que “Cantar y beber en Irlanda son actos de carácter místico”, por eso no encontramos mejor manera de despedirnos de Belfast que al son de Belfast Child de Simple Minds.
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