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domingo, 24 de agosto de 2014

Con los Pandas nos despedimos de Sichuan e iniciamos el camino de Yunnan

"Pensad en un Oso Panda. Su aspecto de peluche, su tierna mirada, el color de su pelo. ¿No es demasiada casualidad que la naturaleza haya parido un bicho tan perfecto? Las dos orejas de color negro, igual que las manchas que rodean sus ojos y el resto de la cara blanco algodón. ¡Ni el puñetero Walt Disney lo habría dibujado mejor! Es perfecto, tanto que cuesta creer que sea de verdad." Pedro Armangué. Dándole la Vuelta al Mundo.

¿Existe algún animal que nos despierte más ternura que un oso panda? Probablemente no. Su aspecto de peluche y su aparente mansedumbre ejercen una extraña fascinación. Por eso hoy estamos felices y excitados ante la visita al Centro de Conservación de Osos Panda Gigantes de Chengdu.

Como esta tarde tenemos que coger el avión a Kunming, queríamos asegurar una hora concreta de regreso a la ciudad por eso, por 120 Y con entradas incluidas, contratamos la visita de medio día que ofrecía el Flip-Flap Hostel y que nos garantiza estar de vuelta en Chengdu antes de las 12:00 horas. Aquí está toda la información.
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Es domingo, es temprano, y vamos camino de la plaza Dongsheng por unas calles prácticamente vacías. La ciudad, de normal tan activa y ruidosa, tiene un despertar lento en el día de fiesta. Tenemos que estar en el hostel a las 7:30 horas y hemos llegado un poco temprano así que hacemos tiempo sentados en un banco de la plaza.

Aquí la actividad se ha vuelto frenética: un niño juega incansable con un globo, una pareja de ancianos lo hace al ping-pong, otro realiza ejercicio practicando con una peonza gigante, los hay que dan vueltas a la plaza a paso vivo y los que practican en aparatos gimnásticos o de juego que hay diseminados por toda la plaza. Siento una sana envidia de la vitalidad de los ancianos en China, no es la primera vez que vemos el espectáculo pero siempre consigue sorprendernos y maravillarnos.

Junto con otras diez o doce personas embarcamos en tres minivans que, en poco más de 45 minutos nos dejan ante la puerta del Centro. Es temprano y no hay todavía demasiada gente, empezamos a caminar flanqueados por densos bosques de bambú, hasta una casona donde, tras unos vidrios, vemos a los pandas ya un tanto impacientes por ir a comer.
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Salimos de nuevo al aire libre al tiempo que la familia de pandas se abalanza sobre los brotes de bambú. Es absoluta lujuria mezclada con glotonería, los osos se sitúan frente a nosotros componiendo divertidas estampas al tiempo que se dedican a observarnos de la misma manera que nosotros a ellos.

A partir de aquí, el recorrido por el recinto es una sucesión de diferentes y divertidas estampas con los pandas. Empezamos por la incubadora donde están plácidamente durmiendo unos recién nacidos, continuamos por los recintos cercados donde algunos duermen plácidamente sobre los árboles. El juego de una madre con su hijo nos retiene un buen rato, lo hace subir una pequeña ladera y cuando llega arriba lo empuja rodando ladera abajo para que vuelva a subir. Y ay que no lo haga, el pequeño panda exige su empujón como si en ello le fuera la vida. Unos adolescentes juegan sobre una construcción uno arriba quiere impedir que otro suba y al final acaban cayendo los dos y, por supuesto, vuelta a empezar.

Empezamos a ver algunos pandas rojos durmiendo por los árboles y encontramos alguno que tranquilamente camina en libertad a nuestro lado. Parecen más pequeños zorros que osos pero son tranquilos y pacíficos.

Nos despedimos con una visita rápida al museo y al salir nos damos cuenta de lo acertado de nuestra decisión, centenares de personas esperan para poder entrar en medio de un tráfico infernal. Gracias a la pericia de nuestro conductor, llegamos a la hora acordada a la ciudad y tras recoger las maletas nos dirigimos al aeropuerto para emprender camino a Kunming, el inicio de nuestro recorrido por Yunnan.

Comemos magníficamente en uno de los numerosos restaurantes del aeropuerto y, como prácticamente siempre, nuestro vuelo sale puntualmente, pocos minutos después de las tres y media, y a las cinco nos deja en Kunming, la capital de Yunnan.
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Aunque ahora no lo parezca, durante algunos años, Kunming fue la ciudad más norteamericana de China. Entre 1942 y 1945 funcionó un puente aéreo desde el norte de la India que, atravesando el Himalaya, llegaba hasta Kunming, la zona de aterrizaje más cercana en China. Se le conoció como The Hump (la joroba) y en palabras de Max Hasting, autor de Némesis la derrota del Japón “era una de las misiones menos populares y más peligrosas de la guerra: comportó la pérdida, en total, de cuatrocientos cincuenta aparatos”. Organizado por el general William H.Tunner, fue hasta el de Berlín, -que también organizó el general Tunner , el mayor puente aéreo estratégico del mundo.

No vemos nada de la antigua influencia americana y probablemente sea la ciudad más china de todas las que hasta ahora hayamos conocido. Nuestro hotel, el Grand Park Kunming, nos reafirma en esa idea, lleva hasta el límite la superstición del número 4 –para los chinos el de mala suerte-, no es que no haya piso número 4, sino nada que lo contenga, ni piso 14 ni habitaciones terminadas en 4 ni nada.

Después de descansar un poco bajamos a recepción para intentar ligar la visita del día siguiente a Shilín. Ningún problema, el botones, tiene un amigo que conoce a un vecino, que tiene un cuñado… que por un precio pactado nos puede llevar. Acordamos un día entero que vamos a dedicar al bosque de piedra de Shilin y a las grutas de Jiuxiang y salimos a pasear por el lago y las calles alrededor del hotel, en lo que es un agradable final de día.

sábado, 23 de agosto de 2014

Por el Bosque de Piedra de Shilin y las grutas de Jiuxiang

"Es un lugar difícil de imaginar, y lo que más me lo recuerda son esos laberintos de fichas de dominó que hacen los ociosos para luego descarrilarlas todas en un solo movimiento. Es el Bosque Petrificado de Yunnan. Las lajas de piedra negra son muchísimas, una detrás de la otra, esquinándose, como tropezándose, junto a centenares erguidas. Es como si hubieras sido sembradas." Pablo Soler Frost. El misterio de los tigres.

Hoy nos espera el Bosque de Piedra de Shilin. Mientras preparábamos el viaje y recopilábamos información, recogimos numerosas opiniones contradictorias. Los hay que opinan que es una soberana “turistada”, que no merece la pena, y los hay que opinan que es una auténtica maravilla de la naturaleza. Decidimos comprobarlo por nosotros mismos y, sinceramente, no nos arrepentimos de la visita.

El Bosque de Piedra dista 86 kilómetros de Kunming, y tras desayunar temprano, nuestro amigo el botones y su colega, el que será nuestro chófer este día, nos están esperando en la recepción.

Óbviamente, nuestro conductor solamente habla chino, pero como siempre, con buena predisposición, no resulta difícil entenderse. Primero de todo intercambiamos nuestros números de teléfono, algo siempre útil y recomendable, y rápidamente nos ponemos en marcha.
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Cuesta salir de la ciudad, el tráfico es denso pero poco a poco conseguimos tomar la carretera que nos lleva hasta Shilin. El día está nublado, a ratos llueve, pero el Bosque de Piedra nos recibe con un sol espectacular.

Llegamos al aparcamiento y acordamos con nuestro conductor una hora de recogida. Tomamos un pequeño minibús que desde el párquing nos conduce a la entrada principal, allí compramos las entradas (200 Y por persona) y tomamos otro minibús que nos deja en la entrada del Bosque de Piedra.

De entrada, puede parecer una especie de parque temático. Numerosos grupos conducidos por las guías, todas ataviadas con la ropa tradicional Sani y grupos de hombres y mujeres que bailan las danzas tradicionales es lo primero que ves al llegar.

Shilin es la patria de los Sani, una minoría no reconocida por el gobierno chino que los considera parte de la minoría Yi. Pero los Sani son Sani y ellos no tienen ninguna duda, diga lo que diga el gobierno al respecto.

Ciertamente en la entrada se acumula numerosa gente, pero a lo que nos adentramos por los caminos entre las rocas pronto nos quedamos solos. Pasamos por estrechos aparentemente imposibles, subimos y bajamos escaleras y nos maravillamos por las caprichosas formas de las rocas en su escalada hacia el cielo. Todo está extremadamente limpio y cuidado.
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Después de un buen rato disfrutando del camino y de la rocas salimos del bosque grande y recorremos un poco el pequeño que ya no nos parece tan espectacular.

Nos dirigimos hacia el párquing y, como es un poco antes de la hora acordada, llamamos por teléfono a nuestro conductor que un minuto después nos pasa a recoger. Es hora de comer y nos lleva a un familiar restaurante de carretera. Para variar, somos los únicos occidentales, los comensales de las otras mesas nos miran con curiosidad y sin disimulo. Ya estamos acostumbrados, es lo normal en China.

Después de reponer fuerzas, tomamos el camino de las grutas de Jiuxiang que distan unos 30 Km de Shilin. Jiuxiang es el grupo de cuevas más grande de China, un conjunto de 100 cuevas cársticas de unos 600 millones de años de antigüedad. Aunque, la verdad, para nosotros todo es una sorpresa, antes de empezar el viaje no teníamos ni idea de su existencia.

No sabemos demasiado bien lo que nos vamos a encontrar y la verdad es que nos espera una buena caminata, pero también un agradable y satisfactorio descubrimiento.
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Siguiendo el curso de un río nos adentramos en la montaña en un recorrido que entra y sale de la misma que es absolutamente espectacular: grandes cavidades, saltos de agua impresionantes, cascadas gemelas, bañeras, formaciones cársticas de formas caprichosas… La lástima es que los chinos lo convierten todo en una orgía de luz, color y sonido. A ellos les gusta, y en definitiva es su casa, pero lo hubiera preferido todo un poco más natural.

Cuando definitivamente salimos al aire libre, tomamos unos telesillas que nos conducen de nuevo al lugar por donde entramos. Avisamos por teléfono al conductor e iniciamos el camino de regreso a Kunming. Tardamos porque llueve y la ciudad se colapsa con un tráfico infernal. De regreso al hotel preparamos las cosas para al día siguiente tomar el camino de Dali.