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jueves, 15 de noviembre de 2012

Tokyo, a la búsqueda de nuevos rincones

"Tokio estaba lleno de cosas que sobresaltaron a Sanshiro. En primer lugar, cada bocinazo de los tranvías hacía que diera un respingo, y luego estaban las masas que iban y venían entre sirena y sirena, que le llenaban de terror." Sanshiro. Natsume Soseki.


Emprendemos la que será la última etapa de nuestro viaje. El camino hasta Tokyo es largo, a las 9:37 tomamos el Limited Express que, tras dos horas y veinticinco minutos, nos deja en Nagoya donde cambiamos de tren, subiendo a un Shinkasen Hikari que nos dejará en nuestro destino a las 14:10. Afortunadamente, los trenes son cómodos y el viaje no se hace pesado.

Una vez en Tokyo nos dirigimos a nuestro hotel, el entonces llamado Villa Fontaine ToKyo Mita que ahora ha cambiado su nombre por Villa Fontaine Tamachi. Como no podía ser de otra manera, nuestras maletas se encuentran en la habitación, sin ningún contratiempo, enviadas por el Villa Fontaine de Osaka.

Nos gusta este hotel, es la segunda vez que nos alojamos en él y lo hacemos por la misma razón que en la primera ocasión, por su localización. No hay un centro de Tokyo a la manera que lo conocemos en nuestras ciudades, lo importante de un alojamiento es que esté cercano al metro, a ser posible de la línea Yamanote, la que más vamos a utilizar. El hotel está apenas a 200 metros de la estación de Tamachi, donde no solo hay la línea Yamanote, sino  también la línea de Mita y la de Asakusa. Tres líneas de metro en una estación, a cinco minutos del hotel, es un auténtico lujo.

Tras asearnos y descansar un poco, iniciamos nuestra visita a un Tokyo que no conocemos, el que no ocupa el plan de viaje habitualmente. Lo empezamos por Shimokitazawa. Con la Yamanote vamos hasta la estación de Shibuya y allí tomamos la Keio Inokashira Line que nos deja en la estación de Shimokitazawa. Apenas  a 25 minutos desde nuestro hotel.

Shimokitazawa es un barrio un tanto especial, es lo más parecido en Tokyo a un barrio de modernos a la manera que lo entendemos en Europa: tiendas de moda con ropa de diseño y también de segunda mano, bares y restaurantes de comida exótica, cantautores,  tiendas de discos y, sobre todo, Avantguarde, la gran tienda-paraíso de cualquier friki que se precie. Puedes perderte durante horas revolviendo en los miles de objetos y gadgets de sus diferentes secciones.

La vía del tren divide al barrio en dos y por sus calles estrechas no pueden circular los coches, lo que permite disfrutar del paseo a pie. Tal y como dice la página de información turística Yes-Tokyo, “Lo mejor de Shimokita es descubrirlo tu mismo.”

Después de cenar un magnífico y abundante ramen en uno de los muchos -y buenos- restaurantes de la zona,  y pasear de nuevo por las calles de Shimokitazawa ya envueltas por la noche, regresamos al hotel para disfrutar de un necesario descanso.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

El placer de disfrutar de la puesta de sol en Yokohama

"Me gustaría invitarte también a mi casa de Yokohama. Es una casa de puro estilo japonés, con muchas habitaciones. Cuando llegamos a Japón y fuimos allí, nos sorprendió mucho la decoración de la casa. Era tan distinta. Nos reímos mucho." N.P. Banana Yoshimoto

Es domingo y la mañana la vamos a dedicar a las compras en Harajuko, es el peaje que hay que pagar al viajar con una hija adolescente (te quiero bonita). Empezamos por Takeshita Dori, donde no perdonamos una visita a Daiso Harajuku, la tienda de Todo a 100 ¥ más grande de Tokyo, se suceden las tiendas de ropa y las bolsas, continuamos por Omotesando con las imprescindibles paradas en Kiddy Land y el Oriental Bazaar. Comemos algo ligerito y regresamos al hotel a descargar.

La tarde está dedicada a Yokohama. El camino hacia allí es sencillo, en Tamachi tomamos la JR Keihin Tohoku dirección Ofuma y sin necesidad de hacer ningún transbordo bajamos en Ishikawacho, la parada de metro que te deja al pie del Chinatown de Yokohama.

Para ir hasta el puerto, hay que cruzar el Chinatown de Yokohama, el más grande no ya de Japón sino de toda Asia. Un espectáculo en sí mismo, centenares de tiendas y restaurantes y uno de los lugares donde mejor disfrutar de la cocina china.

Tras un agradable paseo llegamos al mar, y a nuestra izquierda se alza el Osanbashi Pier, la Terminal Internacional de Pasajeros de Yokohama. Una autèntica belleza arquitectònica que por sí sola ya merecería el paseo hasta Yokohama. Obra del arquitecto madrileño Alejandro Zaera y la que entonces era su mujer Farshid Moussavi que juntos formaban el FOA (Foreign Office Architects), famoso estudio de arquitectura, ubicado en Londres y conocido por haber sabido combinar la innovación técnica con un brillante diseño. En el Osanbashi Pier, la madera formando ondulantes formas genera una extraña belleza.

A media tarde ya se empiezan a agolpar numerosas personas, muchas provistas de equipos fotográficos, dispuestas a disfrutar del espectáculo del ocaso sobre el skyline de la ciudad, el sol se pone tras los edificios de Minato Mirai, escondiéndose detrás de la LandMark Tower. Alguna pareja de recién casados también aprovecha ese momento de la luz para inmortalizar su enlace.

Se acerca la hora de cenar y en esta ocasión hemos decidido acercarnos al Shinyokohama Raumen Museum, el único museo dedicado al Ramen que existe en Japón. En la planta superior hay una exposición de objetos y una representación de la historia del ramen en Japón, pero lo interesante está en el subsuelo. Tras bajar por la escalera aparecemos en un barrio tokyota de finales de los años cincuenta. Y en él,  nueve restaurantes que sirven platos de ramen de diferentes zonas del país, tanto en la versión mini para degustar varios como en la versión maxi para darse un buen atracón. El Shinyokohama Raumen Museum está a unos 10 minutos de la estación de Shin-Yokohama.

martes, 13 de noviembre de 2012

Las casas Kura de Kawagoe

“Bomba tras bomba, fuego tras fuego, edificio tras edificio, vecindario tras vecindario, hasta que no quedan edificios, no quedan vecindarios y no queda ciudad, hasta que ya no hay Tokyo...” Tokyo, año cero. David Peace.

Durante la segunda guerra mundial, Tokyo sufrió el bombardeo convencional más destructivo de la historia. Tal y como relata Antony Beevor, en su magna obra La segunda guerra Mundial: (la noche del 9 al 10 de marzo)

"Trescientas treinta y cuatro Superfortalezas arrasaron con bombas la ciudad de Tokio sin miramientos, esto es, tanto las zonas residenciales como las industriales de la capital. Más de doscientos cincuenta mil edificios fueron pasto de las llamas debido a los fuertes vientos. Las casas de madera y papel se quemaron en segundos. En total murieron unas ochenta y tres mil personas, y otras cuarenta y una mil sufrieron heridas de consideración, un precio mucho más elevado que el que pagaría Japón cinco meses después, cuando fue lanzada la segunda bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki.”

Cuenta la leyenda, que los pilotos americanos al aproximarse a Tokyo sobrevolaban una zona aparentemente ya devastada y en la que no les valía la pena dejar caer sus bombas. Se trataba de Kawagoe donde la negrura de las casas kura que conformaban la mayoría de edificaciones de la población engañó a los pilotos y salvó a la ciudad.

Y precisamente hoy nos dirigmos a Kawagoe, en lo que es nuestra primera salida a una población del área metropolitana o Gran Tokyo, y a donde llegamos después de poco más de una hora  de viaje. Dejamos la Yamanote en Takadanobaba y tomamos la Seibu-Shinjuku hasta la estación de Hon-Kawagoe. Nada más salir de la estación nos dirigimos hacia Kurazukuri, la calle que alberga la mayoría de edificios de estilo kura.

Precisamente por reunir un número significativo de edificios de estilo kura y recrear así en sus calles la atmósfera del período Edo, a Kawagoe se la conoce como Koedo (la pequeña Edo). Fue precisamente durante ese periodo, cuando la ciudad prosperó comercialmente, que se alzaron las casas kura.

Al estar edificadas con paredes de yeso negro (shikkui) y tejas, y no de madera como es habitual en Japón, las casas kura no sólo sobrevivieron a los bombarderos de la segunda guerra mundial, sino que previamente ya lo hicieron a numerosos incendios.

Los comercios que la mayoría de ellas albergan tienen un encanto especial y es un lugar muy apropiado para comprar recuerdos. A pocos metros de Kurazukuri, en una calle transversal, se alza lo que es, junto con las casas kura, el símbolo de Kawagoe, la Toki No Kane (campana del reloj), una torre de madera de 16 metros de altura con una campana en su interior y que suena cuatro veces al día, a las 6, a las 12, a las 15  y a las 18 horas. Es una rareza, no es muy habitual la presencia de torres con campanas en los pueblos y ciudades japoneses.

La  construcción de la torre se atribuye a Sakai Tadakatsu hará unos 400 años. Destruida por incendios en diversas ocasiones siempre ha sido reconstruida. La actual es la cuarta generación y fue alzada en 1893 después del gran incendio de Kawagoe.

No podemos dejar Kawagoe sin visitar Kashiya Yokocho (la calle de las tiendas de dulces). Una calle que aloja numerosas tiendas que venden y fabrican dulces tradicionales. Cada tienda tiene un método único de elaboración por lo que todos tienen sabor y apariencia distinta. Muchas de las tiendas radican en Kashiya Yokocho desde principios del período Meiji.

Con las correspondientes provisiones de caramelos, regresamos a Tokyo. Ahora toca solucionar la visita a Hakone de mañana. Nos acercamos a la estación Shinjuku, en la zona de la salida oeste, en el primer piso se encuentra el Centro deServicios Turismo Odakyu dónde efectuamos la reserva del Odakyu Limited Express"Romancecar" que nos llevará al día siguiente hasta Hakone y compramos también el Hakone Freepass que nos permitirá movernos cómodamente por toda la zona.

Con todo en el bolsillo regresamos al hotel, mañana hay que levantarse temprano.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Hakone, viaje al valle del Infierno

"Por aquel entonces, ir a Hakone para hacer una cura de aguas era algo extraordinario, un acontecimiento único en la vida. Incluso si se disponía de dinero, resultaba un viaje muy dificultoso. Habitualmente, se salía desde Shinagawa por la mañana y se pasaba la primera noche en Hodogaya o Totsuka. Al día siguiente, se continuaba y se hacía noche en Odawara, pero podía suponer tres días el llegar allí si se viajaba con personas que caminaran despacio, como mujeres o ancianos." Hanshichi. Okamoto Kidô

Estamos de nuevo en la estación de Shinjuku desde dónde a las 7:28 minutos sale el “Romancecar” que en poco más de una hora y veinte nos dejará en la estación de HakoneYumoto.

Lo habitual es realizar una ruta circular que permite ver las más importantes atracciones de la zona. Iniciamos nuestro recorrido y para ello nada más llegar a la estación de HakoneYumoto tomamos el autobús que nos deja en MotoHakone, empezamos así a amortizar el Hakone Freepass.

Al bajar del autobús, y bordeando el lago, nos dirigimos a la Calzada de los Cedros, un paseo flanqueado de cedros centenarios y que formaba parte de la antigua ruta Tokaido que unía Kyoto y Edo.

Hacemos un alto en el camino para acercarnos a un viejo palacete de estilo occidental que se ha convertido en un maravilloso mirador del lago Ashi. En días claros, desde aquí también se puede ver una magnífica panorámica del monte Fuji. Hoy no hemos tenido esa suerte, pero sí pudimos divisarlo a lo lejos mientras se ocultaba el sol en Yokohama.

Después del mirador, regresamos a la calzada de los Cedros y llegamos al Punto de Control de Hakone, una fiel reproducción de lo que era esta aduana en el tiempo del shogunato de Tokugawa que instauró un fuerte control en el movimiento de personas y mercancías.

Dejando atrás el Punto de Control, llegamos a HakoneMachi donde nos acercamos al puerto para tomar el barco que nos llevará, a través del lago Ashi hasta el puerto de Togendai. El viaje se realiza en unos barcos que son reproducciones de época. El trayecto, incluido en el Hakone Freepass, dura unos 30 minutos.

Después de comer algo ligero en un tranquilo restaurante en el borde del lago, subimos al Hakone Ropeway, el teleférico que nos llevas hasta Owakudani.

A Owakaduni se le conoce como “El valle del infierno”. Nada más llegar a la cima de la montaña, aparece el cráter de Owakuzawa. Hace unos 3000 años, y a causa de la actividad volcánica de su interior, la montaña estalló dejando este enorme agujero. Toda la montaña es un extraño paisaje de brumas y nebulosas a causa de los gases que deja ir, gases con un penetrante olor a azufre que justifica plenamente su sobrenombre.

La tradición exige comer alguno de los famosos huevos negros de Owakaduni. Famosos porque están cocidos en los charcos de agua sulfurosa de la montaña, y negros porque es el color que se le queda a la cáscara después de su contacto con el agua sulfurosa. La tradición dice que por cada huevo que comas vivirás siete años más, pero tampoco es cuestión de darse un atracón.

Después de recorrer y asombrarnos con la montaña humeante, tomamos de nuevo el teleférico pero está vez en dirección a Sounzan. Continuamos nuestro recorrido en el tranvía que nos lleva a la estación de Gora y aquí tomamos el Hakjonetouzan que nos cierra el círculo llevándonos, en poco más de 40 minutos, a Hakone Yumoto desde donde tomamos el Odayaku Limited que nos lleva de nuevo hasta Tokyo. Todos los trayectos están incluidos en el Hakone Free Pass.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Shibamata, o que duro es ser hombre

"No se puede ser aficionado al cine japonés si no se conoce la figura de Tora-san. A cualquier japonés que roce los 40 años y se le pregunte por este caballeroso personaje sabrá responderte con una mirada nostálgica. Pero… ¿quién es Tora-san? ¿Qué lo hace tan especial?." Eduard Terrades Vicens (artículo publicado en el Vol.22 de la revista CineAsia)

Shibamata es un barrio muy tranquilo situado al norte de Ueno. Dicen que aquí todavía se puede sentir la atmósfera más tradicional de Shitamachi, el Tokio de los barrios al este del río Sumida. Y ciertamente se respira un ambiente muy distinto a la locura de Shibuya o Harajuko. Es un barrio de calles estrechas, adoquines y casas bajas de corte tradicional. Es una visita diferente.

A menos que seas un friky del cine japonés no es muy normal que te dejes caer por Shibamata, pero aunque no lo seas es una visita recomendable.

Nada más salir del metro, te encuentras de golpe con la estatua de Tora San. Y, ¿quien es Tora San? Retomando la cita de Eduard Terrades Vicens, “Tora-San es el apelativo de Torajiro Kuruma, un solitario personaje surgido del viejo Yamada, que se dedicaba a la venta ambulante con su fiel maletín y su desgastado sombrero."

Tora-San es un personaje mítico del cine japonés. Creado por Yoji Yamada, le dio vida, a lo largo de 48 películas, entre 1969 y 1995 el actor Kiyoshi Atsumi. La serie tenía como lema "Otoko wa tsurai yo" ("Qué duro es ser hombre") y como el personaje tenía su residencia en Shibamata, hoy todo el barrio le rinde tributo.

Un agradable paseo por la calle comercial que hay a la salida del metro franqueada de paraditas que venden todo tipo de recuerdos de Tora-San, nos lleva hasta el templo de Taishakuten, un apacible y tranquilo rincón que bien merece una visita. Cerca del templo también se encuentra el Museo dedicado a Tora-San, esta sí, una visita para los muy frikis.

Después de una agradable mañana en el barrio de Shibamata, regresamos al bullicio de Tokio, para las últimas compras y despedirnos ya de nuestro viaje. Mañana temprano regresamos de nuevo a casa.