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Tokyo, a la búsqueda de nuevos rincones
Emprendemos la que será la última etapa de nuestro viaje. El camino hasta Tokyo es largo, a las 9:37 tomamos el Limited Express que, tras dos horas y veinticinco minutos, nos deja en Nagoya donde cambiamos de tren, subiendo a un Shinkasen Hikari que nos dejará en nuestro destino a las 14:10. Afortunadamente, los trenes son cómodos y el viaje no se hace pesado.
Una vez en Tokyo nos dirigimos a nuestro hotel, el entonces llamado Villa Fontaine ToKyo Mita que ahora ha cambiado su nombre por Villa Fontaine Tamachi. Como no podía ser de otra manera, nuestras maletas se encuentran en la habitación, sin ningún contratiempo, enviadas por el Villa Fontaine de Osaka.
Nos gusta este hotel, es la segunda vez que nos alojamos en él y lo hacemos por la misma razón que en la primera ocasión, por su localización. No hay un centro de Tokyo a la manera que lo conocemos en nuestras ciudades, lo importante de un alojamiento es que esté cercano al metro, a ser posible de la línea Yamanote, la que más vamos a utilizar. El hotel está apenas a 200 metros de la estación de Tamachi, donde no solo hay la línea Yamanote, sino también la línea de Mita y la de Asakusa. Tres líneas de metro en una estación, a cinco minutos del hotel, es un auténtico lujo.
Tras asearnos y descansar un poco, iniciamos nuestra visita a un Tokyo que no conocemos, el que no ocupa el plan de viaje habitualmente. Lo empezamos por Shimokitazawa. Con la Yamanote vamos hasta la estación de Shibuya y allí tomamos la Keio Inokashira Line que nos deja en la estación de Shimokitazawa. Apenas a 25 minutos desde nuestro hotel.
Shimokitazawa es un barrio un tanto especial, es lo más parecido en Tokyo a un barrio de modernos a la manera que lo entendemos en Europa: tiendas de moda con ropa de diseño y también de segunda mano, bares y restaurantes de comida exótica, cantautores, tiendas de discos y, sobre todo, Avantguarde, la gran tienda-paraíso de cualquier friki que se precie. Puedes perderte durante horas revolviendo en los miles de objetos y gadgets de sus diferentes secciones.
La vía del tren divide al barrio en dos y por sus calles estrechas no pueden circular los coches, lo que permite disfrutar del paseo a pie. Tal y como dice la página de información turística Yes-Tokyo, “Lo mejor de Shimokita es descubrirlo tu mismo.”
Después de cenar un magnífico y abundante ramen en uno de los muchos -y buenos- restaurantes de la zona, y pasear de nuevo por las calles de Shimokitazawa ya envueltas por la noche, regresamos al hotel para disfrutar de un necesario descanso.
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