sábado, 17 de noviembre de 2012

Kanazawa, la puerta de los Alpes

"La vio en una posada junto al río en Kanazawa. Había sido una noche de nevisca. La pulcritud le impresionó tanto que contuvo el aliento y sintió el escozor de las lágrimas." La casa de las bellas durmientes. Yasunari Kawabata.

Hoy nos levantamos pronto pues tenemos por delante un largo trayecto de cerca de 600 km que nos ha de conducir desde Miyajima hasta Kanazawa. Afortunadamente y como facturamos las maletas, vamos ligeros de equipaje.

El trayecto en si parece un compendio de los ferrocarriles japoneses. A las 6:40 de la mañana tomamos el ferry que nos deja en Miyajimaguchi. Desde allí el Sanyo Line hasta la estación de Hiroshima, donde a las 8:15 tomamos el Shinkasen Hikari que a las 9:44 nos deja en la estación de Shinosaka. A las 10:13 tomamos un nuevo Shinkasen que nos deja en Maibara desde donde, a las 10:59 tomamos un Ltd. Express que nos deja, finalmente, a las 12:51, en la estación de Kanazawa.

Por fin estamos en nuestro destino. Disponemos de poco tiempo y muchas cosas para hacer. Como ya hemos comido en el tren un Bentō que compramos en la estación de Maibara, no tenemos que preocuparnos por el avituallamiento y tras disfrutar de la arquitectura de la estación -una auténtica preciosidad- nos dirigimos a la oficina de turismo para proveernos del plano de la ciudad y salimos a hacer la reserva del autobus a Shirikawago.

Es muy importante hacer la reserva inmediatamente, solamente hay tres autobuses que diariamente operen entre Kanazawa y Shirikawago, a las 8:45, a las 12:35 y a las 16:00. Si se quiere visitar Shirikawago el último está descartado pues, en días laborables, solamente para cinco minutos en Shirikawago  y a continuación sale ya hacia Takayama, siendo el último viaje del día.

Nada más salir de la estación, a la izquierda, se encuentra la oficina de la compañía Hokutetsu que es una de las que opera el servicio, en pocos minutos hacemos la reserva para el día siguiente tomar el autobus de las 8:45 a Shirikawago. Una vez allá ya compraremos el billete hasta Takayama.

Para aprovechar el tiempo hemos cogido un hotel cercano a la estación y allá nos dirigimos para dejar las mochilas. Se trata del Garden Hotel Kanazawa, un alojamiento práctico, sencillo y con un personal extremadamente amable.

Hemos decidido concretar la visita a Kanazawa en tres lugares: los jardines de Kenrokuen, Nagamashi (el barrio de los samurais) y Higashi (el barrio de las geishas).

Kenrokuen está a 5 minutos a pie de la parada de autobús Kenrokuen-shita. Se trata de uno de los tres grandes jardines de Japón (Nihon Sanmeien).  Los otros dos son Koraku-en, en Okayama, y Kairaku-en, en Mito.

Kenrokuen significa literalmente “Jardín de las seis cosas sublimes” en referencia a la tradición china que define  al jardín perfecto como aquel que combina: espacio, tranquilidad, artificio, antigüedad, abundante agua y magníficas vistas. El Kenrokuen las tiene todas

Con cerca de 11 hectáreas de extensión, fue creado en 1676 como jardín exterior del vecino castillo de Kanazawa y no se abrió totalmente al público hasta 1874. El jardín es ciertamente impresionante y recorrerlo una experiencia muy agradable. Sobrecoge la paradoja de una naturaleza construida hasta el milímetro.

A las puertas de los Alpes, el calor no es tan agobiante como en los lugares más próximos a la costa, pero aún así el sol castiga inclemente, por eso llama tanto la atención la presencia de numerosas cuadrillas de mujeres jardineras que vestidas sin dejar un milímetro de piel a la exposición del sol, con mascarillas y tocadas por el tradicional gorro campesino, se ufanan por mantener impecable el jardín.

Acabamos nuestro paseo por el Kenrokuen y, por cuestión de tiempo, descartamos la visita al vecino castillo para dirigirnos a Nagamashi, el barrio de los samurais. El tiempo parece haberse detenido en sus calles. De golpe, te sientes trasladado al periodo  Edo y por un momento esperas que por cualquier esquina aparezca algún personaje salido del Musashi de Eiji Yoshikawa, el libro que me acompaña en este viaje.

Pero no, por sus calles empedradas, por sus amuralladas casas, nada más corretea algún niño y, eso sí, decenas de turistas, incluidos nosotros, que, muy a nuestro pesar, no podemos evitar romper la magia del lugar.

Entramos en la residencia Nomura, la más famosa de las mansiones restauradas que se pueden visitar. Todo en ella recrea el ambiente de una casa de samurais: el mobiliario, las armas... aunque en ella tal vez los más hermoso sea el pequeño jardín interior. El característico e inconfundible olor de las casas japonesas, mezcla de te verde y bambú, también nos acompaña en nuestra visita.

Llevamos muchas horas en danza y necesitamos descansar, así que dejamos para otra ocasión la visita a Higashi, el barrio de las geishas, y tras cenar en una agradable taberna japonesa nos retiramos a descansar al hotel. Mañana nos esperan Shirikawago y Takayama.

Kenrokuen
Kenrokuen
Nagamashi
Nagamashi

0 comentarios :

Publicar un comentario